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TIBET

La región del Tibet es una de esas partes del mundo en el que el tiempo se detiene para extasiarse en la belleza de sus montañas y en la crudeza de su paisaje. Zona semiárida, azotada por el frío y flanqueada por tres formaciones montañosas, esta región ha permanecido al abrigo de su historia, su pasado y su religión, el budismo. Viajar al Tibet es conocer la parte espiritual de Asia, la magnitud de la naturaleza en estado puro y la franqueza y hospitalidad de sus habitantes.

 

Situada en la zona fronteriza del suroeste de China y en la parte suroccidental de la meseta Qinghai-Tibet, la región autónoma de Tibet se encuentra flanqueada por la región de Uigur Xinjian y la por la provincia de Qinghai en la zona norte, la provincia de Sichua por el este y de Yunnan por el suroeste y con Myanmar, India, Bután, Sikkim y Nepal por el sur y oeste. Con casi el 12,8 por ciento de la superficie total de China, la región de Tibet ocupa una extensión total de 1,22 millones de kilómetros cuadrados, ocupando unos cuatro mil kilómetros de frontera nacional china. La capital del Tibet es Lhasa, también la ciudad más grande de toda la región.

Esta región autónoma es conocida como el "techo del mundo", no en vano su altitud media sobre el nivel del mar es superior a los cuatro mil metros. El Tibet también es una de las regiones más aisladas del planeta, ya que se encuentra casi completamente rodeada en tres tres partes por los sistemas montañosos del Himalaya al sur, el Karakoram al oeste y las montañas Kunlun al norte. Los montes Himalaya, erguidos en el borde sur de la meseta Qinghai-Tibet, tienen una longitud de 2.400 kilómetros y un promedio de altitud de 6.000 metros sobre el nivel del mar. En ellos se localizan muchas de las grandes cimas del mundo, como son el monte Everest (8.848 m.), el Namcha Barwa (7.756 m) y el Gurla Mandhata (7.728 m).

Clima y recursos naturales

En cuanto al clima, el clima es generalmente seco, y en la mayoría de la región no se registran más de cuatrocientos sesenta milímetros de agua entre nieve y agua anualmente. El Himalaya actúa como barrera natural para el monzón, por lo que disminuyen las precipitaciones de sur a norte. Las nieves perpetuas se encuentran a 4.800 metros de altitud, no bajando en la cordillera de los seis mil metros. El clima del Tibet es semiárido, siendo la zona suroeste la que mayor cantidad de lluvias recibe al año. La temperatura media ronda los 1,1º C, aunque son frecuentes los descensos repentinos de la temperatura después del atardecer.

A pesar de ser una región rica en recursos minerales, su economía ha estado siempre subdesarrollada. Yacimientos de oro, hierro, carbón, sal y bórax, son algunos de los recursos más importantes. En cuanto a sus recursos agrícolas, lo que más se produce en esta región son los cereales como el trigo y la cebada. La manteca de yak o del mdzo-mo (cruce de yak y vaca) constituye la base principal de la dieta de los pobladores del Tibet.

Fauna y flora
Como región divisoria entre los mares que bañan Asia, en el Tibet nacen muchos de los principales ríos del continente como el Brahmaputra, el más importante de la región; los ríos Indo, Ganges y Sutlej. El río Saluén nace en el Tibet central y los nacimientos del Mekong, Yangtzé y Huang He se hallan en la zona septentrional. La meseta de la parte septentrional está salpicada de numerosos lagos salobres, entre los que se incluyen el Ngangla Ringco al oeste y el Nam Co al este.

Las áreas de bosque se reparten diseminadas entre las zonas más septentrionales y orientales. Pero es en los valles de los río Brahmaputra, Indo y Sutlej donde se concentra la mayor parte de la flora, destacando las especies de coníferas, el roble, el ciprés, el chopo y el arce. En los valles fluviales se cultivan manzanos, perales y otros frutales.

En cuanto a la fauna salvaje, se pueden encontrar alces almizclados, ovejas salvajes, cabras, asnos y antílopes tibetanos. También existen algunos ejemplares de leopardo, tigre, varios tipos de osos, el lobo, el zorro y el mono. Aves como la oca, las gaviotas, cercetas y otras acuáticas como el faisán y el pato componen el paisaje faunístico de esta vasta región de Asia.

