Lo que
abona la idea de que la sexualidad femenina
es más “descolorida” que la masculina. Es
una opinión que aún mantiene el 84% de la
población.
Es una afirmación errónea
Tal afirmación se basa en
la reacción de una mujer cuando un hombre se
le acerca con interés erótico. Para muchos,
tarda en entrar en calor; en cualquier caso:
más que un hombre.
No se tiene en cuenta que, con frecuencia,
si la mujer tiene el pensamiento puesto en
otro sitio y es requerida por su pareja para
un encuentro sexual tiene que hacer un
ejercicio de autocontrol para conseguir
desconectarse de lo que estaba haciendo e
interesarse por el nuevo estímulo. Sin
embargo, se sabe desde los años setenta que
las mujeres reaccionan a estímulos eróticos
efectivos con la misma intensidad y
prontitud que los hombres.
A los ocho o treinta segundos de haberse
presentado el estímulo sus pupilas se
dilatan y su vagina comienza a palpitar, a
dilatarse y a humedecerse, signos
inequívocos de excitación sexual.
Exactamente el mismo tiempo que tardan los
hombres en una situación similar. Más aún,
existe un 42% de mujeres (dos de cinco) que
reaccionan con mayor rapidez e intensidad
que el promedio de los hombres. Lo que
demuestra hasta qué punto es falaz la
afirmación que encabeza este artículo.
Ambos sexos se excitan por igual
También se ha comprobado
que ambos sexos se excitan por igual frente
a historias sexuales que contienen elementos
afectivos, como ante las que no los tienen;
y que reaccionan de forma semejante ante un
material visual (considerado
tradicionalmente masculino) como literario o
auditivo (tradicionalmente distinguidos como
femeninos).
Esa reacción que tienen los genitales
femeninos al enfrentarse a ese tipo de
material es inequívocamente sexual, no hace
falta decirlo, aunque sólo sea porque es la
misma que muestran las mujeres cuando se
masturban, ya lo hagan manualmente o
mediante el único uso de la fantasía.
¿Ante qué estímulos
eróticos son sensibles las mujeres?
Aunque parezca una
obviedad, ellas responden más al contemplar,
leer o escuchar actividades sexuales
masculinas que femeninas. Lo que más excita
a las mujeres es contemplar a hombres
masturbándose, después se sienten
estimuladas al observarles manteniendo
relaciones sexuales con una mujer (sobre
todo si el contexto de la escena es
romántico, pero también cuando el chico se
muestra algo brusco con ella), le siguen las
escenas de sexo en grupo y, en último lugar,
cuando ellos sostienen relaciones
homosexuales.
Son hallazgos que desmoronan la vieja idea
de que la presencia de las mujeres en los
vestuarios masculinos (hombres desnudos) es
más inocente que la situación inversa. Y
explica que la Industria Cinematográfica
explote con tanta frecuencia las alusiones y
las escenas explícitas de masturbación
masculina (bastante más frecuentes y
directas que la femenina) para atraer a las
salas de proyección al público femenino, que
ha sido tradicionalmente menos cinéfilo que
el masculino.
Material erótico
El material erótico,
visual o escrito, excita de forma muy
semejante a hombres y a mujeres, aunque
parece existir cierta preferencia por
determinados temas entre unos y otras.
La mujer suele optar, básicamente, por la
representación de escenas sexuales en
contextos románticos: las que son menos
directas y van con más rodeos, sin que por
eso hagan ascos a otro tipo de iconografía.
Ellas se excitan tan rápida, involuntaria e
intensamente con los vídeos realizados por
hombres como con los compuestos por mujeres.
Sobre todo quienes han estado en contacto
con la pornografía anteriormente y son más
jóvenes.
Sin embargo, la percepción subjetiva de
excitación sexual es superior frente a los
vídeos rodados por mujeres. La razón
principal es que los realizados por hombres
despiertan en ellas sentimientos de
vergüenza, culpa y aversión.
Algunas mujeres son incapaces de admitir
sentirse sexualmente excitadas aunque sus
genitales estén dando muestras de ello. Eso
ha dado lugar a la creencia de que ellas
necesitan elaborar psicológicamente los
estímulos eróticos para llegar a sentirse
enardecidas subjetivamente, aunque sus
genitales estén más que húmedos.
Pero existen investigaciones en las que se
ha comprobado que, a pesar de lo dicho, la
excitación sexual subjetiva de las mujeres
es realmente tan intensa, rápida y
significativa como la de los hombres cuando
se enfrentan a un material erótico visual
(tradicionalmente atribuido a los hombres).
Un mito caído
Esta aparente disociación entre la
percepción subjetiva de excitación sexual y
las reacciones genitales puede relacionarse
con algunos elementos cognitivos que
condicionan las respuestas sexuales
subjetivas de las mujeres.
Los factores positivos son, por ejemplo, la
costumbre de fantasear durante la
masturbación. De alguna forma, “ver
películas” en la mente y aceptarlas como
propias parece favorecer el reconocimiento
del efecto psicológico que dicho material
ejerce sobre una. También está demostrado
que la culpa y las actitudes negativas
frente a la sexualidad en general explican
los sentimientos negativos que las imágenes
eróticas despiertan en las mujeres.
Y cuanto más bloqueos psicológicos padezcan,
menos asertiva serán frente los estímulos
eróticos, menos disfrutarán de ellos y menos
dispuesta estarán a admitir su verdadera
reactividad sexual ante estímulos eróticos
eficaces.
Lo cierto es que los resultados
experimentales no sostienen la vieja idea de
que las mujeres respondan menos o con mayor
lentitud que los hombres al material erótico
visual o acústico. Es otro mito caído.
*
Los datos mencionados se han extraído del
libro: “Un encuentro con el placer. La
masturbación femenina”. Jesús Ramos.
Espasa-Calpe. Madrid.