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LOS AFRODISÍACOS AUMENTAN EL APETITO SEXUAL?

Afrodisíacos, ¿son la solución para los problemas de pareja o sólo un mito?

 

Un afrodisiaco es cualquier sustancia que en teoría aumenta el apetito sexual. Algunos de estos afrodisíacos suelen funcionar estimulando los sentidos (vista, tacto, olfato y oído) y otros se toman en forma de comida, bebidas alcohólicas, "filtros amorosos", drogas o preparados medicinales. Los hay que tienen su fundamento científico, pero la mayoría actúa gracias a la imaginación.

La primera vez que aparecen mencionados los afrodisíacos en un escrito es en unos papiros egipcios que datan de los años 2.200 a 1.700 a de C. Pero no son algo exclusivo de esta cultura, también se hicieron eco de ellos los romanos, árabes, y griegos, que usaron todo tipo de sustancias como medio para conseguir una plena relación sexual.

La fuente de inspiración que dio nombre a estas sustancias fue Afrodita, la diosa griega del amor, de la que se dice que sabía preparar filtros de amor y pócimas que hacían que sus amantes alcanzasen un estado increíble de delirio.

Los primeros afrodisíacos se asociaron a aquellos alimentos y plantas que tienen las formas de los aparatos genitales tanto masculino como femenino. Ése es el caso de, por ejemplo, el nabo, la mandrágora, los espárragos, las ostras, o las almejas.

En la Edad Media, las comidas que eran fuertemente condimentadas pronto adquirieron el calificativo de afrodisíacas debido precisamente a que provocaban en aquel que lo consumía un aumento del ritmo cardíaco y la sudoración, reacciones que están relacionadas con la realización del acto sexual.

Lo cierto es que se ha comprobado que determinadas sustancias actúan sobre el centro nervioso de nuestro cuerpo encargado de disponer la función sexual (el hipotálamo) que, a su vez, es el mismo que regula el hambre y la sed. Esta teoría fue la que despertó la curiosidad de los hombres, que no han cesado en la búsqueda de nuevos y "prodigiosos" estimulantes.

Cocina afrodisíaca

Los alimentos han sido uno de los primeros y más importantes afrodisíacos, cuya "eficacia" ha pasado de generación en generación, aunque ésta no haya sido científicamente comprobada. En la mayoría de los casos, los supuestos efectos potenciadores que provocan son más bien fruto de la imaginación.

Dentro de la cocina afrodisíaca encontramos multitud de alimentos que son considerados estimulantes del apetito sexual, algunos de ellos tan conocidos como las fresas o el champán; aunque generalmente los afrodisíacos están asociados a los alimentos marinos: ostras, langosta, aleta de tiburón, caviar, anguila, gambas, o cualquier otro marisco.

Según los expertos, los alimentos que poseen propiedades afrodisíacas no tienen efectos a largo plazo, algo que, de cualquier forma, no ha impedido su "fama" de estimulantes. Entre ellos encontramos algunos tan comunes como las almejas, el apio, las ostras, el melocotón, las avellanas, el ajo, las gambas, o la tan consabida cebolla.

La jalea real se utiliza desde hace cientos de años en Oriente como vigorizante. En cuanto al chocolate, un gran "remedio" sexual para los indígenas aztecas, varias investigaciones han confirmado que posee un aminoácido que estimula al cerebro a producir feniletilamina, un químico que se libera al hacer el amor.

Algunas especias producen una excitación muy rápida porque actúan como vasodilatadores (estimulan la circulación). Es el caso de la canela, nuez moscada, vainilla, pimienta, y un largo etcétera.

También hay frutas que son incluidas dentro de los alimentos afrodisíacos. Los africanos consideran a la banana como una ayuda para que la mujer fertilice mejor; mientras que en el caso de las fresas, se sabe que estimulan de manera directa las glándulas endocrinas y el sistema nervioso. El tomate, por su parte, que recibió en la antigüedad el sobrenombre de "manzana del amor", lleva matadina, sustancia sintetizadora de las hormonas sexuales.

En cuanto a los frutos secos, las nueces son usadas en África en casos de esterilidad masculina. En Siria se considera al pistacho como "favorecedor del deseo", y también son conocidas las propiedades afrodisíacas de las avellanas y las castañas.

Una de las plantas que más se ha utilizado, sobre todo en Oriente, como estimulante de la libido ha sido el ginseng. Hace más de 5.000 años que los chinos utilizan la raíz del ginseng para despertar el apetito sexual. A él hay que añadir el mirto y el romero, además de la zanahoria, y los espárragos.

En cuanto al alcohol, es de sobra conocida su "capacidad invitadora al sexo". Una copa de champán, por ejemplo, es capaz de disminuir inhibiciones y ponernos en estado erótico, pero también hay que tener en cuenta, y que está probado, es que demasiado alcohol aleja la posibilidad de erección y orgasmo.

