Desde los
primeros días de la vida los bebés buscan el
placer a través de los chupetes o la succión
del dedo pulgar. El placer sexual es una
necesidad inherente al ser humano y que se
manifiesta a lo largo de toda la vida. Pero
en la manera de conseguirlo influye de
manera muy directa la educación recibida. La
masturbación siempre se ha concebido como un
acto ligado a la adolescencia y
especialmente a la de los varones. El
despertar de las hormonas, los sueños
húmedos y demás, eran razones que
justificaban esta práctica que para las
mujeres era motivo de vergüenza, aunque en
realidad tanto chicos como chicas la
practicaran. Pero todo esto va cambiando y
las mujeres comienzan a hablar del tema y
reconocer que ellas también se masturban.
La auto
estimulación sexual o masturbación es una
práctica con el fin de obtener placer con el
propio cuerpo y que a la vez ayuda a
conocerse mejor a uno mismo y a su cuerpo.
El sexo no es algo que sólo se concibe con
una pareja. Existe la posibilidad de
conseguir placer en solitario, se tenga o no
pareja, y esto no tiene porqué esconderse.
Pero una realidad es que las mujeres siempre
han tenido miedo a confesar sus prácticas
onanistas.
Las mujeres
consiguen a través de las caricias llegar al
orgasmo. Acariciar los genitales y
especialmente el clítoris es el medio para
conseguir de manera más rápida un orgasmo y,
por tanto, placer, aunque no es la única
manera. Al masturbarse las mujeres comienzan
a conocer realmente sus cuerpos y puede
resultar muy beneficioso para aquellas que
no consiguen alcanzar el orgasmo con su
pareja. Éstas pueden a través de la
masturbación aprender a identificarlo y
después transmitirle a su pareja lo que
desean para poder conseguirlo, ya que la
clave para ello está en conseguir que la
mujer se relaje, disfrute y se excite. Si
ella lo aprende por sí misma enseñará y
ayudará también a su pareja y ambos
disfrutarán más.
Es importante
conocer el cuerpo y saber identificar dónde
se encuentran las zonas erógenas. El
clítoris, que puede resultar difícil de
identificar, tiene el tamaño de un guisante
y se encuentra situado en la cima de los
labios mayores, en una parte sin vello
púbico. Al acariciar el clítoris, la vagina
se humedece y la mujer comienza a excitarse.
Hay que acariciarlo de distintas maneras
hasta llegar al ritmo adecuado ayudándose de
los dedos. También se puede hacer uso de
vibradores, aunque estos no son muy
recomendables para la introducción en la
vagina para lo que es mejor los propios
dedos de la mujer. Algunas mujeres
encuentran en la ducha dirigida al clítoris
una fuerte estimulación o apretándose contra
una almohada, diferentes maneras para
conseguir lo mismo.
Otras
zonas
El epicentro del placer no tiene porque
encontrarse solamente en el clítoris. El
cuerpo de la mujer está lleno al igual que
el del hombre de zonas erógenas, los
conocidos "puntos G" que poco a poco pueden
ir descubriéndose a solas o en pareja. El
pecho es una zona que puede proporcionar un
gran placer. Acariciarlo, tocarlo de
distintas maneras es suficiente para
alcanzarlo. También las piernas, las orejas,
el ombligo, son todas zonas en las que se
encuentra escondido un inmenso placer, si se
sabe descubrir de manera adecuada.
La imaginación,
la fantasía y sobre todo una mente abierta
libre de cualquier tabú o prejuicio es
fundamental para conseguir con la
masturbación lo que se busca: el placer.