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¿CÓMO PONERLE LÍMITES A LOS NIÑOS?

La disciplina es uno de los aspectos fundamentales que todo niño necesita desde pequeño para prepararse para la vida y tomar decisiones correctas.  Quienes la imponen son los padres o tutores y es por eso que es necesario que estén conscientes de lo que realmente necesitan sus hijos para ser felices y también para formarlos desde sus primeros años de vida.

 

Muchos padres creen que decirle no a sus hijos es demostrarles que no los quieren, pero esto nada tiene que ver con el amor.  Otros suelen ser demasiado rígidos al educar.  Sabemos que la formación de tus hijos no es una tarea fácil, pero sí te podemos asegurar que el equilibrio en la educación es la base de todo.  Ni ellos pueden ser unos niños descontrolados ni tú puedes pasarte toda la vida  regañándolos.

¿Por qué hay que poner límites?

Establecer reglas le ayuda a tus hijos a tener confianza en sí mismos y a fortalecer su autoestima.  Saber que sus padres distinguen lo que está bien de lo que está mal, constituye un gran alivio para un niño.

Las normas también les fomentan tolerancia hacia la frustración, es decir, los niños deben entender que no siempre pueden hacer lo que deseen, aunque llores.  Si desde pequeños  se acostumbran a seguir las reglas de conducta que sus padres les impusieron, será más fácil seguir en la misma línea de educación.

Es aconsejable que ante todo trates de ser amiga de tus hijos, que entiendas sus necesidades y que no olvides que, al fina y al cabo, son niños.  Si por ejemplo, vas al supermercado con tu hijo y señala un dulce, actúa con normalidad y no principies negándoselo:  sé que quieres ese dulce, se ve delicioso, pero no te lo voy a dar ahora porque primero tienes que comer, ¿qué te parece si lo guardamos para el postre?.

Si eres consistente con este método, aunque tu hijo continúe llorando, es probable que evites mucos berrinches.  Si es muy pequeño para comprender, tienes que usar un límite psicológico para que entienda.  No le expliques que no puede entrar a tu oficina (estudio de tu casa) porque tienes papeles importantes, mejor cierra la puerta con llave.  De esa manera le quedará bien claro.

9 maneras de poner límites y obtener mejores resultados

Quizás has probado todo tipo de estrategias y no consigues buenos resultados con tus hijos.  ¿Acaso tu día estuvo invadido de berrinches, conflictos a la hora de comer, peleas entre hermanos, mentiras y demás melodramas?  Según los psicólogos, la solución no está en el castigo que impongas.  Los castigos son efectivos para lograr que los niños se porten bien, pero son sólo una parte del comportamiento.

La disciplina y los límites son un conjunto de métodos para que los niños tengan actitudes adecuadas.  No hay que confundir la disciplina con el castigo, se puede disciplinar sin necesidad de castigar.  No intentes ser un sargento, mejor sé un guía que los aliente a ser mejores personas.  Aquí tienes algunos consejos efectivos:

Da razones:
Trata de decirles los motivos por los cuales les pides que hagan algo o que dejen de hacerlo.  No te ahorres la explicación, aunque esto sea más sencillo, porque a la larga no da resultado.  Si le dices a tu hijo: no tomes mis tijeras del costurero, puede pensar que eres egoísta.  Si en cambio le dices: mis tijeras tienen mucho filo y te puedes cortar, entenderá mejor tu respuesta porque es razonable.  Sólo en caso de que tengas una emergencia o cuando estés completamente segura de que conoce las reglas dile: hazlo porque lo digo yo.

Deja que opinen:
Si fomenta que tus hijos participen en la creación de las normas de la casa, será mucho más sencillo que las cumplan y las entiendan.

Además, ellos sentirán que ejercen control sobre su propia conducta y esto los hace madurar.  Permite que tomen decisiones sin perder de vista losa límites.

