Pero lo cierto
es que la sodomización es tan vieja como el
mundo.
La palabra
sodomización procede de la ciudad bíblica
Sodoma, donde estaba refugiado Lot, sobrino
de Abraham (el patriarca semita). Fue
destruida con fuego divino por la corrupción
de sus habitantes, que el texto bíblico pone
en relación con la homosexualidad
(masculina). Por eso se dio a esa
orientación sexual el nombre de sodomía y a
la práctica del sexo anal el de sodomización.
Sexo anal y
homosexualidad
Durante algún tiempo, la
gente asoció la sodomía exclusivamente con
la homosexualidad masculina. Pero como el
verbo sodomizar significa, en este sentido,
simplemente “penetrar el ano con el pene (o
algo similar)”, se da ese nombre al coito
anal aunque se practique entre parejas de
diferente sexo.
Hoy se habla
tanto del coito anal heterosexual que parece
haberse descubierto recientemente. Pero esa
impresión se debe a que los medios de
comunicación actuales permiten transmitir
las cosas con rapidez a un número mayor de
personas, y todo el mundo parece haber oído
hablar de esto. Mas, la sodomización
heterosexual ha existido desde siempre. Se
conservan un buen número de epigramas
escritos por el poeta satírico
hispanorromano Marcial hace casi dos mil
años dedicados a esa actividad heterosexual.
Durante siglos,
muchos novios la han utilizado para tener
relaciones sexuales sin riesgo a producir
embarazos no deseados y para mantener la
virginidad de la joven. Hoy se utiliza de un
modo experimental y ocasional, para
satisfacer una curiosidad, y, algo menos
quizás, son los que lo practican de un modo
habitual.
Algunos datos
estadísticos
Aproximadamente el 10% de
la población masculina y femenina adulta
tiene una experiencia habitual con el coito
anal. Entre los adolescentes con experiencia
sexual, la cifra apenas supera el 1% lo que
señala que existe un proceso de aprendizaje
y maduración personal antes de admitir tener
este tipo de prácticas. Otro 10% de adultos
jóvenes tienen experiencias accidentales con
el coito anal, que suelen ocurrir bajo los
efectos del alcohol o algún tóxico distinto
en algo más de dos de cada cinco de los
casos (43%).
Algunos estudios afirman
encontrar mujeres que tienen siete veces más
experiencia en el coito anal que algunos
hombres homosexuales. Y parece probado que
las mujeres urbanas con bajos ingresos
suelen tener una experiencia con el coito
anal (entre el 9% y el 38%) superior al de
las universitarias (12%). Lo que, quizás
avala la idea de que el coito anal
heterosexual se usa como medio
anticonceptivo.
Zona erógena para hombres
y mujeres
El ano contiene una rica
inervación que adecuadamente estimulada
puede producir sensaciones voluptuosas
importantes. No en vano estuvo muy ligado a
los genitales en etapas muy tempranas del
desarrollo embrionario. Es, pues, una zona
erógena tanto para los hombres como para las
mujeres. Por eso carecen de fundamento los
temores a que un hombre que disfrute de esas
sensaciones sea homosexual. Temor que tienen
muchos hombres y no pocas mujeres.
Sin embargo, una cosa es
el uso del ano como zona erótica, lo que
incluye caricias externas e intromisiones
más o menos superficiales de algún dedo u
objeto suave y fino, adaptado a la zona, y
otra cosa es el coito propiamente dicho. En
este caso, es el pene el que se introduce en
el ano.
El esfinter anal
es muy potente y se mantiene fuertemente
cerrado de forma constante (ya te imaginarás
por qué), por eso proporciona al hombre
sensaciones intensas cuando lo traspone. Sin
embargo, sólo está acostumbrado a relajarse
en circunstancias evacuadoras muy
específicas. Lo habitual es que permanezca
contraído sobre sí mismo y que al
acariciarlo o intentar la penetración anal,
se desencadene un reflejo de contracción que
puede ser muy intenso y punzante. Por eso,
en personas no habituadas a ello, el coito
anal resultaría doloroso. Hay que tener en
cuenta este dato para actuar con la
delicadeza que requiere la zona.
El ano no se
lubrica durante la excitación sexual, ni
siquiera entre las mujeres más
experimentadas, por eso será necesario
utilizar algún lubricante al agua en
abundancia para facilitar la labor.
La zona no es
estéril desde el punto de vista
bacteriológico, por lo que no se aconseja
pasar al coito vaginal después de haber
realizado una penetración anal. El riesgo de
infección es seguro. Tampoco es limpia, por
lo que una de dos: o la chica se prepara con
enemas para limpiar el interior del recto
antes de mantener relaciones sexuales, lo
que resulta poco romántico, o se utilizan
preservativos para evitar el contacto
directo con materia fecal (disculpa que sea
tan directo). Y no es inmune a las
enfermedades venéreas, por lo que hay que
cuidarse como siempre.
Las posturas
del sexo anal
El coito anal puede
realizarse en las posturas donde el hombre
aborda a la mujer desde atrás (la del
perrito, acostados de lado, etc...), pero
también en la tradicional posición “del
misionero”. En este caso, basta con que el
chico dirija su pene un poco más abajo de lo
habitual y ya está.
Si no estás acostumbrada al coito anal,
puede que al principio contraigas el
esfinter anal de forma refleja y te resulte
dolorosa la penetración. Eso quiere decir
que si bien el coito anal requiere siempre
delicadeza y suavidad, al principio es
necesaria mucha más. Comienza acariciándote
la zona tú misma (poniéndote un preservativo
bien lubricado en el dedo, por ejemplo),
introdúcete un dedo mientras te masturbas y
mantenlo ahí durante el orgasmo. Practica
varias veces. Cuando estés con tu chico,
será él quien realice esos ejercicios con
suavidad y parsimonia.
Primero caricias. Y a tu señal puede
introducir un dedo..., o dos..., y
deslizarlos suavemente en movimientos de
vaivén a través del esfinter de tu ano. Sólo
cuando te consideres preparada, él puede
acariciar la zona, sin intentar la
penetración, con la punta de su pene bien
lubricada. A tu indicación, puede iniciar
suavemente la penetración, parándose cuantas
veces sean necesarias para evitar hacerte
daño.
Cuando la cosa parezca que
va bien, puede concluir la penetración. Que
inicie entonces los movimientos del coito
muy despacito y aumente el ritmo y la
profundidad de la penetración conforme te
vayas acostumbrando a esa sensación. Si él
realiza una penetración poco profunda,
traspasando apenas el esfinter del ano, éste
estimulará directamente su frenillo y no
tardará en alcanzar el orgasmo. Si prefiere
penetrar más profundamente, entrará en el
recto, que es más distendido, y tardará algo
más, pues el estimulo que reciba no será tan
intenso.
¿Produce orgasmos en la mujer?
Pero..., por mucho que te digan tus amigas,
el coito anal no desencadena orgasmos en la
mujer, pues el clítoris no es estimulado ni
de lejos. De modo que para conseguirlos
deberás “asistirte” manualmente o bien
pedirle a tu pareja que lo haga. ¿Me
explico?
Por cierto, ten cuidado dónde lo practicas.
En algunos estados de EE UU es ilegal aunque
lo practiques con tu marido. Si te pillan
por casualidad, pueden denunciarte y verte
en un serio apuro.