Siempre he
pensado que realmente todos tenemos dentro
un tanto por ciento determinado de
ambigüedad sexual, que es posible que nos
atraiga tanto una persona del sexo contrario
como de nuestro sexo. Simplemente se daría
que en unas personas predominaría una
tendencia heterosexual y en otras lo haría
una tendencia homosexual.
He disfrutado de
enconados momentos de discusión frente
aquellos que creen que eso no es posible, y
que una persona devanee entre un sexo y otro
sólo responde a básicamente dos posibles
causas:
-
Que la persona se
autoengaña, con el fin
de reconocer la realidad de su tendencia
homosexual real. Se supone que un gay o
lesbiana es fácil que juegue a que
también le gustan las personas del sexo
contrario al suyo, de manera que esto
les colocaría en una posición más
cercana a la "normalidad" aceptada
socialmente.
-
Otras opiniones
siguen la corriente de un grado de
degeneración y vicio
total que absorbe, generalmente por el
mundillo en el que se mueven, a personas
con demasiadas experiencias frívolas y
superficiales, que necesitan superar
constantemente y esto les llevará a
probar absolutamente todo lo que se les
ofrezca o encuentren en su camino.
Yo no comparto
ninguna de estas dos ideas, no porque no
puedan ser ciertas, que a buen seguro lo son
en más de un caso, pero creo que debe haber
una mayoría anónima y rodeada de una vida
muy vulgar(en el sentido de generalizada),
con un trabajo, una familia, un círculo de
amigos habituales y sin grandes aventuras en
sus vidas. Y allí es donde aparecen esas
personas que de pronto un día se ven
inmersas en una atracción distinta de las
que había tenido hasta aquel momento.
Hasta ese
momento todo estaba claro, pero si he de ser
sincera yo no conocía ninguna persona que se
declarase bisexual, con lo cual todo eran
pensamientos basados en la intuición de ver
al ser humano como algo complejo, y a su
sexualidad como un reflejo de su interior
cambiante y sujeto a estímulos externos.
Vaya, que después de haberme encontrado con
muchas sorpresas en otros campos de mi
misma, por qué no es posible que de pronto
un día te des cuenta que alguien te atrae de
una forma sexual, y que esa atracción es tan
cierta como todas las que has vivido.
Entonces
encontré un libro de Yoly Cassan, "El
Juego del espejo"( Nihil Obstat
Ediciones - Colección "El Hilo de Ariadna").
Es la historia de dos amigas que comparten
todos sus secretos, y esa complicidad les
lleva a sentir curiosidad por conocerse
profundamente, en todas sus facetas.
Necesitan hacer realidad esas fantasías
eróticas a las que están acostumbradas a
hablar abiertamente. Añadimos un marido que
ama a su esposa a la vez que siente un gran
cariño por la mejor amiga de ésta y ¡zas¡
ahí me tenéis, negando la credibilidad de la
historia. No, hay algo que falla, no me lo
creo, no son personajes de carne y hueso.
¿Pueden dos mujeres y un hombre,
acostumbrados a verse durante años como
amigos, traspasar tan fácilmente la barrera
física?
¿Pueden personas
adultas, centradas, con unos empleos y una
vida ordenada dejarse llevar al unísono por
un impulso y mantenerlo en el tiempo, a la
vez que continúan con su ordenada vida como
si no pasara nada?
En medio de mi
incredulidad me descubro dudando, pensando
que, aunque llevada al extremo, esta
historia es una imagen más de lo que las
relaciones entre personas pueden dar como
resultado, y que el placer y el amor siempre
son reales. Otra cosa son los motivos que
los provocan y la verdad, ¿importan tanto
las causas?