Población

El Tibet tiene una población de 2,4 millones de habitantes, según datos correspondientes a 1997, entre la que destaca una importante masa de población de carácter nómada o seminómada. A pesar de su extenso territorio, posee la densidad de población más elevada de todas las regiones de chica con 1,9 hab./Km2. Lhasa, la capital, es la única ciudad importante con 161.788 habitantes. Las etnias que forman al pueblo tibetano son la tibetana, principal etnia, a la que se han agregado otros pueblos fruto de la emigración como nepalíes, indios y chinos fruto éstos últimos de políticas de repoblamiento del gobierno chino. También se pueden encontrar otras etnias, como chinos musulmanes (Hui), Hu, Monba y otras minorías.

La mayoría de las personas que componen la población tibetana tienen el mismo origen étnico, han practicado la misma religión y hablan el mismo lenguaje. El dialecto de Lhasa es la lengua "oficial". Se trata de un lenguaje con dos niveles el zhe-sa (formal) y el phal-skad (vulgar).

Hasta 1951, viajar por el Tibet sólo era posible a pie o a lomos de algún animal. Los tibetanos utilizaban para desplazarse a través de los ríos de la zona los "coracles" (pequeños botes hechos de mimbre y cuero). El gobierno de Tibet obstaculizó el desarrollo de los transportes modernos para evitar el acceso de los extranjeros al país. Bajo el domino chino, se construyeron redes de carreteras, siendo las más importantes las de Tsinghai y la de Szechwan. Actualmente la autopista Transtibetana recorre la región de oeste a este. La primera línea de telégrafos se construyó en 1904 bajo los auspicios británicos entre Kalimpong y Chiang-Tzú. El primer enlace aéreo entre el Tibet y Pekín se inauguró en 1956. En la actualidad el aeropuerto más importante de la zona se encuentra en Lhasa.

A pesar de que el budismo chino se introdujo en el Tibet hace miles de años la principal enseñanza budista proviene de la india. Tibet constituye el centro espiritual de lamaísmo, una forma más desarrollada del budismo esotérico. Esta variante religiosa cobra su protagonismo principal en las zonas del Tibet y Mongolia. La primera orden de los monjes y lamas se estableció en el año 747 de nuestra era, expandiéndose con rapidez por toda la región. La actividad de los lamas consiste principalmente en recitar oraciones y textos sagrados entonando himnos al compás de trompetas y tambores. El clero de los lamas es convocado tres veces al día para la oración mediante el tañir de una pequeña campana. Los ritos religiosos que practican los lamas implicaban el uso de rosarios, ruedas y banderas de rezos, además de reliquias santas, amuletos, talismanes y conjuros místicos.

Con la llegada del comunismo chino, la religión ha sido severamente restringida. Se estima que casi 2.700 monasterios budistas han sido destruidos por la acción represora de las autoridades.

Qué hay que ver en el Tibet

Como cita indispensable en un viaje al Tibet, está la ciudad de Lhasa, la capital. En ella se encuentra el Potala, antiguo palacio de invierno del Dalai Lama y símbolo de la ciudad, o el Jokhang, el templo más sagrado de toda la región, hacia donde peregrinan los practicantes de esta religión. En Lhasa se puede apreciar el espíritu comerciante que poseen los habitantes de estas tierras recónditas. En los alrededores del templo sagrado se pueden encontrar en sus circunvalaciones mercadillos conocidos como Barkhor.

Tras la salvaje persecución producida por la Revolución Cultural china, en la actualidad se están reconstruyendo muchos monasterios que salpican, tanto la capital como cualquier rincón de la región. Las autoridades chinas han cambiado la represión activa y violenta por una estrategia de permitir el culto de forma controlada. De esta forma los monasterios se convierten de nuevo en los centros de las poblaciones tibetanas, pero celosamente supervisados por el gobierno. Gandem, Sera, Dreprung, Tashilumpa y Samye son algunos de los monasterios más importantes, pero principalmente en los más pequeños se podrá disfrutar de la hospitalidad de los monjes.

El Tibet es un lugar que deja su impronta en el viajero. Su paisaje, su religión, sus gentes, poseen una tenacidad y espiritualidad especiales, curtidos por el viento y el frío, son hospitalarios y amables. Una extraña mezcla entre naturaleza y misticismo.

 
 
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