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El orgasmo femenino ha estado siempre rodeado de cierto halo de misterio, pero también de una inusitada fascinación que puede explicarse por el hecho de que a diferencia del orgasmo masculino, visible por la eyaculación de semen, el orgasmo femenino carece de señales evidentes que prueben su obtención. Lo único en lo que todo el mundo está de acuerdo es que no existe un patrón similar para el orgasmo femenino.

 

Diferentes mujeres experimentan distintas sensaciones, intensidad y duración, de ahí la dificultad a la hora de describir qué es exactamente. De lo que no hay duda es de que las mujeres saben que son capaces de sentir varios tipos de orgasmos: uno de ellos es el que se produce por la estimulación del clítoris, el otro, es el uterino, que se expande por todo el cuerpo en forma de intensas oleadas.

Y es que el orgasmo es simplemente el incremento, en el momento en que la mujer está excitada, del riego sanguíneo en la zona de la vagina. De esta manera se lubrican e inflaman los labios interiores y exteriores de esta parte del cuerpo y del clítoris. Durante este periodo de excitación, la estimulación intensa, tanto física como psíquica, hace que la vagina, el esfínter anal y el útero se contraigan en espasmos simultáneos.

La sangre se agolpa en este área y luego vuelve a fluir a su sitio de forma repentina y muy rápida. La explosión entera no suele durar más de cuatro a veinte segundos, con unos intervalos de menos de un segundo entre las tres a seis primeras contracciones.

Aún así, hay muchas mujeres experimentan orgasmos que pueden durar más de sesenta segundos. Para ser más exactos, según los expertos, existen cuatro etapas en lo que se denomina el ciclo de respuesta sexual de la mujer: excitación, meseta, orgasmo y resolución. Sin embargo, estas fases no tienen un marcado inicio o final, sino más bien ocurren como un proceso continuo durante la respuesta sexual. En la mujer, este ciclo dura unos 15 minutos, a diferencia del hombre que usualmente llega al orgasmo entre 3 y 5 minutos.

La anatomía y la fisiología son factores que influyen en que unas mujeres puedan llegar al clímax con mayor o menor facilidad, que haya muchas incapaces de alcanzarlo e incluso que otras sean capaces de disfrutar de orgasmos múltiples y encadenados. Las mujeres que tienen un clítoris mayor que la media o que está situado de forma que la raíz del pene lo roza durante la penetración, estimulan más su excitación, consiguiendo orgasmos más duraderos.

Aunque parezca increíble, al orgasmo también se le puede llamar si es que no acude a la primera. Pero para hacerlo es preciso conocer nuestra anatomía y fisiología: factores decisivos que influyen en que unas mujeres lleguen al clímax con mayor o menor facilidad o que haya mujeres que no lleguen casi nunca.

Sólo una de cada tres mujeres alcanza el orgasmo sin dificultad
Cuando los hombres eyaculan, casi por norma general (aunque hay excepciones) disfrutan del orgasmo. Sin embargo, sólo una de cada tres mujeres alcanza el orgasmo sin dificultad. ¿Cuáles son las causas? ¿Es falta de deseo? ¿Es desmotivación? ¿Falta de interés? ¿Una pareja inexperta o poco cariñosa? Quizás sí, pero a todo eso pueden añadirse causas de tipo fisiológico que toda mujer debería conocer.

Es importante saber que la mayoría, necesitan que el clítoris sea estimulado directamente para poder llegar al orgasmo. Es decir, no basta sólo con la penetración para que una mujer llegue al orgasmo. En muchos casos, durante la penetración vaginal, el clítoris no recibe la necesaria estimulación, por eso se debe recurrir a la estimulación manual, oral u otras posiciones que proporcionen una estimulación directa y satisfactoria.

Además, para que la mujer llegue al orgasmo es tan importante la lubricación de la vagina, como lo es la estimulación del clítoris. Por eso es muy importante que previo a la penetración, durante la fase de excitación, la mujer reciba el suficiente estímulo erótico para poder lubricar la vagina y lograr que esta se expanda y crezca.

En cualquier caso, no hay que olvidar que hay mujeres que tienen un clítoris mayor que la media, de manera que su excitación sexual es mayor, como también es mayor la probabilidad de llegar a un orgasmo placentero. Pero, claro, no todas tenemos la misma fisiología, así que intentar favorecerla de la mejor forma posible es el primer paso para conseguir una mayor satisfacción sexual.

En busca de la postura perfecta
Evidentemente no todas las posturas facilitan por igual el orgasmo, incluso las hay que lo perjudican. La conocida, por ejemplo, como "postura del misionero", en la que la mujer está tumbada boca arriba en la cama y el hombre encima de ella de manera que los dos quedan cara a cara, no es demasiado recomendable. La mujer no puede moverse libremente y la penetración tampoco es profunda.

Sin embargo, hay otras más susceptible al orgasmo, por ejemplo aquella en la que la mujer permanece tumbada boca arriba con las piernas estiradas sobre los hombros de su compañero que está de rodillas y con su pene a la altura de la vagina. Con esta postura, la penetración estimula toda la vagina y ella puede tener mayor movilidad.

Otra opción es la que presenta al hombre sentado en la cama con las piernas estiradas ligeramente mientras la mujer se sienta a horcajadas, en cuclillas, agarrada por él para no caer. De esta manera la penetración es también más profunda y además ella puede marcar el ritmo y moverse con más o menos intensidad.

Pero sin duda una de las posturas que ofrece mayores posibilidades es la llamada "flor de loto", en la que el hombre se sienta sobre la cama con las extremidades inferiores cruzadas y ella encima de él pasando las piernas por los costados. De esta manera, es la mujer la que marca el ritmo y, además, él tiene las manos libres para actuar.

Una última posibilidad podría consistir en lo siguiente. El hombre se sienta con las piernas estiradas y ella se coloca de espaldas a él y a horcajadas pero arrodillada y con el cuerpo estirado hacia delante y apoyándose en los brazos, de cara a sus piernas estiradas. De esta manera y, aunque no se vean las caras, la pareja disfrutará muchísimo ya que él ,además, tiene las manos libres para acariciar la espalda o incluso, si pasa los brazos hacia delante, los senos de su pareja.

En cualquier caso, lo más importante es no olvidar que cada mujer es un mundo y que el secreto del éxito es probar hasta encontrar con la postura con la que más disfrute la pareja.

 

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