En una
sociedad donde el sexo está omnipresente, en
la que para muchos la felicidad se encuentra
concentrada en una inocente pastilla azul,
donde la palabra virginidad deja de tener
sentido a los dieciséis años, comienza a
surgir un nueva voz que grita sin ningún
pudor su condición de asexual. Existen y se
han organizado con la finalidad de que, de
una vez por todas, se les quite la etiqueta
de enfermos o de homosexuales reprimidos. No
experimentan ninguna atracción sexual hacia
otras personas, pero lejos de causarles
ningún trauma, se declaran altamente
felices.
Alrededor del 3% de la población es asexual
Aunque no es una
orientación reconocida, se calcula que entre
el 1 y el 3% de la población mundial es
asexual. Ésta es la conclusión que se extrae
de un estudio conducido por el psicólogo y
experto en sexualidad humana Anthony Bogaert
de la Brock University en Santa Catarina,
Ontario. Bogaert tomó los resultados de una
investigación realizada en Inglaterra en
1994 y analizó las 18.000 respuestas de las
personas que fueron encuestadas sobre sus
preferencias sexuales. Así descubrió que un
uno por ciento de los encuestados declararon
estar de acuerdo con la opción “Nunca me he
sentido sexualmente atraído por alguien",
resultados que el especialista catalogó como
signos de asexualidad.
Estas cifras
hacen prever que en la actualidad pueda
abarcar al 3% de la población y que, sumados
a los casos encubiertos, existan casi tantas
personas asexuadas como gays. El problema se
encuentra en la dificultad que entraña
declararse abiertamente asexual en una
sociedad tan obsesionada por el sexo,
incluso el poder reconocerse como tal debido
a la falta de información que existe sobre
esta nueva forma de entender la sexualidad,
más si cabe cuando ni los propios
especialistas se ponen de acuerdo sobre este
tema.
Así, por
ejemplo, para Montserrat Calvo Artés,
psicóloga y sexóloga del Institut RET, “la
sexualidad no es ni una obligación ni una
necesidad, por lo tanto la asexualidad puede
considerarse una orientación asexual”. Sin
embargo, los doctores Ana Fernández Alonso e
Iván Rotella Arregui, sexólogos
pertenecientes a la Asociación Estatal de
Profesionales de la Sexología y directores
del Centro de Atención Sexológica de Avilés,
consideran que “lo que se conoce como
asexualidad sería en realidad un bajo deseo
sexual que lleva a no tener prácticas
eróticas. El término asexualidad está mal
empleado porque significa ‘sin sexualidad’ y
teniendo en cuenta que la sexualidad es la
vivencia que cada persona tiene del hecho de
ser sexuado, ésta puede resultar positiva o
negativa, pero no puede ‘no ser’”.
La polémica está
servida.
Asexualidad,
no celibato
No hay que
confundir asexualidad con celibato. Aunque
ambos términos tienen en común la ausencia
de práctica sexual, los motivos que derivan
a esta situación son diferentes.
Al celibato se
llega por convencimientos morales o
religiosos. Se rechaza el sexo, pero esto no
significa la ausencia de deseo. Simplemente
eligen la sublimación de la pasión en pos de
unos convencionalismos sociales. Un buen
ejemplo de ello son los religiosos a quienes
se les exige el voto de castidad o aquellos
que escogen la virginidad como camino hasta
el matrimonio.
Por el
contrario, para los asexuales el sexo no
existe. No hay represión, ni impotencia, ni
reticencia, sólo que la exploración del
campo sexual les resulta tan fascinante como
una visita al dentista. Mientras la gran
mayoría considera las relaciones sexuales
algo tan natural y necesario como comer o
dormir, ellos no logran entender esa
obsesión por tocarse o besarse con la
finalidad de llegar al coito.
