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LO ÚLTIMO SOBRE EL PUNTO G

Si seguimos las últimas investigaciones sexológicas el punto G es una zona muy sensible que se halla en el interior de la vagina y que se corresponde con las raíces del clítoris que rodeando la uretra se introducen profundamente en la musculatura peri vaginal. No todas las mujeres tienen estas raíces situadas del mismo modo y en el mismo sitio. Algunas notan dos lugares sensibles

 

Si consideramos el orificio vaginal la esfera de un reloj y en dirección al ombligo las 12, estos punto se sitúan a la una o a las once, pero sólo se perciben cuando el clítoris esté erecto, es decir, cuando la excitación femenina ha alcanzado el nivel que se conoce de plataforma y la zona de la vulva esta cargada de sangre y la lubricación vaginal es muy abundante. Por esto en algunas mujeres, esta sensación de excitación va acompañada de unos fuertes deseos de orinar ya que las raíces del clítoris rodean la uretra y pueden estar cerca de la vejiga de la orina. Por ello, la sensación de ganas de orinar desaparece por completo cuando se produce el orgasmo.

Por delante…o por detrás
Gräffenberg, investigador alemán que descubrió esta zona y le da nombre, señaló también que la postura más extendida entre los humanos para realizar la penetración, la del misionero, era la menos indicada para que esta zona fuera estimula por el pene. Explicó que con esta postura, la acometida del pene se concentra en el fondo de la vagina y el resto no es estimulado. Él creía que la postura ideal para este tipo de estimulación era la penetración por detrás como lo hacen todos los cuadrúpedos, ya que el ser humano fue diseñado como cuadrúpedo aunque posteriormente empezó a caminar sobre sus pies. Muchos estudiosos siguieron considerando que la postura cara a cara era exclusivamente humana y por lo tanto “antinatural” pero las últimas investigaciones con primates llamados bonobos nos han desvelado que ellos también usan la penetración cara a cara y que las hembras también tienen el clítoris fuera de la vagina.

Placer orgásmico
Es el caminar erguido el que ha determinado tanto la posición del clítoris como el modelo de conducta sexual de los seres humanos. Durante la década de los ochenta apareció el libro de Ladas, Whipple y Perry “El punto G” que provocó una gran revolución ya que estos autores preconizaban que este punto es el que provoca el placer femenino durante la penetración y en que favorece que algunas mujeres consigan un orgasmo con esta técnica por oposición a los movimientos progresistas de mujeres que decían que la única forma que tenia una mujer para conseguir el orgasmo era mediante la estimulación de clítoris ya que la vagina no presenta ninguna clase de terminaciones nerviosas.
La batalla fue encarnizada y los ecos y la polvareda que se levantó ha llegado hasta nuestros días.
Se resolvió en los años noventa cuando un colectivo de mujeres de Los Ángeles presentaron una muy bien documentada comunicación desvelando los secretos del clítoris y explicando que si bien lagunas mujeres podían percibir algún tipo de placer cuando era estimulada determinada zona del vestíbulo de la vagina (el primer tercio, que es esencialmente muscular) podían llegar a tener un orgasmo, pero con ciertas dificultades para conseguir encontrar y estimular la zona, cuando era infinitamente más fácil hacerlo desde la vulva. También descubrieron que es imposible que esta zona sea estimulada durante la penetración con el roce del pene, por lo tanto da lo mismo la postura que se adopte.


Una cuestión gimnástica
Las mujeres de California en sus investigaciones consiguieron que toda la comunidad científica reconociera que la sexualidad femenina dejara de ser un secreto. Hasta ese momento la sexología clínica discurría por los caminos del perfecto ajuste durante la penetración y a través del orgasmo simultáneo, pero ellas enseñaron a las mujeres y a los hombres la función del clítoris en el orgasmo femenino y la necesidad de mantener en forma la musculatura de la zona. Aprendimos de ellas lo que es y para qué vale el músculo pubococcígeo.
Es este en realidad un conjunto de músculos. Lo puedes identificar como uno sólo porque todos ellos actúan al unísono. La uretra, la vagina y el ano lo atraviesan y si contraes el ano o el orificio uretral para retener las heces o la orina estás contrayendo igualmente el orificio vaginal. Por eso si quieres saber donde tienes este músculo no tienes más que aguantarte las ganas de orinar y después contraer y relajar varias veces mientras orinas, así sabrás lo fuerte y tonificado que tienes el músculo. También puedes, siguiendo a Whipple y Ladas, localizarlo y valorar su tonicidad con los siguientes ejercicios.


Tendida de espaldas mírate la vulva con la ayuda de un espejo de mano. Luego busca la zona uretral y la anal presionando suavemente con los dedos. Si tu control y tu fuerza vaginal son adecuados deberás ver como el perineo (que es esa almohadilla que separa el ano de la vagina) se mueve hacia adentro y luego hacia a fuera. Si no puedes lograrlo es que no has aprendido a mover este músculo aisladamente.
Si ya lo tienes localizado realiza diez tandas de diez ejercicios de contracción relajación una o dos veces al día, si durante este ejercicio piensas en alguna de tus fantasías favoritas mejor.
Realiza también varias contracciones cada vez que vayas a orinar.
Cuando tengas relaciones sexuales aprieta el pene de tu pareja y pregúntale si nota el apretón.
La poca tonicidad el músculo pubococcígeo disminuye la sensibilidad durante la penetración y el exceso de contractura por el contrario impide la penetración o la hace muy dolorosa.

 

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