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EL FETICHISMO Y EL SEXO

Un fetiche es un objeto venerado por razones que van desde lo mágico a lo religioso. En todas las sociedades existen fetiches, reconocidos o no. Originalmente a los fetiches se les atribuían poderes especiales, mágicos y sobrenaturales. De hecho, el origen etimológico de la palabra es el vocablo feito (amuleto) en portugués. Sin embargo, una de las más curiosas variedades de los fetiches son los de naturaleza sexual, dando lugar al fetichismo como una forma de entender el sexo.

 

El fetichismo es calificado a menudo como una forma de "desviación sexual", eso sí, inocua en sus niveles más leves y superficiales. Ciertamente denominar al fetichismo como desviación sexual no deja de ser una afirmación algo brusca y errónea. En todo caso es una parte complementaria del juego sexual en su variedad imaginativa. No hace falta decir, que como cualquier otro comportamiento sexual, llevado a sus extremos lo que es bueno y/o divertido, puede acabar siendo nocivo y/o perjudicial.

El fetichismo sólo puede considerarse una desviación sexual cuando es la única forma de actividad sexual del individuo. Por otra parte, el fetichismo, entendido como una parte complementaria del juego sexual, es divertido y satisfactorio. De hecho, la practica totalidad de las personas, hombres y mujeres, son fetichistas en uno u otro sentido.

Pero ¿qué es el fetichismo erótico?
De una manera concisa, el fetichismo bien entendido, consiste en la erotización intensa e imaginativa de una parte del cuerpo del hombre o de la mujer, o bien de un objeto relacionado de alguna manera con el cuerpo.

En una encuesta realizada en España en 1998, el 72% de los hombres y el 47% de las mujeres se identificaban con algún comportamiento fetichista. El abanico de objetos o partes fetiche es enorme y casi podríamos decir que cada persona es fetichista respecto a una cosa u otra. Sin embargo, curiosamente, existen fetichismos universales.

Así, para los hombres, las partes de la anatomía femenina que más se repiten como objeto de culto fetichista son los pies y las nalgas; eso en cuanto a partes del cuerpo, porque en cuanto a objetos, los zapatos, las medias y la ropa interior son las que mayores adeptos tienen. Y en ello radica la afirmación de que casi todas las personas son fetichistas porque nadie duda que la mayor parte de los hombres, por ejemplo, se sienten atraídos o despierta su curiosidad la visión de la ropa interior femenina. En el caso de las mujeres, los iconos fetichistas más repetidos son las manos del hombre, sus nalgas y su torso u hombros.

El fetichismo mal entendido
En algunos casos, el fetichismo adquiere matices patológicos que suelen resumirse en la incapacidad del fetichista para asumir por completo a la otra persona en su conjunto, por lo cual la desmenuza, la divide y toma una parte de ella a la que eleva a la categoría de culto erótico. El fetichista enfermizo elige el fetiche como objeto de deseo porque en su individualidad puede ejercer sobre él un control completo para obtener el placer. El fetichista, en estos casos, huye de la relación, la deshumaniza para convertirla en una parte que sustituye al todo en el fin de obtener el placer sexual. Pero esta es una forma enfermiza que requiere asistencia médica.

El fetichismo divertido
Por otra parte, el fetichismo, bien entendido, puede ser una parte divertida y erótica, del juego sexual. Concentrar la atención en una sola parte del cuerpo de la pareja para agasajarla con caricias y besos, para extraer lo máximo de ella, puede ser una forma diferente y divertida de practicar el sexo. Concentrarse en besar y acariciar los pies de él o ella, es una práctica muy extendida en los tratados orientales como un modo de dar placer a la pareja.

Una de las fantasías más extendidas en Occidente es la de practicar el sexo con su pareja mientras ésta lleva puestos los zapatos de tacón, o parte de la ropa interior. Es el fetichismo cotidiano, que puede llegar a ser muy placentero. Además, si deja volar un poco la imaginación, seguro que encuentra alguna nueva forma de fetiche que no estaría mal incorporar a sus juegos de cama ¿no?

 

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