En términos
generales, la diferencia reside en que la
asexualidad es una condición, mientras que
el celibato es una opción. Por ello muchos
hablan del resurgimiento de una nueva
orientación sexual, una auténtica identidad
sexual carente de sexo, aunque ambos
términos puedan resultar, a priori,
incompatibles.
Amor sin sexo
Ser asexual no
significa ser un bicho raro, apático,
marginado, alguien que huye de la gente. De
hecho, la mayoría de los que se definen como
asexuados mantienen relaciones similares al
del resto de los hombres… pero sin sexo.
Ésta es la única diferencia.
Por ejemplo, hay
asexuales que al no sentir atracción por
otra persona son incapaces de enamorarse.
Sin embargo, aunque en su faceta íntima se
definen como corazones solitarios, suelen
tener una vida socialmente muy activa y
cultivan con gran cariño valores como la
amistad y la fidelidad familiar.
También los hay
que tienen pareja y han formado su propia
familia. Y es que para ellos ser asexual no
significa carecer de capacidad para amar.
Son relaciones de tipo emocional y
afectivas, amores platónicos que no se
llegan a consumar en la cama. Pero,
¿realmente funcionan las parejas sin sexo?
“Pues sí. Son más de los que imaginamos
aquellos que ven declinar su interés sexual,
pero continúan juntos por intereses varios,
y también, cómo no, por afecto y amor. Aún
siendo de los dones más beneficiosos que nos
da la vida, no es ni una necesidad ni una
obligación”, responde la Dra. Calvo.
En este punto
están de acuerdo los especialistas Ana
Fernández e Iván Rotella, al afirmar que hay
parejas que funcionan sin sexo, dependiendo
de lo se entienda por sexo: “si lo usamos
como sinónimo de coito no sólo es posible
sino frecuente encontrar parejas que tienen
pocos espacios para la intimidad y, por
tanto, pocos encuentros o prácticamente
ninguno. Sobre todo cuando hablamos de
parejas que ya llevan años de relación,
tienen hijos, trabajan… Pero si lo hacemos
extensible a cualquier aspecto de la
práctica erótica, ya es más difícil, porque
un mimo, una caricia, un gesto de
complicidad, un beso furtivo… también son
relaciones sexuales. En cualquier caso
siempre será más gratificante la vida en
pareja con un nivel de práctica erótica (con
o sin coitos) que sea satisfactoria para
ambos”.
En general, este
tipo de relaciones sin sexo sólo funcionan
en parejas cuyos dos miembros son asexuados.
Si no es así, la búsqueda de uno frente a la
apatía del otro suele acabar con una ducha
de agua fría y una gran frustración física y
psicológica para ambas partes: el uno por no
poder complacer y el otro por no ser
complacido. Esto, con el tiempo, suele
desembocar en la separación.
Los hay que para
evitar esta situación han llegado a un
acuerdo: al no poder controlar sus hormonas,
el miembro que necesita sexo lo puede buscar
fuera de casa. Aunque nos pueda parecer algo
incompresible, ellos justifican sus actos en
que al ser uniones que no están construidas
sobre el sexo, la infidelidad sexual no es
considerada una traición. Un razonamiento
que seguramente compartirán muchos
monogámicos inconformistas.
Pero los más
ocultan su condición detrás de matrimonios
heterosexuales, igual que en su día
hicieron, y siguen haciendo, muchos
homosexuales. Son los que, en una sociedad
altamente sexuada, aún no se han atrevido a
abrir el armario de la asexualidad.
Los expertos del
reportaje
Ana Fernández Alonso e Iván Rotella
Arregui
Sexólogos, Secretaria General y vocal,
respectivamente, de la Asociación Estatal de
Profesionales de la Sexología y Directores
del Centro de Atención Sexológica de Avilés.
C/ Cuba, 3, 2º C. 33401, Avilés (Asturias).
Tel. 985 93 80 08.
sexología@astursex.info
Montserrat Calvo Artés
(Foto 2)
Psicóloga y Sexóloga del Institut RET
montse@institutret.com