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LOS ADOLESCENTES Y EL ALCOHOL

Sin pensarlo dos veces, un niño se toma una cerveza en la fiesta. Y ve su efecto: está más relajado, habla fluidamente, se atreve a acercarse a esa niña tan bonita. Lo encuentra rico y consume en situaciones sociales.
La mayoría queda ahí, pero alrededor del 10% se transforma en alcohólico.

 

Aunque en las últimas décadas ha variado la definición de esta enfermedad, existen dos conductas que definen esa condición. Un joven es alcohólico cuando necesita tomar todos los días o cuando se emborracha cada vez que toma porque no tiene capacidad de parar.

La importancia de la genética:

Pero el componente genético, también es determinante. Estudios norteamericanos han comprobado que el cerebro de ciertas personas convierte el alcohol en una sustancia química de gran dependencia.

El cuerpo humano transforma el alcohol en acetaldehído, sustancia muy tóxica, que, luego de un proceso químico, felizmente se elimina como dióxido de carbono y agua. En personas genéticamente predispuestas, en cambio, una pequeña cantidad del venenoso acetaldehído no es eliminada y se va al cerebro donde se convierte en productos que pueden causar dependencia.

Esta sustancia, la misma que produce el cerebro con la heroína, es un sedante de fuerte grado de adicción. Su cerebro va guardando esta sustancia hasta que, en algún momento de la vida, se transforma en alcohólico. No se sabe por qué a algunos les ocurre de jóvenes y a otros, ya jubilados. Lo cierto es que esa persona se siente impulsada a beber aunque sabe que se está dañando. Pierde el control sobre su consumo y el dejarlo trae síntomas de abstinencia, como ansiedad y temblores. Está enfermo.

Enseñar a tomar desde chico: la gran mentira

Con estos descubrimientos se echa por tierra la idea de enseñar a tomar. En muchas familias se sirve a los niños un poco de vino u otro trago para que aprendan. Esto hará que les guste, tomen y, sin saberlo, acumular esa sustancia nociva. Antes el control social era más fuerte. No había tanto acceso al alcohol, ni plata y era mal visto emborracharse. Ahora es más fácil. Por eso es importante tener presente que, por genética, unos tienen mejor "cabeza" que otros. Mientras más tarde "aprendan a tomar", mejor.

Tomar las decisiones adecuadas

Por otra parte, una manera de evitar que los hijos sigan los dictados del grupo es enseñarles a confiar en sí mismos. La base se establece en la infancia. Pero nunca es tarde para empezar a desarrollarles la seguridad confiando en ellos y apreciándolos. Los jóvenes necesitan aprender a tomar decisiones, evaluar los costos y beneficios, los riesgos y consecuencias de lo que quieren hacer. Así sabrán elegir por sí mismos.

Predicar con el ejemplo

Pero, para ir contra la corriente, es necesario también padres que sirvan de modelo de comportamiento, es decir, que no vivan en torno a las bebidas alcohólicas vespertinas o al trago a toda hora. Poner límites y saber dónde están los hijos y con quién, sin distinción de edades ni sexos. Además de estar informados para conversar en un clima de respeto. Muchos no quieren oír hablar del tema. Por no hacerse problemas, sentirse frustrados o defraudados. Los padres le entregan toda la responsabilidad al colegio. Pero hasta el padre menos idóneo está mejor preparado que cualquier especialista para enfrentar estos temas.

Pero no hay que olvidar que la ciencia ha probado que el alcoholismo es una enfermedad y que, con el tratamiento adecuado, se puede mejorar.

 

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