El punto G es
una zona erógena extremadamente sensible al
placer erótico, al que se le suelen otorgar
dos facultades: la facultad de experimentar
en sus tejidos una erección parecida a la
del glande masculino y la facultad de
segregar una sustancia inodora y blanquecina
similar a la producida por la próstata
masculina.
Como tiene el
mismo origen embriológico que el clítoris,
el punto G es un espacio extremadamente
sensible. Sin embargo, sólo es posible
percibirlo cuando la mujer está en proceso
de excitación, pues es en esta fase cuando
el punto G experimenta una hinchazón
especial que facilita su ubicación.
Su tamaño varía
de una mujer a otra y puede darse la
posibilidad de que algunas mujeres no lo
posean. Su estimulación correcta permite a
la mujer llegar al orgasmo más rápido, con
efectos mucho más prolongados e incluso
conseguir un mayor número de orgasmos. Para
encontrar el punto G y poder estimularlo es
necesario ejercitar ciertas prácticas
sexuales desconocidas por algunas parejas,
debido a los tabúes existentes. Es necesario
comprender que la excitación del punto G no
es espontánea, sino buscada y que la
penetración del pene en posición
convencional no suele ser suficiente para
que la mujer experimente el orgasmo.
La mejor forma
de saber si una mujer cuenta con el punto G
es a través de la masturbación, buscando con
los dedos la pared anterior de la vagina y
ejerciendo presión sobre ella hasta
encontrar una pequeña protuberancia que se
hinchará y producirá un líquido inodoro. Hay
que decir que las posturas sexuales más
adecuadas para estimular el punto G son
aquellas en que la vagina está en posición
vertical. En esta posición, la gravedad a la
que se somete el cuerpo, ayuda a la
vasodilatación, por lo que se intensifica el
aporte sanguíneo y el pene presiona la pared
frontal de la vagina.
La emisión del
fluido que se produce tras la excitación de
la zona en la que se ubica el punto G es una
sensación parecida a orinar. Muchas de las
mujeres que han vivido este fenómeno
reprimen el orgasmo por la impresión y la
confusión que les causa la emisión del
líquido. Es importante que la mujer conozca
su propia sexualidad, que no delegue toda la
responsabilidad en su pareja, que comunique
las sensaciones placenteras y que
experimente una sexualidad guiada por sí
misma. Así, podrá conocer esta otra forma de
alcanzar el orgasmo.
Hacer
ejercicio estimula la sexualidad
Para fortalecer el músculo pubococcígeo o
músculo del amor, que después ayudará a la
estimulación del punto G, la mujer debe
ejercitar diez veces al día en series de
diez contracciones los músculos de la zona
vaginal. Este ejercicio se realiza
contrayendo el esfínter uretral, de la misma
manera que se hace para detener la micción.
Esta práctica se puede realizar a cualquier
hora y en cualquier lugar.
Durante el
coito, la mujer también puede ejercitar
voluntariamente el tono muscular de la
vagina, lo que le permitirá ofrecer una
mayor tonificación, de esta forma obtendrá
mayor placer en la relación sexual.
Desde su
descubrimiento en 1960 por el ginecólogo
alemán Ernest Gräfenberg, la existencia del
Punto G ha estado teñida por la polémica. Su
existencia ha sido tan denostada por unos
como defendida por otros, manifiestos
fanáticos de su utilidad.
En la
antigüedad, Aristóteles ya hablaba de la
existencia de una especie de eyaculación
femenina, fuertemente relacionada en la
actualidad con la existencia del Punto G.
Posteriormente, Mary Jane Sherfrey, Helen
Singer Kaplan, Lonnie Barbach, William H.
Masters y otros investigadores de la
sexualidad fueron los pioneros del
descubrimiento de Gräfenberg. Masters y
Johnson observaron en 1966 la existencia de
algunas sustancias lubricadoras segregadas
por la vagina en proporción directa a la
excitación de la mujer.