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HACERSE CARGO Y RESPONSABLE DE LOS PROPIOS ORGASMOS

¿Tú crees que es cierta esa frase que afirma “no hay mujeres frígidas (anorgásmicas es más apropiado) sino hombres inexpertos”? ¿Sí? ¿Crees que aún puede defenderse en pleno siglo XXI? ¿Sí? Pues encierra una trampa horrible: potencia la pasividad sexual femenina y otorga al hombre un papel activo dispensador de placer que no le corresponde

 

Sí, asume que la mujer debe esperar a que su hombre le dispense el placer, y a que éste puede conseguirlo con experiencia y empeño. Y puede, ciertamente: con el sexo oral o la masturbación.
Hay que decir que las relaciones sexuales son algo más que el coito. Son las caricias, los abrazos, los besos, los arrullos al oído, el calor de los cuerpos unidos, el contacto entre los genitales, el uso de la mano y la lengua por todo el cuerpo. El problema que estoy intentando señalar aquí no se presenta cuando tú decides llevarle al orgasmo mediante tu boca o tu mano. O cuando acordáis que sea él quien te haga llegar al mismo por esos medios.
El problema aparece en el coito, la actividad sexual que se practica con más frecuencia entre las parejas. La única que mucha gente sigue creyendo “auténtica”. Ahí, muchos hombres lo intentan de veras... pero “fracasan” (¿ellos?) con extraordinaria frecuencia a la hora de que su mujer llegue al orgasmo.


¿Y qué haces tú durante el coito?
Sabes que en la mayoría de las posturas que se practica no llegas al orgasmo. No es tu culpa..., tampoco la suya. Los dos creéis que la penetración del pene en la vagina puede conseguir por sí sola que llegues al orgasmo (¡ay, el famoso y fantasmal orgasmo vaginal?). Él quizás se lo crea más. Y la verdad es que en la mayoría de las ocasiones tu clítoris permanece huérfano de estímulos adecuados durante el coito.
A pesar de eso, dejas que las cosas sigan su curso, como si se tratara de otra y no haces nada por tu propio orgasmo. Ves cómo él porfía por el suyo, y tu le miras complacida (haces bien), pero sigues esperando que llegue el milagro por sí solo. Y él también cree que haciendo vendrá.
¿Cómo es posible? ¿Es que acaso tus orgasmos no son tuyos? Pues si lo son ¿Entonces por qué te quedas de brazos cruzados y no te los peleas, como hace él cuando entra y sale una y otra vez de tu cuerpo hasta que lo consigue? No haces nada para llegar al orgasmo. Te limitas a recibir a tu hombre para que él se pelee su orgasmo con la esperanza de que ese trance te llegue también el tuyo.


Deberías dejar de ser tan pasiva y ponerte manos a la obra
¿Quieres simultanear tu orgasmo con el suyo? ¡Pues a la vez que él estimula su pene dentro de tu vagina para obtener su orgasmo, estimula tú tu clítoris con tus expertos dedos y consíguelo!
¿No te importa alcanzarlo después de él? ¡Mastúrbate cuando haya salido de tu vagina y consíguelo! O, mejor aún: ¿acaso no ha utilizado tu cuerpo para obtener su orgasmo? ¡Utiliza el suyo! ¡Frótate contra él! Puedes hacerlo tendida sobre él y frotando tu clítoris contra su pene aún erecto. O puedes hacerlo contra el hueso de su pubis. O le pides que se dé la vuelta y te frotas contra esa parte de la espalda que comienza a llamarse de otro modo. O contra su muslo. ¡Peléatelo! ¡Tu orgasmo es tuyo! ¡La responsabilidad de obtenerlo también es tuya!

 

Eres tú quien debe hacer que ocurra, porque es tu orgasmo
Ha de aceptarse con total naturalidad que en esas circunstancias, tú puedes estimular tu clítoris como sea, durante el coito o después, para alcanzarlo. Eso no es menospreciar al hombre, sino acompañarlo en la tarea de obtener juntos el deseado orgasmo en la intimidad del abrazo del coito. Y eso es algo que debes asumir tú, la primera, por tu propio interés. Y él, también, porque eso no desmerece su virilidad.

“No hay mujeres frígidas (anorgásmicas es más apropiado) sino mujeres poco responsables”.

 

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