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CÁNCER GENITAL

El cáncer no aparece de un día para otro, tiene un proceso evolutivo más o menos largo e incluso existen lesiones previas (pre-cancerosas, no malignas) que se pueden diagnosticar y tratar, habitualmente con cirugía mínima, previniendo así su posible degeneración posterior.

 

Las lesiones malignas en un principio están totalmente localizadas en el lugar donde se originaron (son los llamados carcinomas "in situ") absolutamente curables. Con el tiempo van extendiéndose a zonas cercanas y en estadios más avanzados, se propagan por los vasos linfáticos o hemáticos a zonas y órganos a distancia (son las llamadas metástasis).

Lo importante de todo esto radica en que el pronóstico va empeorando según avanza el estadio en que se hace el diagnóstico y el tratamiento. Resulta fundamental conseguir un diagnóstico precoz y para ello es imprescindible mentalizarse en que la mejor medicina es la preventiva. Nunca se insistirá bastante en la necesidad de practicar revisiones periódicas: no esperes a tener síntomas, acude una vez al año al ginecólogo aunque te encuentres bien.

Por orden de frecuencia, los cánceres genitales son los siguientes: mama, endometrio, cérvix, ovario, vulva y vagina. Cada uno tiene sus peculiaridades epidemiológicas y diagnósticas.

¿Cuáles son los síntomas?

No existen síntomas específicos y algunos pueden ser asintomáticos durante mucho tiempo. En general hay que prestar atención a cualquier sangrado genital anormal, intermitente e irregular, manchado con las relaciones sexuales, sangrado después de la menopausia, aparición de flujo como "agua de lavar carne". Otros síntomas, tampoco necesariamente propios de un cáncer, pueden ser picor vulvar, ulceras genitales, molestias abdominales e hinchazón etc.

Al ser los síntomas tan inespecíficos y muy frecuentemente tardíos, se comprende perfectamente la importancia de las revisiones periódicas ginecológicas.

¿Existen factores de riesgo?

Todos los factores que exponemos a continuación deben tenerse en cuenta pero por supuesto que NO SON DETERMINANTES.

Como en todos los cánceres en general existen factores genéticos-hereditarios que se manifiestan en los antecedentes familiares (sobre todo en el de ovario y mama).

Para el cáncer de endometrio se acepta que en su génesis desempeña un papel importante la existencia de un estímulo estrogénico mantenido, es un tumor cercano a la menopausia siendo la edad media de 55 años, otros factores importantes son la triada obesidad-diabetes-hipertensión.

El cáncer de cuello uterino (cérvix) ha ido perdiendo incidencia en los países desarrollados gracias al diagnóstico precoz por la sistematización de la práctica de la citología cervicovaginal. Al mismo tiempo, se aprecia una mayor incidencia en grupos de edad más jóvenes y una mayor incidencia de lesiones precursoras (CIN). Se admite en forma unánime el papel inductor que desempeña la infección genital por el virus del papiloma humano (HPV) y en consecuencia la conducta sexual (inicio precoz de las relaciones, múltiples compañeros sexuales y antecedentes de enfermedades de transmisión sexual). Otros factores a tener en cuenta son el tabaquismo y la inmunosupresión crónica (SIDA).

La frecuencia del cáncer de ovario aumenta con la edad aunque pueden desarrollarse en la juventud, disminuye la incidencia al aumentar el número de hijos y se eleva en caso de menopausia tardía y en antecedentes familiares de cáncer de mama, endometrio y colon.

El empleo de anticonceptivos orales, al contrario de lo que mucha gente supone, no solo no aumenta la frecuencia de desarrollar un cáncer genital, sino que la disminuye en algunos casos como en el cáncer de ovario y el de endometrio.

¿Cómo prevenirlos?

  1. Hazte al menos una revisión ginecológica anual

  2. Acude a tu médico ante cualquier alteración del flujo o sangrado anormal.

  3. Deja de fumar.

  4. Previene las enfermedades de transmisión sexual (hábitos, métodos de barrera).

Las principales armas diagnósticas-preventivas de que disponemos son: la citología cervico-vaginal, la citología endometrial, el microlegrado (toma de endometrio con una fina cánula que se introduce a través del cérvix), la colposcopia (visualización del cuello mediante unos binoculares que lo amplían), la ecografía transvaginal (mediante una sonda especial que se introduce vía vaginal quedando a escasa distancia del útero y los ovarios mejorando la resolución de la imagen), la histeroscopia (visualización de la cavidad uterina con una óptica introducida por el cuello), la biopsia y las determinaciones analíticas.

 
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