Establece normas reales:
Antes de fijar reglas debes tomar en cuenta si tu hijo las puede llevar a cabo.  Si, por ejemplo, le dices que no juegue con sus videojuegos cuando llegue de la escuela, pero tú llegas a casa a las siete, es difícil que pueda cumplir esta regla.

Fija las reglas de antemano:
Existen ciertos límites que se vuelven reglas familiares y no son negociables;  de hecho, se deben memorizar: puedes comer un dulce cuando hayas terminado de comer.  Estas normas ya están establecidas y no necesitas dar explicaciones.  Hay otras normas que surgen por necesidad y ameritan explicación: no puedes soltar mi mano en el centro comercial porque hay mucha gente y te puedes perder.  En este caso, seguramente tendrás que repetir la regla varias veces porque es nueva y tiene que adaptarse a ella.  Después quedará sobreentendida.

Establece límites razonables:
Es necesario adecuar tus expectativas a la realidad.  Para ello tienes que tomar en cuenta la edad de tu pequeño y la manera tan distinta en que ve el mundo en ese momento.  Por ejemplo: su concepto de un cuarto ordenado puede ser diferente al tuyo.  Los niños, por más niños que sean, respetan las reglas que son razonables y que consideran que les ayudan.

Es preciso que los padres reflexionen los motivos por los cuales exigen el cumplimiento de una regla para descartar que sea un mero capricho.  Si los padres son caprichosos al educar, los hijos no sabrán a qué atenerse en cada momento y se descontrolarán.

Sé coherente:
Depende de los papás que los niños cumplan las reglas.  Si tú y tu esposo no se ponen de acuerdo en las normas que les imponen y en la manera en que van a hacerlas cumplir, tus hijos seguirán desobedeciendo.  Es muy común ver que cada uno establece diferentes reglas o boicotea las del otro, lo que trae como consecuencia que los hijos crezcan en un ambiente confuso.  Una manera para estar de acuerdo en las reglas familiares es que cada uno haga una lista con los límites que considere pertinentes y la manera de implantarlos.  Discutan esos puntos juntos, ninguno de éstos será coherente a menos que los dos estén totalmente convencidos.  Si alguien cuida a tus hijos mientras tú no estás, es necesario que le expliques a esa persona los lineamientos a seguir.

Sé clara:
Es importante que manejes un lenguaje concreto y definido con tus hijos.  Cuando les des instrucciones escribe hasta los detalles más pequeños.  Si le dices a tu hijo: no tires agua en la cocina, no te asombres si lo descubres tirando agua en el comedor.  También debes ser clara en el tiempo, si piensas que determinada cosa debe hacerse en 2 horas, tu hijo no entenderá este concepto.  Haz la prueba de sustituir los límites vagos por los específicos.  Un límite vago sería: tienes que ser ordenado; uno específico:  Guarda tus útiles escolares en tu mochila antes de irte a dormir porque cuando te levantes perderá tiempo y llegarás tarde a la escuela.

No siempre digas no:
Las reglas de disciplina casi siempre están acompañadas de una negativa: no le peques a tu hermano, no digas malas palabras, no me contestes, no…  Aunque muchas veces es necesario decirlo, trata de reducir el uso de este monosílabo pues si lo haces frecuentemente puedes confundir al pequeño porque no sabe lo que se espera de él.  Acostúmbrate a decir haz en lugar de no hagas, es mejor plantear la disciplina en términos positivos.  En lugar de decir: no saltes en el sillón, puedes decir: si quieres estar en el sillón, tienes que estar sentado.

Utiliza reglas simples:
El vocabulario que uses con tus hijos al momento de establecer reglas o de dar explicaciones es fundamental.  Si el mensaje es demasiado largo es probable que tu hijo no lo entienda y haga lo que le venga en gana.  Usa frases cortas y la menor cantidad posible de palabras.  Pídele a tu hijo que repita lo que le dijiste, es la única manera de saber si realmente procesó el mensaje.  Si hay un error en lo que dice  u omite información, con esta técnica tendrá oportunidad de corregirlo antes de que sea tarde.

 

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