Flores, ungüentos, perfumes...

Los perfumes, aromas y esencias suelen ser también poderosos estimulantes sexuales. Y es que nuestro sentido del olfato está muy ligado, anatómicamente, con partes del cerebro vinculadas a la emoción. Es por ello que una fragancia puede despertar recuerdos, sentimientos y energía, aún sin que seamos conscientes de ello.

Estas "pociones olorosas" se disfrazan de jazmines, azahares, rosas, nardos y maderas de sándalo con el único propósito de enamorar y estimular a todo aquel que cree ser cautivado por el aroma natural de la pareja en cuestión.

Pero si de ungüentos hablamos, los más utilizados son los sachets aromatizados de rosas y violetas, los aceites de sándalo y las gardenias, que colaboran en sumir a las personas en un letargo de relajación.

En cualquier caso el aroma más afrodisíaco parece que es siempre el del propio cuerpo humano. Es la química corporal, es decir, las feromonas humanas del sexo, que son sustancias químicas naturales que el cuerpo exhala, y aunque aparentemente no tienen olor, provocan reacciones en el otro a través del olfato. La doctora norteamericana Winnigred Cutler fue su descubridora y probó que influenciaban en las relaciones sexuales entre hombre y mujer y potencian el deseo sexual. Ahora se venden concentraciones de estas feromonas humanas sintetizadas en laboratorio en pequeñas botellas.

Estos aromas sexuales pueden transformarse en poderosos afrodisíacos que predisponen a la práctica del sexo, con la ventaja, además, de que no tienen ningún tipo de contraindicación.

Fármacos al servicio de las relaciones sexuales

La ciencia se ha interesado también por este tipo de sustancias estimulantes, cuyo estudio ha dado mucho que hablar. Científicamente, un afrodisíaco debería ser un medicamento que provocase aumento del deseo y desempeño sexual, que fuera seguro y sin efectos colaterales. Es por ello que muchos investigadores han coincidido en afirmar que los efectos de los afrodisíacos son más a nivel mental que físico.

Fue a raíz del estudio de las sustancias afrodisíacas que la medicina moderna se introdujo en el desarrollo de fármacos que ayuden a una plena satisfacción sexual. Éste es el caso de Viagra, considerado el primer medicamento oral que tiene una clara eficacia en el tratamiento de la disfunción eréctil. Se estima que su eficacia alcanza un 75-80% en los pacientes que sufren impotencia por causas orgánicas y de hasta un 90% en aquellos cuyo origen es psicológico.

Aunque no funciona en el 100% de los casos, siempre mejora la erección, y el caso es que en poco más de un año que lleva en el mercado español se han vendido más de un millón y medio de estas "famosas" pastillas azules. En todo el mundo la cifra asciende a cien millones. Eso sí, siempre con receta médica, ya que no está indicado para todo tipo de pacientes.

En cualquier caso, el Viagra no es un afrodisíaco, ya que este fármaco no estimula la apetencia sexual, por lo que no sirve de nada utilizarlo en los casos en los que no exista un problema real de disfunción eréctil.

Tras el éxito obtenido por este y otros fármacos parecidos, apareció en el mercado farmacéutico Viacreme, más conocida como la viagra femenina. Se trata de un gel transparente y viscoso, con olor a menta, que se puede adquirir sin receta médica y cuyo prospecto promete despertar la libido de las mujeres. Su modo de uso es simple: tras su aplicación sobre el clítoris tiene efectos vasodilatadores y estimulantes.

Al igual que con Viagra, también se deja muy claro que no es un afrodisíaco, ya que debe existir una estimulación sexual como complemento al uso de esta crema. En resumen, estos fármacos ayudan a lograr una completa relación sexual, pero no sirven para estimular o aumentar el apetito sexual de una persona, éste debe existir con antelación al uso de dichos productos.

¿Predisposición, imaginación o leyenda?

La Found and Drug Administration (FDA) estadounidense, al igual que otras muchas instituciones científicas, ha investigado al respecto, y sus estudios han llegado a la conclusión de que el poder de muchos de los afrodisíacos radica en la tradición, las creencias y las costumbres, y no en los hechos.

"La mente es el afrodisíaco más potente", muchos creen que el verdadero poder está en la mente y que, por lo tanto, si alguien consume determinados alimentos con la convicción de que van a ayudarlo en su desempeño sexual, los resultados pueden ser los esperados.

Es decir, que el mayor afrodisíaco sexual somos nosotros mismos, y es nuestro instinto el que nos predispone o no a encender el deseo sexual. La imaginación de cada uno puede llevar a conseguir las metas propuestas mejor que cualquier alimento o sustancia afrodisíaca, aunque éstos siempre pueden servir de aliciente.

 

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