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DESCUBRE TU TIPO DE PIEL

Saber reconocer nuestro tipo de piel es el primer paso para aprender a prestarle los cuidados adecuados. Cada tipo de cutis responde a unos síntomas y una apariencia concreta que nos aportan los datos necesarios para poder realizar un diagnóstico.

 

Piel Normal
De aspecto delicado, suave y saludable es la menos problemática de todas. Sin embargo, este equilibrio aparentemente perfecto puede alterarse por causas de origen externo o interno.

Cuando una piel normal presenta tendencia hacia la grasa: con brillo y espinillas o comedones en la nariz y barbilla se la suele denominar incorrectamente piel mixta. En realidad, es un desequilibrio bastante frecuente en los cutis normales con tendencia a padecer grasa en la zona T (mentón, nariz y frente).

En otras ocasiones, puede darse el caso contrario, cuando aparecen ligeros signos de sequedad alrededor de los ojos, boca, cuello, etc. Se trata entonces de un cutis normal con tendencia a la sequedad extrema y la deshidratación. Este problema suele presentarse a partir de los 40 años en la mayoría de las pieles.

Los desequilibrios en una u otra dirección deben empezar a regularse desde el primer síntoma. Para neutralizar la tendencia grasa (mixta) debe insistirse en la exfoliación suave y una limpieza profunda de las zonas afectadas.

En este caso, resulta conveniente sustituir la nutrición por una hidratación ligera por medio de fórmulas libres de aceites. Cuando se presenta la tendencia hacia piel muy seca, se debe ofrecer un extra que aumente el nivel de hidratación con mascarillas hidro-nutritivas y productos ricos en activos suavizantes y emolientes.

¿Cómo reconocerla?

  • Aspecto liso y delicado.

  • Color rosado uniforme.

  • Brillo moderado mate.

  • Grano menudo y poros invisibles.

  • Sin lesiones ni descamaciones.

  • Tendencia a grasa en la juventud (mixta) y a seca con la edad.

  • Tolera bien el jabón sin sensación de tirantez.

  • Aparición de arrugas con la edad.

    ¿Qué cuidados necesita?
     

  • Limpieza diaria (mañana y noche),

  • Hidratación y foto-protección (mañana)

  • Nutrición (noche).

  • Exfoliación y mascarillas hidro-nutritivas cada semana.

  • Utilizar siempre productos indicados para piel normal, normal-seca o normal-grasa o mixta. Los cuidados cosméticos además de adecuarse al tipo de piel deben tener en cuenta la edad o el estado de la misma. A partir de los 25 años se pueden aplicar cosméticos anti-envejecimiento.

     

    Piel Seca
    A menudo suele ser una piel fina, delicada, frágil y transparente, desprovista de parte de la grasa superficial que constituye el film hidrolipídico que actúa como protección natural. Carece de brillo superficial y tiene los poros cerrados. Puede mostrar signos de descamación y sensación de tirantez, incluso puede llegar a presentar irritación y enrojecimiento.

    Es una piel ciertamente delicada que si no se cuida adecuadamente puede tornarse sensible. Necesita sobre todo mucha protección frente a las agresiones del medio ambiente con cremas de efecto barrera con carácter untuoso que aumenten su confort y elasticidad.

    Uno de sus mayores inconvenientes es la presencia de signos de envejecimiento antes de tiempo. Lo que se ha dado en llamar envejecimiento prematuro puede surgir como consecuencia de excesos solares y falta de protección. Se manifiesta en forma de pronunciadas líneas de expresión alrededor de los ojos (patas de gallo) y entre la nariz y la boca con un rictus marcado o en los pliegues del fumador enmarcando los labios.

    Este tipo de piel agradece la aplicación de mascarillas hidratantes dos veces por semana y fórmulas multiactivas ricas en principios activos que ayuden a proteger, hidratar y nutrir.

    ¿Cómo reconocerla?
     

  • Aspecto mate: apagado y sin brillo.

  • Tono blanco rosado.

  • Grano fino y poro muy cerrado.

  • Tacto áspero, se descama con facilidad y padece eccemas.

  • Fina y poco elástica.

  • Tendencia a padecer arrugas en el contorno de ojos y boca.

  • Sensación de tirantez.

  • Irritable en presencia de jabón.

    ¿Qué cuidados necesita?

  • Limpieza suave (mañana y noche)

  • Hidratación-foto-protección (mañana)

  • Nutrición (noche)

  • Exfoliación suave una vez por semana o cada quince días.

  • Mascarillas hidratantes dos veces por semana.

  • Con productos recomendados para cutis seco del tipo emulsión agua en aceite muy emolientes y untuosos para suavizar. Pueden empezar a utilizar la nutrición y los tratamientos anti-edad a partir de los 20 años.
     

