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LOS PELIGROS DE QUERER ADELGAZAR BRUSCAMENTE

Todos los años sucede lo mismo. Cuando el buen tiempo empieza a tener presencia en la vida cotidiana, comienza también a desarrollarse la obsesión por perder los kilos que durante el invierno nuestro cuerpo ha cogido. Y es entonces cuando se recurre a las mil y una "soluciones mágicas" que desde los medios de comunicación nos hacen llegar: píldoras, hierbas y demás "sustitutivos" de las comidas, dietas "mágicas", operaciones estéticas con increíbles garantías, y un sinfín más de "respuestas" a los problemas de sobrepeso.

 

Y es que, según algunos estudios, el consumo de productos dietéticos para adelgazar aumenta antes de verano entre un 30 y un 40 por ciento respecto al resto del año. El origen de todo ello: el 20% de los españoles sufre obesidad y, además, casi la mitad de la población tiene sobrepeso (antesala de la obesidad), datos que hacen de nuestro país un verdadero hervidero de personas que realizan dieta, y más especialmente ante la llegada del verano.

Los expertos en nutrición alertan sobre la escasa fiabilidad de estos métodos para lograr la tan ansiada figura de cara al estío. La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) se movilizan para concienciar a las autoridades sanitarias y a la opinión pública sobre la enorme cantidad de información confusa que se publica en los medios de comunicación, haciendo especial hincapié en los peligros que conllevan los métodos que prometen perder peso de forma rápida y sin esfuerzo, que carecen del menor fundamento nutricional y científico.

Los problemas surgen cuando los métodos que se utilizan para alcanzar ese cuerpo diez que todos deseamos son no sólo una mentira, sino también un peligro para nuestra salud, además de un fraude para nuestro bolsillo.

Estos regímenes pueden llegar a causar desde caída del cabello, deshidratación, insomnio o estreñimiento, hasta taquicardias, depresión, hipertensión, colesterol o un coma. Es por ello que siempre se recomienda ponerse en manos de un especialista que determine el tipo y cantidad de alimentación que necesita cada persona para que la reducción de peso sea equilibrada. Pero los problemas surgen también cuando ese especialista al que se acude no es tal.

Los peligrosos "milagros" de las dietas populares

Las tan conocidas y populares "dietas milagrosas", basadas mayoritariamente en falsas creencias, conducen a desequilibrios en el organismo, con repercusiones más o menos graves para la salud. Se trata, generalmente, de dietas en las que predomina un macronutriente (proteínas, grasas o hidratos de carbono), por lo que el régimen tiende a resultar además de monótono y poco apetecible, un verdadero riesgo, ya que conduce a un importante desequilibrio nutricional. Como consecuencia, quienes siguen este tipo de dietas optan por comer menos y su peso disminuye por una baja y poco saludable ingesta calórica.

En el caso de las dietas pobres en proteínas (dieta de la uva, del pomelo, del yogur, de la pasta, etc.), desciende la presión arterial e incluso se han dado casos de arritmias cardiacas intratables.

Cuando se trata de una dieta rica en proteínas y pobre en hidratos de carbono, ésta puede ocasionar descalcificación ósea y daños renales por exceso de nitrógeno. También puede provocar fatiga y mareos por falta de hidratos de carbono, ya que la glucosa, un sustrato deficiente en estas dietas, es la fuente de energía preferida por el organismo. Además, estos regímenes producen una gran pérdida de líquido y electrolitos, lo que favorece la deshidratación y elevan los niveles de colesterol y triglicéridos, factores de riesgo cardiovasculares. A todo ello hay que añadir que aumentan los niveles de ácido úrico y pueden provocar ataques de gota en personas con hiperuricemia (niveles de ácido úrico alto).

Las dietas ricas en grasa y colesterol constituyen una de las formas más peligrosas y extendidas en el tratamiento de la obesidad. Se basan en una reducción de la ingesta de hidratos de carbono, que se sustituyen por grasa. Al aumentar los niveles de colesterol y de triglicéridos en sangre, aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Por su parte, en los regímenes sin grasa, aquellos que no permiten tomar aceites, mantequilla, margarina ni cualquier otro tipo de grasa, hay riesgo de carencia de ácidos grasos esenciales y vitaminas liposolubles (A, D, E).

También existen otro tipo de dietas que consisten en consumir una gran cantidad de un determinado alimento (Un buen ejemplo es la conocida "dieta de toronjas": lunes arroz, martes carne, miércoles huevos...). Pueden producir trastornos digestivos y psíquicos, ya que rompen el ritmo alimentario normal.

