Para una
organización, el grado óptimo de
aprovechamiento de sus talentos se da cuando
las competencias y las preferencias de cada
integrante están alineadas con las
características del puesto que ocupa. Y a la
inversa, para una organización poder
estipular los rasgos distintivos de un
puesto -o función- es imprescindible para
aprovechar al máximo sus recursos humanos.
Esto se resuelve creando valor para el
profesional, para que vea satisfechas sus
motivaciones y se comprometa más con su
trabajo. ¿Pero qué nos compromete a cada
uno? Ciertamente, aquello que nos da
satisfacción.
Si, inversamente
a las empresas, comenzáramos por hacer esta
pregunta, veríamos que la "Gestión del
Talento" comienza en cada persona.
Es muy difícil para cada individuo iniciar
un proceso sistematizado y completo de
reconocimiento de sus propios talentos y
motivaciones, como lo hacen las
organizaciones. Sin embargo, esta tarea se
puede facilitar partiendo de una actividad
que reúne nuestros dones y satisfacciones:
los pasatiempos (hobbies).
Todos tenemos
desarrollada, o en potencia, una pasión por
alguna actividad. Generalmente es aquella
que procuramos realizar cada vez que tenemos
tiempo libre. Armar rompecabezas, escribir
poemas, pescar, cocinar, navegar o componer
música. El esfuerzo de constante superación,
el compromiso hacia el resultado y la
entrega que ponemos en estos hobbies son
percibidos -por nosotros- como la energía
mejor invertida.
Seguramente si
nuestro pasatiempo preferido fuera el
modelismo y alguien nos contratase para
armar modelos a escala, sentiríamos que es
lo mejor que nos puede pasar. En realidad,
sucede. Hay muchas actividades que hacemos
por goce personal y que podrían convertirse
en un trabajo. Muchas de las características
de la economía actual, hacen posible que las
personas -vivan donde vivan- puedan
comercializar sus "talentos".
¿Cuantas
personas conocemos que comenzaron su
negocio, a escala de micro-emprendimiento
"casero" tal vez, desarrollando aquello que
más les gustaba hacer y que mejor hacían?:
Elaboración de tortas, clases particulares
de dibujo y pintura, local de venta de
artesanías, sitios en Internet para los
amantes de tal o cual actividad y cantidad
de empresas explotadas, a partir de lo que
en un comienzo fue un hobby.
El camino para
transformar un pasatiempo en una profesión o
empresa no es breve. Incluso tampoco es
recomendable para todos. Quien disfrute de
un pasatiempo que quiera convertir en su
"trabajo", muy probablemente necesite (al
poco tiempo) adquirir otro nuevo pasatiempo.
Pensemos en Ernesto Sábato: físico en sus
comienzos, de joven escribía por placer
hasta que decidió convertirse en escritor,
publicar sus obras y, entonces, tomó la
pintura durante su tiempo libre. Para muchos
de nosotros, escribir sea todavía algo que
hacemos en nuestras horas de ocio, por
simple satisfacción personal.
¿Usted no tiene
un hobby? Bien, piense un instante. ¿Nunca
lo ha tenido? ¿O lo ha perdido? ¿O no le han
permitido continuar desarrollándolo? En
nuestras sociedades, contradictoriamente,
así como se predica la llamada Gestión del
Talento, no se alienta la práctica de
hobbies con la suficiente fuerza. Incluso
cuando somos chicos, la escuela no nos apoya
lo suficiente para que perfeccionemos
nuestras habilidades en aquello que nos
gusta y que, casualmente, no pertenece a los
programas de estudio.
¿Qué hubiese
sucedido si a Maradona le hubiesen quitado
la pelota, cada vez que salía a hacer
"jueguitos" en su barrio? ¿Se imagina a la
madre de Edison diciéndole que la
electricidad es peligrosa? Seguramente, los
padres de Poe habrían imaginado otro futuro
para su hijo. El cual, a pesar de sus retos,
seguía imaginando historias aterradoras que
contaba a toda la familia. No es difícil
imaginarnos a la madre de Barbara Streissand,
asegurándole a su joven hija que jamás
triunfaría en Hollywood con su inmensa y
desproporcionada nariz...
Todas estas
personas, ejemplares en su campo,
gestionaron sus talentos perseverante e
inteligentemente. Ninguna de ellas aprendió
ni modeló su habilidad en el primer empleo,
ni siquiera en el segundo. Realizaron
trabajos que poco -o nada- tenían que ver
con su pasión hasta que un día, tras años de
templar el talento, salieron a intentarlo.
El Talento, en buena medida, es una cuestión
de insistencia
- Francisco Umbral -