En ocasiones se
bromea con las típicas situaciones: hoy no
tengo ganas, me duele la cabeza, etc. Sin
embargo, la falta de deseo sexual es un
problema mucho más serio de lo que en un
principio pudiera parecer. La explicación
científica no es complicada. El deseo sexual
responde a un proceso psicosomático complejo
basado en la actividad cerebral (un
«generador» o «motor» que funciona en forma
de reostato cíclico), un medio hormonal
escasamente definido y un argumento
cognitivo, que incluye los intereses y la
motivación sexuales. Cuando no están
coordinados estos componentes se produce el
trastorno del deseo sexual inhibido.
Causa
de la pérdida del apetito sexual
No existe un único motivo que cause la
pérdida de este deseo. Los cuadros
depresivos suelen producir abulia y apatía,
dejando de lado aspectos de la vida que
antes eran importantes, causando estragos en
el deseo sexual.
Entre los
motivos más corrientes están las disputas
conyugales continuas y permanentes, las
frustraciones repetidas por impotencia,
eyaculación precoz o el haber fingido los
orgasmos durante años. También disminuyen el
deseo los conflictos neuróticos con relación
al placer y al éxito así como los problemas
derivados de una educación restrictiva donde
el goce era pecado y digno del peor castigo.
A menudo las
intervenciones quirúrgicas repercuten en
nuestro comportamiento sexual. Se puede dar
la llamada "vivencia castratoria o
mutilante" de la operación (de mama, útero,
ovarios, próstata, ligadura de trompas,
incluso la cirugía del frenillo), a causa de
lo cual se instaura un sentimiento de
desvalorización, que termina en una marcada
depresión del humor y del apetito erótico.
El descenso
hormonal también repercute en la disminución
del deseo. La etapa del deseo está
influenciada por la testosterona que es la
hormona del deseo, en los dos sexos. Esta
hormona es producida en los testículos y en
las suprarrenales en el varón y en la mujer
sólo en estas últimas. El hipotiroidismo
(menor producción de hormonas por la
tiroides) o el aumento de la prolactina
(hormona de la hipófisis) también pueden
deprimir el deseo.
Existen
medicamentos que deprimen la libido y la
capacidad erectiva u orgásmica: como pueden
ser los fibratos (usados para bajar el
colesterol), los betabloqueantes y
antihipertensivos, la sulpirida y la
cimetidina (de empleo en afecciones
gastroduodenales), los diuréticos, los
antiandrogénicos (de uso en problemas
prostáticos y ahora -lo que me da una cierta
preocupación- propuestos para tratar la
calvicie).
Por último, el
consumo abusivo, crónico y permanente de
tóxicos, drogas y cigarrillos van minando la
salud y, frecuentemente, ocasionan
trastornos erectivos y orgásmicos o DSI. Es
el mismo caso del alcoholismo, que al
producir malestar en el bebedor provoca
celos, peleas y situaciones de falta de
deseo sexual.
Tratamiento
Existe un tratamiento específico para
cada caso concreto. No debe tratarse de
igual modo la inhibición sexual por un
problema hormonal o aquella producida por el
mal uso de psicofármacos, que está presente
en los cuadros fóbicos, obsesivos o
psicóticos donde, por lo contrario, el
psicofármaco racionalmente indicado será
necesario.
En la inhibición
causada por problemas situacionales o
vinculares el tratamiento más utilizado y
efectivo, a veces combinado con ayuda
medicamentosa, consiste en una terapia
sexual corta -entre 10 y 15 sesiones-. De
todas maneras es importante aclarar que
hablamos de inhibición y no de desaparición,
por lo que no todo está perdido y gracias al
tratamiento podemos recuperar el deseo
sexual.