Sí, asume
que la mujer debe esperar a que su hombre le
dispense el placer, y a que éste puede
conseguirlo con experiencia y empeño. Y
puede, ciertamente: con el sexo oral o la
masturbación.
Hay que decir que las relaciones sexuales
son algo más que el coito. Son las caricias,
los abrazos, los besos, los arrullos al
oído, el calor de los cuerpos unidos, el
contacto entre los genitales, el uso de la
mano y la lengua por todo el cuerpo. El
problema que estoy intentando señalar aquí
no se presenta cuando tú decides llevarle al
orgasmo mediante tu boca o tu mano. O cuando
acordáis que sea él quien te haga llegar al
mismo por esos medios.
El problema aparece en el coito, la
actividad sexual que se practica con más
frecuencia entre las parejas. La única que
mucha gente sigue creyendo “auténtica”. Ahí,
muchos hombres lo intentan de veras... pero
“fracasan” (¿ellos?) con extraordinaria
frecuencia a la hora de que su mujer llegue
al orgasmo.
¿Y
qué haces tú durante el coito?
Sabes que en la mayoría de
las posturas que se practica no llegas al
orgasmo. No es tu culpa..., tampoco la suya.
Los dos creéis que la penetración del pene
en la vagina puede conseguir por sí sola que
llegues al orgasmo (¡ay, el famoso y
fantasmal orgasmo vaginal?). Él quizás se lo
crea más. Y la verdad es que en la mayoría
de las ocasiones tu clítoris permanece
huérfano de estímulos adecuados durante el
coito.
A pesar de eso, dejas que las cosas sigan su
curso, como si se tratara de otra y no haces
nada por tu propio orgasmo. Ves cómo él
porfía por el suyo, y tu le miras complacida
(haces bien), pero sigues esperando que
llegue el milagro por sí solo. Y él también
cree que haciendo vendrá.
¿Cómo es posible? ¿Es que acaso tus orgasmos
no son tuyos? Pues si lo son ¿Entonces por
qué te quedas de brazos cruzados y no te los
peleas, como hace él cuando entra y sale una
y otra vez de tu cuerpo hasta que lo
consigue? No haces nada para llegar al
orgasmo. Te limitas a recibir a tu hombre
para que él se pelee su orgasmo con la
esperanza de que ese trance te llegue
también el tuyo.
Deberías dejar de ser tan
pasiva y ponerte manos a la obra
¿Quieres simultanear tu
orgasmo con el suyo? ¡Pues a la vez que él
estimula su pene dentro de tu vagina para
obtener su orgasmo, estimula tú tu clítoris
con tus expertos dedos y consíguelo!
¿No te importa alcanzarlo después de él?
¡Mastúrbate cuando haya salido de tu vagina
y consíguelo! O, mejor aún: ¿acaso no ha
utilizado tu cuerpo para obtener su orgasmo?
¡Utiliza el suyo! ¡Frótate contra él! Puedes
hacerlo tendida sobre él y frotando tu
clítoris contra su pene aún erecto. O puedes
hacerlo contra el hueso de su pubis. O le
pides que se dé la vuelta y te frotas contra
esa parte de la espalda que comienza a
llamarse de otro modo. O contra su muslo.
¡Peléatelo! ¡Tu orgasmo es tuyo! ¡La
responsabilidad de obtenerlo también es
tuya!
Eres tú quien debe hacer que
ocurra, porque es tu orgasmo
Ha de aceptarse con total naturalidad que en
esas circunstancias, tú puedes estimular tu
clítoris como sea, durante el coito o
después, para alcanzarlo. Eso no es
menospreciar al hombre, sino acompañarlo en
la tarea de obtener juntos el deseado
orgasmo en la intimidad del abrazo del
coito. Y eso es algo que debes asumir tú, la
primera, por tu propio interés. Y él,
también, porque eso no desmerece su
virilidad.
“No hay mujeres frígidas (anorgásmicas
es más apropiado) sino mujeres poco
responsables”.