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EL ACOSO SEXUAL EN LA VIDA COTIDIANA

Cuando Matilde salía a comer durante su hora de descanso, indefectiblemente se veía acorralada por el sub-jefe, quien, al comienzo y como al descuido, le tocaba el pelo y la cara, para más tarde seguir con sus nalgas y pechos.

 

Si se llegaba a quejar, haría que la echaran alegando que cometía errores, incompetencia o cualquier otro pretexto. Finalmente Matilde no soportó más y presentó una queja ante la gerencia. No prosperó por "falta de prueba", de manera tal que tuvo que dejar el trabajo porque el Sr. Hernández le hacía la vida imposible.

Celina cursaba el cuarto año del Bachillerato, cuando el profesor de matemáticas se empezó a insinuar. Un día la citó en una confitería para "charlar acerca de sus bajas notas en la materia". Él comenzó a decirle lo hermosa que era y que él la podía ayudar dándole clases particulares en su casa (la de él) agregando más tarde que si ella era "buenita" con él, levantaría sus notas de inmediato.

Soledad tenía diecinueve años y vivía con su tía; ésta a su vez, tenía un novio, Miguel Ángel. Cada vez que M. Ángel visitaba a su tía, aprovechaba cualquier descuido de ésta para "sorprender" a Soledad. Se le acercaba sigilosamente, la arrinconaba pidiéndole que lo besara y que lo acariciara. Cada vez que M. Ángel llegaba, Soledad se "quería morir"; una mezcla de asco y vergüenza la invadía y la dejaba exhausta y revuelta por el resto del día. Y no se lo podía contar a nadie porque él la tenía amenazada. En una oportunidad, estando Soledad de vacaciones, le escribió a su tía tratando de advertirle qué clase de persona era su novio. Resultado: no le creyó: Soledad tuvo que irse a vivir con una amiga.

Una forma de violencia
El acoso sexual comporta una serie de insinuaciones sexuales, verbales, físicas o de otro tipo, repetidas y no deseadas que ofenden a la persona involucrada y le provocan una sensación de sentirse amenazada, humillada, denigrada, desvalorizada y, por qué no, hasta aterrorizada.

Es, sin embargo, un nuevo nombre para un problema que, ciertamente, no es nuevo. Conlleva una demostración y manifestación de poder con el cual se intimida, coacciona y amenaza a otra persona, que comienza a sentirse a merced del acosador, que no tiene escapatoria, que siente vergüenza por lo que le está ocurriendo y que no sabe a quién confiarle su secreto. O simplemente sabe que no vale la pena provocar tamaño alboroto y que se las acuse de "odiar a los hombres", "ser castradora", "buscona" o,en el mejor de los casos, "ingrata".

Esto lleva a que las víctimas del acoso sexual sufran de: tensión nerviosa, stress, irritabilidad, ansiedad, baja en la autoestima, etc., las cuales, a menudo pueden dar lugar a una depresión, insomnio y otros problemas como fuertes jaquecas y migrañas, trastornos cutáneos, problemas digestivos, etc. El acoso sexual provoca, como vemos, múltiples y variadas secuelas, tanto a nivel psicológico como fisiológico.

¿Quién es quién?
El acosador es un perverso en términos psicológicos; esto es, personas que sienten un placer enorme y vital al ver sufrir y dudar a los demás, del mismo modo que gozan al someterlos y humillarlos Es, en definitiva, un desviado sexual.

¿Qué hacer (o cómo defenderse)?
Si bien tal vez no sea la manera ideal como nos gustaría comportarnos, un medio eficaz para recuperar algún control sobre la situación y también, por qué no, de tomarnos alguna revancha, consiste en "devolverle un poco de su medicina", ¡desarmarlo con sus mismos argumentos!.

Porque lo propio de un ataque perverso es apuntar a las partes vulnerables del otro, sus puntos débiles o patologías. Estos puntos débiles, para el perverso, pueden llegar a convertirse en puntos de enganche. Sin embargo, el agresor evita a las personas que pueden ponerlo en peligro. Por lo tanto, sería importante "revisar" la conducta de la víctima que por lo general es una persona escrupulosa y con tendencia a culpabilizarse, que no tienen confianza en sí mismas

Por supuesto estos son conceptos generales y en psicología no se puede generalizar; por otra parte, el acoso sexual no es un fenómeno objetivo, ya que está basado en una percepción individual del comportamiento del otro, lo cual está sujeto a muchas variables contextuales.

 
 
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