    Piel Grasa
    Es el resultado de una producción excesiva de sebo que alcanza su punto álgido en la pubertad (acné) y va disminuyendo con la edad, y muy rápido a partir de los 45 años hasta desaparecer por completo en la madurez.

    Se reconoce con facilidad por un brillo más o menos pronunciado en todo el rostro que se acusa especialmente en la zona T (barbilla, nariz y frente). Suele tener un tacto áspero y un tono deslucido. Los poros se hacen visibles y pueden llegar a dilatarse y obstruirse con frecuencia por lo que habrá que guardar una limpieza absoluta, así como evitar tocarse con los dedos.

    El aspecto “empedrado” de la piel grasa culmina en los casos más graves con la aparición de grupos de granos, susceptibles de inflamarse e infectarse. La única ventaja de este tipo de piel es que manifiestan más tarde las arrugas ya que la grasa les protege, pero esto no las exime de utilizar protección solar igual que en el resto de los casos.

    Con unos hábitos cosméticos regulares las pieles grasas pueden alcanzar su equilibrio. Es recomendable realizar una o dos veces por semana una limpieza extra con exfoliación incluida y mascarilla limpiadora, la frecuencia del tratamiento dependerá del nivel de secreción sebácea.

    ¿Cómo reconocerla?
     

  • Aspecto brillante en la frente, nariz y barbilla.

  • Color cetrino y tacto viscoso.

  • Poros visibles y dilatados.

  • Tendencia a granos, espinillas, puntos negros y acné.

  • Gruesa y elástica.

  • Tolera bien el jabón.

  • Sin arrugas.

    ¿Qué cuidados necesita?
     

  • Limpieza profunda (mañana y noche)

  • Hidratación libre de aceites (mañana)

  • Exfoliación semanal siempre que no haya granos.

  • Mascarillas limpiadoras, purificantes o desincrustantes.

  • Extracción de impurezas.

  • Con unos hábitos cosméticos regulares este tipo de piel puede conseguir el equilibrio.
     

    Piel Sensible
    Cualquier tipo de piel puede volverse sensible si se ve sometida a una serie de circunstancias capaces de irritarla lo suficiente. Nuestra piel se enfrenta a un mundo cada vez más agresivo y contaminado. Este hecho produce una serie de reacciones en cadena con un epicentro conocido: los radicales libres, que la maltratan y exasperan más de lo normal, elevando al límite su grado de sensibilidad.

    Los cambios climáticos bruscos, la polución ambiental y la intensidad incisiva de las radiaciones solares nos rodean y el único órgano que hace frontera entre todos esos agentes externos y nosotros mismos es la piel. Si queremos mantenerla a salvo del desastre, debemos prestarle ayuda urgente.

    La hidratación y la protección son las mejores armas porque surten un efecto barrera que nos aisla de un medio ambiente cada día más hostil. Pero toda la culpa no proviene del exterior, muchas veces la procesión va por dentro: estrés, comida basura, incluso un mal uso y abuso de cosméticos pueden ser la causa.

    Las pautas para reconocer si tenemos la piel sensible son tan claras como molestas: sensación de ardor, prurito, deshidratación y perturbaciones de la microcirculación. Este síndrome de sensibilidad extrema no llega a tener la categoría de enfermedad, aunque los dermatólogos admiten que se trata de un problema real y complejo.

    El tratamiento más adecuado consiste en fórmulas cosméticas específicas para pieles sensibles o intolerantes, cuando el nivel de sensibilidad alcanza la dermatitis atópica. Los principios activos deben ser ricos para proporcionar una alimentación urgente, pero al mismo tiempo deben estar seleccionados con el máximo cuidado para que no sean demasiado agresivos.

    ¿Cómo reconocerla?
     

  • Aspecto frágil y vulnerable.

  • Tonalidad clara, transparente o rosada.

  • Fina y delicada.

  • Poro invisible.

  • Tendencia a padecer rojeces, ardor y tirantez.

  • No tolera bien el jabón.

  • Tendencia a padecer couperosis.

    ¿Qué cuidados necesita?
     

  • Limpieza suave (mañana y noche)

  • Hidratación-foto-protección (mañana y noche)

  • Nutrición ligera (noche)

  • Exfoliación mensual o cada quince días.

  • Mascarillas hidratantes, calmantes o refrescantes.

  • El uso de cosméticos inapropiados puede generar reacciones de sensibilidad, sobre todo las fórmulas perfumadas y con texturas densas. Aplicar productos ligeros que aporten confort y elasticidad. Evitar las limpiezas agresivas.

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