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CUANDO NOS ATACA LA ANSIEDAD

Tranquila, que no estás sola. las cifras de ansiosas crecen sin parar porque las responsabilidades nos abruman. Te damos algunas pautas para salir de ese círculo.

 

Mi jornada habitual empieza a las 9 de la mañana, pero todas las noches duermo mal pensando que el despertador no va a sonar. Me levanto agobiada porque no me va a dar tiempo a todo: ducharme, arreglarme, sacar los cacharros del lavavajillas, poner una lavadora... Y ya empiezo a sudar, siento palpitaciones y creo que me falta oxígeno para respirar. Cuando por fin llego a mi mesa y repaso mi agenda: ¡no puedo con todo! Tengo que revisar mis e-mails, asistir a varias conferencias de prensa, probar un nuevo tratamiento en un centro de estética, del que no disfrutaré porque estaré pensando que no llego a la comida de trabajo que tengo concertada y en la que tampoco me relajaré porque mi cabeza estará ultimando el reportaje que tengo que entregar esa tarde. Y al día siguiente, salgo de viaje, no me he mirado el programa y, por supuesto, no he hecho la maleta... Y esto, día tras día. He llegado a pensar que lo mío es ansiedad y he decidido buscar ayuda profesional. Por suerte, hay una Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) y su presidente, el doctor Antonio Cano Vindel, me ha ofrecido ayuda.

Me consuela cuando me dice que un 5,9% de la población española ha padecido ansiedad en el último año. Y me asegura que las mujeres sufrimos un 220% más de trastornos de este tipo que los hombres. ¿Y eso por qué? «Primero, porque tenéis más responsabilidades en la sociedad; segundo, sois más hormonales y experimentáis cambios emocionales asociados a las estaciones, al ciclo menstrual e incluso al grado de luz solar; tercero, porque sois más perfeccionistas».
llegan las PALPITACIONES Por definición, la ansiedad es una reacción emocional –como el miedo, el enfado, la alegría o la tristeza– que nos activa ante situaciones que pueden derivar en un resultado negativo. Es decir, nos pone las pilas para evitar un desastre. Visto así, puede ser incluso beneficiosa. «Puede ayudarnos a mantenernos concentrados y a afrontar los retos que tenemos por delante», asegura el experto. Entonces, ¿cuándo se convierte en perjudicial? «Cuando las reacciones son permanentes, intensas y muy frecuentes o desproporcionadas respecto a la situación que las ha provocado», dice Cano Vindel. Es decir, si no puede controlarse y produce problemas de salud física y mental, como inseguridad, miedo, pensamientos negativos sobre uno mismo, dificultad para pensar o concentrarse. En el plano fisiológico, se experimenta sudoración, tensión muscular, palpitaciones, taquicardia, temblor, molestias de estómago, dificultad para respirar y para tragar, sequedad de boca, dolor de cabeza, mareo, náuseas, tiritona, etc. Otras reacciones comunes en las personas ansiosas son fumar, comer o beber en exceso, realizar algunos movimientos repetitivos (rascarse, tocarse, taconear), tartamudear, llorar o quedarse paralizado.


¿POR QUÉ ME PASA?

 

Cualquier acción que pueda tener consecuencias no deseables la procesamos con ansiedad. Esto ocurre cuando nos sentimos evaluadas, si tenemos que afrontar situaciones que nos producen fobia (viajar en avión o metro, ir al dentista o sacarse sangre, las aglomeraciones de gente, los espacios cerrados...), incertidumbre (cambio de trabajo o vivienda) o pérdida de control (intentar dormir, pasar un examen, una tarea difícil, etc.).

¿QUÉ TENGO QUE HACER? Según Itziar Iruarrizaga, coordinadora de Psicobiología, Farmacología y Neuropsicología de la SEAS, el tratamiento varía en función de la respuesta de cada uno a la ansiedad. En su opinión, a largo plazo las técnicas psicoterapéuticas han demostrado ser más eficaces que la medicación, porque evitan tener que llevar siempre un ansiolítico en el bolsillo para sentirse segura. «Si la respuesta del ansioso se centra en pensamientos negativos, se le enseña a interpretar las situaciones y las intenciones ajenas, y se fomenta su capacidad de reacción. Si esa respuesta es más física, se trabaja con ejercicios de relajación (respiración abdominal, distensión muscular progresiva, etc.). Y si deriva en otro tipo de conductas, se le enseña a que desarrolle habilidades sociales y verbales», explica Iruarrizaga. Pero también es cierto que hay ocasiones en las que la terapia farmacológica se hace necesaria: en ataques de pánico agudo, ansiedad generalizada crónica o trastorno obsesivo-compulsivo, según la doctora en psicología. En estos casos, se prescriben ansiolíticos –benzodiacepinas–, que tienen que ser recetados por un psiquiatra o el médico de cabecera para evitar síndromes de abstinencia o efecto rebote tras suspender el tratamiento. En términos generales, con un tratamiento correcto, ya sea combinado o no, en un período que abarca de tres a seis meses la mejoría es notable.

