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¿SABEN LOS HOMBRES COMPLACER A LAS MUJERES?

En un alto porcentaje situaciones como la disfunción sexual femenina y la pérdida de la libido hacen que la respuesta sexual de la mujer no sea la más adecuada, poniendo de esta forma en serio peligro una relación de pareja. La respuesta sexual femenina es la capacidad que tiene la mujer de vivir, disfrutar, gozar y expresar plenamente y con satisfacción una relación sexual. Sin embargo, no ha sido más que a partir de las últimas décadas cuando la mujer ha reclamado y ganado a nivel mundial un gran espacio en cuanto a poder expresar su sexualidad. La mujer hace tiempo dejó de ser instrumento de satisfacción sexual para el hombre y hoy quiere disfrutar del sexo tanto o más que el hombre.

 

Las consecuencias psicológicas que deja un problema de insatisfacción sexual no deben en ningún momento despreciarse. La incapacidad de realización, la disminución de la autoestima, la búsqueda de sustitutos y en general, el deterioro de las relaciones de pareja son algunas de ellas. Cuando el sexo no llega a cumplir con su función de satisfacer a la pareja se crea un círculo vicioso, acrecentándose el miedo y la aparición de bloqueos psicológicos que tornan más difícil aún la satisfacción tanto sexual como emocional. Se siente un fuerte complejo de inferioridad, lo que complica las relaciones interpersonales y afecta notablemente el estado de ánimo.

Cuando el sexo en la pareja no es suficiente, tanto el hombre como la mujer tienden a buscar actividades sustitutas que en casos llegan a causar un fuerte sentimiento de culpa, entre las actividades más comunes está la masturbación, la obtención del placer sexual a través de desviaciones sexuales o simplemente la búsqueda de sexo fuera de la pareja. Y es que no hay que olvidar que en todas las parejas el sexo ocupa un lugar muy importante y si éste es realizado sin un diálogo abierto y sincero, se puede crear un conflicto que se extiende a los demás campos de la vida en común y termina destruyendo la unión.

Sin embargo, en el caso de la satisfacción sexual de las mujeres la situación se complica cuando se tienen en cuenta los factores educacionales. Éstos han pesado durante décadas, dejando tras de si un rastro de silencio. No ha sido hasta la aparición del movimiento feminista cuando las mujeres han comenzado a expresar con total libertad y abiertamente sus necesidades sexuales, a pedir aquello que les gusta, destruyendo algunos mitos como el que afirmaba que el tamaño del pene tiene una relación directa con el placer que es capaz de provocar. Aún así, todavía hay grandes diferencias entre hombres y mujeres a la hora de determinar aquello que produce mayor satisfacción sexual. Por ejemplo, en torno a la que se denomina juego sexual, es decir al momento de acercamiento íntimo previo al coito en el que varones y mujeres llevan a cabo diferentes conductas sexuales.

Algunas parejas suelen acortar su duración a escasos minutos, pasando con rapidez a lo supuestamente importante: la penetración y el orgasmo. Pero si preguntamos a la mujer de esa pareja imaginaria acerca de su satisfacción sexual, probablemente responda que es baja o nula, o que no pudo alcanzar el orgasmo, o que sintió dolor al ser penetrada, mientras que si le preguntamos al varón de esa pareja, es probable que centre su satisfacción en que pudo llegar a su orgasmo.

La importancia de los prolegómenos
Lo ideal es que las parejas se dispongan a encontrarse sexualmente, que se den tiempo para intercambiar besos, caricias, mimos, masajes... De esta manera, la excitación sexual va aumentando paulatinamente hasta que llega la necesidad de alcanzar el clímax. Probablemente, si les hacemos la misma pregunta, estos varones y mujeres puedan contestarnos que todo el encuentro fue satisfactorio, y que el orgasmo fue la culminación.

Y es que el juego sexual es indispensable para que las personas puedan expresar libremente sus deseos y conductas sexuales. Para las mujeres, en concreto, es fundamental ya que -fisiológicamente- la excitación femenina es más lenta que la masculina. Si la mujer no alcanza altos niveles de excitación, tendrá dificultades para alcanzar su orgasmo. En cambio, la excitación fisiológica de los varones es rápida, pero su mayor calidad e intensidad se logra sosteniendo temporalmente las sensaciones de placer. El orgasmo así alcanzado tiene una vivencia de mayor satisfacción.

El juego sexual, como juego adulto, tiene sus raíces en los intercambios amorosos de la adolescencia. Los adolescentes aprenden así a conocer su propio cuerpo y sus sensaciones. Y afortunadamente, ya no es tan habitual que los adolescentes varones valoren sólo el placer genital así como sus propias necesidades sin tener en cuenta las necesidades de su compañera como ocurría antaño.

Y es que en los últimos tiempos la mujer ha reclamado y ganado a nivel mundial un gran espacio en cuanto a su sexualidad. Las mujeres hace tiempo dejaron de ser instrumento de satisfacción sexual para el hombre. Hoy el sexo femenino quiere disfrutar su sexualidad tanto o más que el hombre.

 

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