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LA DEPRESIÓN POSTPARTO

Después de dar a luz, muchas madres entran en un estado de pereza o lentitud mental, ensimismamiento, quizá de aburrimiento o de aparecer aislada del medio, y cerca de un 80% de las mujeres lo padece. Se le conoce como "baby blues" o "maternity blues". Es una depresión leve y transitoria y desaparece en varios días.

 

No ocurre esto en la verdadera Depresión Posparto, una enfermedad que por lo general comienza aproximadamente cuatro a seis semanas después del nacimiento del bebé, antes que los síntomas alcancen su máxima intensidad y continúa hasta por 12 meses. Entre 10% y 15% de las parturientas recientes desarrollan un cuadro de franca depresión, más severo que los "blues" y con las características de la enfermedad como son, fatiga constante, pérdida de la felicidad de vivir, aislamiento de familiares y amigos, descuido personal, excesiva preocupación por el bebé, desinterés o falta de respuesta sexual y otros síntomas de depresión como insomnio, sensación de inutilidad, llanto o deseo de llorar y una gran variación en el estado de ánimo. Afortunadamente, solo un escaso un por ciento de las mujeres con depresión posparto presentan psicosis, cuando la persona sufre de alucinaciones, se imagina cosas, sufre de delirio de persecución, piensa y se expresa de manera irracional y llega a temer que le va hacer daño al bebé.


La Depresión Posparto

Se han sugerido muchas causas, especialmente la de los conflictos que se presentan al asumir el papel de madre, una personalidad inadecuada, episodios depresivos previos, y la caída dramática en los niveles hormonales. Estudios han demostrado que las relaciones matrimoniales de mala calidad se relacionaron con una mayor incidencia de depresión posparto. Probablemente no existe una causa única sino más bien diferentes tipos de estrés que pueden tener la misma consecuencia o que pueden actuar conjuntamente. Sabemos que entre esos "factores de riesgo" están: Una historia previa de depresión, falta de apoyo por parte de la pareja, un bebé prematuro o con cualquier tipo de enfermedad, el que la nueva madre hubiera perdido a su madre cuando era niña, una acumulación de acontecimientos vitales adversos, como el fallecimiento de un ser querido, la pérdida del empleo de la paciente o de su pareja, problemas económicos o problemas de vivienda. Por otro lado, parece probable que la depresión posparto esté relacionada con los importantes cambios hormonales que tienen lugar en el momento del nacimiento de su hijo. Aunque los niveles de estrógenos, progesterona y otras hormonas relacionadas con la reproducción que pueden afectar a las emociones descienden bruscamente tras el parto, no se han encontrado diferencias entre las hormonas de las madres que desarrollan una depresión posparto y las de las que no. Una posible explicación es que probablemente algunas mujeres puedan ser más sensibles que otras a tales cambios. Algunos autores han señalado situaciones ambientales adversas para niños criados por madres deprimidas. Estos estudios han mostrado que los hijos de madres deprimidas presentan resultados psicológicos y de comportamiento desfavorables, acompañado de bajo peso al nacer, quejas somáticas, accidentes, retardo en el crecimiento, depresión y dificultades en el aprendizaje.

¿Qué hacer?

En primer lugar realizar el diagnostico adecuado. Muchas madres deprimidas no son conscientes de que tienen una enfermedad y se sienten avergonzadas de tener que admitir cómo les ha afectado su reciente maternidad. Algunas pueden llegar a creer que si dicen cómo se sienten realmente puede que les quiten a su hijo y esto NO ocurrirá.

Algunos médicos, enfermeras y trabajadores sociales están preparados para reconocer la depresión posparto ya que conocen su existencia y se esfuerzan por detectarla. Sin embargo, otros profesionales la pasan por alto o, lo que es peor, la ignoran considerándola como un simple "maternity blues". En la actualidad, existe una mayor preocupación para el reconocimiento y tratamiento de la depresión posparto. Una vez que se sospecha la presencia de este trastorno, hay que animar a la paciente para que exprese como se siente realmente tras el parto de su hijo. Si manifiesta sentirse triste, desgraciada, irritable, incompetente, asustada y desinteresada por el bebé, debe aceptarse esto con una actitud comprensiva, no con alarma y reproches.

El decirle a la madre que todo lo que le está pasando es consecuencia de que tiene una enfermedad llamada depresión posparto, suele ser de gran ayuda, ya que por lo menos sabrá a qué tiene que enfrentarse. Hay que tranquilizarla e intentar convencerla de que ella no es una madre caprichosa, extravagante o una mala madre, y de que otras muchas personas han padecido y padecen la misma enfermedad. La depresión posparto es muy frecuente, y si se pone tratamiento sin duda mejorará. Hay que advertir a la paciente que el tratamiento necesitará su tiempo para hacer efecto y que será necesario el concertar algunas citas para que reciba el apoyo necesario hasta que se recupere.

En este momento es importante el involucrar a la pareja de forma que él pueda comprender qué es lo que ha estado pasando. No olvidemos que él también ha estado sufriendo las consecuencias de la depresión posparto. Posiblemente él sea quien mejor pueda apoyar a su esposa. Pero, también necesitará algo de apoyo para sí mismo, especialmente si es el primer hijo que tiene la pareja y si se ha sentido desplazado tras su llegada. Este es un aspecto realmente importante ya que si el marido está resentido y no comprende hasta que punto su esposa necesita de su apoyo y ayuda podrían surgir más problemas. El marido de la paciente también se sentirá aliviado por el diagnóstico y por recibir consejos sobre cómo actuar. La ayuda práctica con el recién nacido, una actitud comprensiva y afectiva y el ser positivo serán apreciados incluso cuando la depresión desaparezca.

Si usted o algún ser querido experimenta alguno de estos síntomas después del parto y ellos duran más de una semana, hable con un especialista inmediatamente. Recuerde, la depresión posparto es una enfermedad. Las mujeres que la sufren no son personas malas o mal agradecidas. Ellas no tienen la culpa de los síntomas que sienten. Están enfermas y necesitan atención.

 

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