Más vale prevenir... Pero, antes de que los pequeños episodios de ansiedad se conviertan en un trastorno grave, hay que controlarlos con una serie de normas básicas. Entre ellas: dormir al menos ocho horas diarias; no llevarse trabajo a casa; practicar ejercicio físico de forma regular moderadamente y ejercicios de relajación con asiduidad; leer algún libro de autoayuda; organizar el tiempo reservando ratos para descansar; no llegar tarde a las citas; saber elegir cuando no podemos hacerlo todo; no dejar pasar los problemas sino afrontarlos; no analizar continuamente todo; no prever consecuencias catastróficas a una situación; entender que la ansiedad es tan natural como la alegría; no preocuparnos por lo que los demás puedan pensar de nosotros; si hemos hecho bien una cosa, felicitarnos, y si está mal, reconocerlo, analizarlo y corregirlo; no recordar continuamente los problemas del pasado o las culpas de los demás; aprender a decir no... Y si todo esto falla, entonces debemos acudir a un especialista.


TRUCOS QUE AYUDARÁN A CONTROLARTE

Aunque la terapia psicológica y la farmacológica tratan la ansiedad, hay algunas técnicas que favorecen una vida sin tantos agobios.
Come correctamente Está demostrado que tomando más proteínas (pollo, pescado y carnes rojas) y reduciendo los carbohidratos y los azúcares (bollos, pastas...) tenemos más energía y menos estrés, porque los niveles de azúcar se mantienen estables en sangre.
Ensaya ejercicios de relajación Ahora que los masajes están al alcance de todos, reserva un día a la semana para recibir uno. Notarás un gran beneficio. Aprende técnicas respiratorias para los momentos críticos. Los colores pastel (azul y verde), la música clásica o chill-out y algunos olores (a lavanda, naranja o sándalo) tienen efectos calmantes.

Mueve el cuerpo Tres veces por semana date una caminata, juega un partido de paddle o ve al gimnasio. El ejercicio físico produce
una gran sensación de bienestar.

Sé ordenada El desorden físico provoca agobio. Si en casa tienes las cosas en su sitio y en el trabajo tu escritorio está limpio, tienes menos posibilidades de verte sobrepasada. Haz listas priorizando necesidades y tareas.

Rodéate de gente positiva Huye de las personas amargadas o muy críticas que sólo ven el lado negativo de las cosas. El apoyo emocional de los amigos y la familia es un poderoso antiestrés. La gente que realiza trabajos de voluntariado tiene menos ansiedad porque esta labor da un gran sentido a su vida.

NO ES IGUAL QUE EL ESTRÉS

La ansiedad tiene múltiples variantes. Cuando se trata de un trastorno generalizado, cualquier situación puede ser interpretada como una amenaza y la persona se encuentra alterada permanentemente por pequeños acontecimientos. Se llama ataque de pánico cuando una persona sufre un acceso repentino de miedo, no puede controlarse, su corazón late cada vez más deprisa y piensa que va a morir. La fobia puede ser social (se evitan compromisos de este tipo) o específica (se huye de determinados objetos o situaciones, como viajar en avión, subir en un ascensor...).

El trastorno obsesivo lleva a realizar acciones o tener pensamientos absurdos, pero que no se pueden evitar, como lavarse las manos o cerrar las puertas repetidas veces. El estrés postraumático puede padecerse tras una violación, un robo, un atentado terrorista o un shock emocional, y está en fase aguda el primer mes de haber acontecido. También hay un trastorno inducido por sustancias estupefacientes (fundamentalmente, el hachís o la marihuana) y otro hormonal,  provocado por la toma de algunos medicamentos.
 
No confundir con... Estrés o depresión. El primero es un proceso más generalizado, dentro de la normalidad, que no inhabilita a llevar una vida normal. Obliga a generar recursos ante situaciones que producen nerviosismo e irritabilidad. La depresión es consecuencia de una pérdida importante y se manifiesta en forma de tristeza y decaimiento.

 

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