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LA INTOLERANCIA

"Te ves mal", "no sirves para nada", "pareces una antigüedad", "no los soporto"... Son frases típicas de personas cuyo sentido de vida es criticar sin medir las consecuencias.

 

Quienes critican no se dan cuenta de que existe mucho más de positivo en las personas de lo que puedan pensar, pero en muchas ocasiones se sienten atraídos más bien por el defecto, por lo negativo. El problema es que cualquiera que critique va a penetrar en las emociones del otro, hiriendo su sensibilidad o golpeando su autoestima.

Aceptar la discrepancia

"Cada persona ha aprendido, grabado y aceptado, a lo largo de la vida, patrones, pautas fijas acerca de lo que debe ver como bueno, agradable, sano o adecuado, así como lo que debe procesar desde el prejuicio de desagradable, inadecuado, enfermizo y feo. Por ello, es muy difícil pretender que todos estemos de acuerdo o que entendamos y valoremos la vida de forma similar", señala el autor Yagosesky. "Cada cabeza es un mundo", lo que a unos les molesta a otros les gusta, lo que a algunos nos asusta a otros los entusiasma, y cosas que nunca haríamos, otros las hacen a diario.

Entonces, si está comprobado que somos realmente diferentes, parece ilógico ser tan desconsiderados e intolerantes ante las diferencias de criterio o personalidad. La filósofo Amalia Gómez plantea que "el aprendizaje de la tolerancia es un ejercicio continuado de asumir la posibilidad de discrepar. Pero, sobre todo, hay que hacerlo tratando de comprender las razones que llevan a nuestro interlocutor a posiciones distintas y distantes de las propias. En ocasiones se dice: 'Yo contigo no hablo de este u otro asunto', como si tener opiniones contrapuestas fuera un muro en la relación personal, laboral o de vecindad".

La realidad es que todo proceso de exclusión o rechazo se basa en el miedo. Tememos lo nuevo, lo distinto, lo desconocido, lo que no logramos comprender, explicar o manejar, y los individuos intolerantes suelen enfermarse con mayor facilidad que el resto de las personas, resulta más difícil estar con ellos, son desconsiderados con los demás, se portan como víctimas que culpan a los otros de sus males, son dominadores, tienden a ser fácilmente violentos y ofensivos, suelen exagerar los hechos y reaccionan con comportamientos automáticos de los cuales luego se arrepienten.

Yagosesky explica: "La intolerancia puede ser aprendida en la casa o en la escuela. En los hogares segregadores, en los que se cree que algunos son superiores y deben mandar, y algunos son inferiores y deben obedecer, la intolerancia se instala legitimada, aceptada y avalada. El machismo, el feminismo, el racismo se basan en la intolerancia".

Para combatir nuestra personal intolerancia, es esencial respetar a todos los seres, aceptar que todos podemos equivocarnos y que ésa es la forma usual de aprender, por ensayo y error. Buscarle a todo el lado positivo y agregarle una dosis de buen humor. Y, sobre todo, aceptar la discrepancia, éste es el principio del aprendizaje de la convivencia y de la relación interpersonal. Como dice Amalia Gómez: "Siempre se está a tiempo de aprender a discrepar, que viene a ser como el inicio del ejercicio de la tolerancia".

No se trata de hacer dejación de lo que uno piensa o siente, sino que es nada más y nada menos que encontrarnos a través de la palabra con los que piensan o sienten de manera distinta....


Efectos de la crítica

La crítica destructiva puede cambiar nuestra vida y arrastrar detrás de sí una serie de perturbaciones. Hay muchos estilos de crítica, como el directo, que toma la forma de insultos abiertos. El venenoso, que se hace basándose en comentarios sarcásticos y burlones. El indirecto, que pone en evidencia los puntos débiles del otro. Pero sea cual sea la forma de la crítica, si se vive para criticar, este comportamiento afecta el cuerpo negativamente. El cuerpo sufre o crece, con cada pensamiento que entra en la mente. Criticar lleva al odio y la rabia, a los celos, a la ansiedad, la ira, estados que destruyen las células del cuerpo e inducen a enfermedades del corazón, el hígado, riñones, bazo y estómago, y disminuyen el sistema inmunológico. La crítica no sólo enferma sino que deteriora las relaciones interpersonales.

La crítica duele, lastima y destruye. El hábito de la crítica tiene efectos corrosivos, tanto a corto como a largo plazo, en una relación de pareja. Mina los buenos sentimientos mutuos en que está basado el amor conyugal, hace que nos concentremos más en los defectos de nuestra pareja que en sus virtudes, enfría la pasión sexual, hace que los cónyuges se pierdan el respeto, alimenta la tendencia sadista que hay en muchas personas, de tal modo que terminan por encontrar placer en lastimar continuamente a su pareja. Mariano González comenta que: "el diálogo crítico en el matrimonio es necesario como la autocrítica con nosotros mismos", como una manera de ver qué cosas debemos modificar para ayudar que la relación crezca y sea fructífera. "Pero, una crítica destructiva, genera una tensión violenta que produce daños graves y puede llegar a ser motivo de ruptura y transformación. La violencia nunca es buena consejera, cuando se trata de llegar a un entendimiento. Cuando se quiere salvar una situación, la mente pensante elabora razones sólidas para no verse envuelta por las emociones...".

"Si las críticas que tiene que soportar alteran sus propias razones, se produce el desequilibrio, y la emoción irrumpe como defensora de las razones, el cerebro se va a defender de las agresiones". Si se encuentra en una situación como ésta, trate de detenerse siempre a pensar, antes de hablar. Grábese en la mente una regla de oro: "Si no puede decir algo bueno de alguien, no diga nada". Una vez que se detenga a pensar, analice la situación y vea si hay manera de hacer un comentario agradable, en lugar de una crítica. Frene sus pensamientos y sus frases de crítica en el instante mismo en que aparezcan en su mente y no deje que lleguen a sus labios. Por otro lado, si es víctima de estos criticones empedernidos, se llevará mejor con ellos comprendiéndolos, evitando provocarlos, estableciendo reglas claras que eviten malos entendidos, definiendo lo que les molesta para evitarlo, y cuando se han encendido, conviene darles tiempo para que se enfríen y evitar presionarlos.

 

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