El principal riesgo de estas dietas reside en la inadecuada manera en la que se pierde peso con ellas. No obstante, resultan del todo ineficientes para lograr pérdidas de peso sostenidas, ya que además de ser peligrosas para la salud, no enseñan a adquirir hábitos alimentarios correctos ni garantizan que se mantendrá a largo plazo la pérdida de peso. Es más, es habitual que provoquen el denominado efecto rebote o yo-yo, es decir, que en cuanto la persona deja de realizar la dieta, adquiere incluso más peso del que había perdido.

Si a esto se añade además que a estas dietas se las acompañe productos o preparados diuréticos, laxantes, etc... no del todo comprobados científicamente, el riesgo es aún mayor. Ya han sido retirados del mercado varios de estos adelgazantes por los graves efectos secundarios que provocan (fenfluramina y de dexfenfluramina, hace ya algunos años, sibutramina, en Italia hace poco tiempo, y hierbas como Aristolochia fangchi). También se han detectado anfetaminas, hormona tiroidea y sustancias ilegales en la composición de pastillas y fórmulas magistrales recetadas para perder peso.

¿Y cuando recurrimos a la cirugía?

La cirugía estética se ha impuesto hoy en día como uno de los métodos más eficaces para conseguir el cuerpo deseado, y a ella recurre cada vez un mayor número de personas insatisfechas con su físico. Además, la reducción del coste de las intervenciones, así como las facilidades de pago que desde las distintas clínicas se ofrecen, han convertido este servicio en uno de los negocios más rentables de los últimos tiempos.

Las nuevas técnicas de la cirugía estética son en la actualidad más seguras y menos agresivas que antes, y sus secuelas son ahora también menos visibles, lo que ha provocado que el miedo que se tenía a este tipo de operaciones haya disminuido entre la población general. Sin embargo, estas prácticas quirúrgicas siguen siendo un asunto serio, ya que a los riesgos que siempre conlleva cualquier operación hay que sumar también en este caso, el proceso de preparación y, en ocasiones, un postoperatorio complicado en el que pueden surgir multitud de problemas.

En cualquier caso, el número de intervenciones de este tipo no ha dejado de aumentar en los últimos años. Según la Sociedad Española de Medicina y Cirugía Estética, desde 1992 hasta hoy, el número de operaciones estéticas ha crecido en un 150%. La tasa de hombres que han pasado por el quirófano ha sido la que más ha crecido.

Sin embargo, este tipo de "solución" para conseguir un cuerpo perfecto acarrea también una serie de peligros importantes. En el año 2000, la Asociación Defensor del Paciente recibió un 30% más de denuncias por negligencia que el año anterior. Y es que se estima que en España hay cerca de 5.000 médicos que ejercen este tipo de cirugía sin titulación propia. Las consecuencias van desde un mal resultado a nivel estético hasta complicaciones médicas irreparables o incluso la muerte.

La mejor solución, una vida sana

Está más que comprobado, el único modo saludable de adelgazar es seguir una dieta adecuada a la situación personal y condiciones de vida de cada persona. Un método de más largo plazo que los regímenes populares pero con una mayor garantía de cara al futuro y, sobre todo, un modo más sano de obtener un mejor físico.

Todos los especialistas coinciden en que estar delgado supone ciertos sacrificios (especialmente para aquellos que poseen una predisposición genética a acumular kilos) y que la única manera segura y efectiva de evitar el sobrepeso es cambiar los estilos de vida. Y, por ahora, la única fórmula realmente eficaz para perder peso de forma saludable es seguir una dieta sana y equilibrada (en la que se incluyan todos los grupos de alimentos en cantidades adecuadas) y hacer ejercicio habitualmente.

Un buen plan de alimentación debe cubrir nuestros requerimientos diarios de nutrientes y mantenernos saludables, a partir de nuestro sexo, edad, altura, actividad física, y hábitos. Hay que adoptar una dieta personalizada que incorpore todos los grupos de alimentos (cereales, carnes, frutas y verduras y lácteos) de la pirámide nutricional.

Todo ello no hace más que corroborar que la solución al sobrepeso reside en aprender a alimentarse. Rebajar la cantidad ingerida, controlar los fritos, limitar el alcohol, beber mucho agua, tomar lácteos desnatados y hacer ejercicio son las únicas pautas a seguir.

Uno de los puntos más importantes es que este régimen debe estar elaborado y prescrito por un especialista en nutrición. "La función del profesional no es sólo indicar una dieta, sino educar al paciente para que aprenda a elegir los alimentos más convenientes. De esa manera, una vez lograda la meta deseada, el paciente podrá mantenerse sabiendo cuáles son los alimentos permitidos y por qué", afirman los especialistas en dietética. Además, ninguna dieta seria hace perder más de dos kilos por semana, en promedio. Es decir, que un cuerpo diez no se consigue en dos días, ni se logra sin esfuerzo, por mucho que así nos intenten hacer creer.

 

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