El estímulo de
erección normal (en el que interviene el
sistema parasimpático) normalmente comienza
por el sistema nervioso central y se
refuerza por los estímulos sensorios del
pene, se dilatan las arterias del pene y se
relajan las cavernas musculares a través de
un mensajero bioquímico, el óxido nítrico.
Esto favorece
que la sangre fluya en los espacios
cavernosos del pene, que aumente la presión
en el pene y se consiga la tumescencia. La
presión aumentada comprime las venas contra
las capa de tejido fibroso llamada túnica
albugínea, mientras se impide la salida así
de la sangre y llevando a la rigidez.
Las causas de la
impotencia pueden ser psicológicas (factores
como la tensión, depresión mental y ansiedad
sobre la actividad sexual) u orgánicas, o
una mezcla de los dos. Las causas orgánicas
incluyen la deficiencia andrógenica debida
al hipogonadismo, el trastorno neurológico
(incluyendo las lesiones centrales o
periféricas debidas a malignidad o trauma),
las alteraciones vasculares periféricas, y
anormalidades del pene como la enfermedad de
Peyronie (fibrosis del pene, que se deforma
totalmente) o microfalo (tamaño pequeño).
A veces el
trastorno orgánico puede ser secundario a
otra enfermedad, como la diabetes mellitus o
la diabetes, dónde la alteración neurológica
y vascular causa impotencia en más de un
tercio de todos los pacientes. Algunos
medicamentos pueden producir impotencia
entre sus efectos adversos, conviene que
consulte a su médico.
Tratamientos
Los acercamientos al manejo del trastorno
eréctil dependen de alguna manera de los
factores causales, y es importante
determinar si el trastorno es principalmente
psicógeno, orgánico, o de origen mixto. Su
médico probablemente realizará una detallada
historia médica para encontrar los posibles
factores contribuyentes como la
hipertensión, diabetes, traumatismos,
tabaco, cirugías previas en la región
pélvica o algún trastorno endocrino o
neurológico.
La psicoterapia
o terapia conductual puede ser adecuada en
pacientes en los cuales no se ha descubierto
ninguna causa orgánica, pero incluso si su
problema tiene un origen orgánico, los
factores de psicosociales también son
importantes y debe valorarse si se requiere
algún tipo de terapia.
Hasta ahora, el
tratamiento se basaba en el uso de una bomba
de vacío para inducir la erección por
presión negativa, seguida por el
mantenimiento de la misma con algún tipo de
dispositivo en la base del pene. Otras
alternativas eran la inyección de
substancias vasoactivas en los cuerpos
cavernosos.
El sildenafilo
es un tratamiento oral y que tiene eficacia
similar a los tratamientos anteriores. Se
basa en inhibir la fosfodiesterasa (que es
la que degrada el óxido nítrico), por lo que
requiere que el proceso de la erección esté
intacto. Sin embargo, ha demostrado eficacia
en casos de impotencia psicógena y orgánica,
por lo que se puede decir que es el
tratamiento de primera elección. Está
contraindicado en pacientes que toman
nitratos.
En los pocos
pacientes donde la impotencia es secundaria
a la deficiencia andrógenica, puede ser útil
el reemplazo androgénico, preferentemente
por la inyección intramuscular de un éster
de testosterona. La terapia de reemplazo de
andrógeno no es de utilidad en pacientes con
concentraciones de testosterona normales y
puede llevar a riesgos para la salud
significantes. Sin embargo, en los pacientes
con hipogonadismo secundario a la
hiperprolactinemia, hay tratamientos
(bromocriptina) que pueden ser eficaces para
mejorar la función sexual.