Ninguno de
los dos sabe cómo se ha consolidado esta
situación, ni cómo resolverla.
Y si han roto, el joven se encuentra sólo
con un problema que se acentúa en cada
ocasión que intenta mantener relaciones
sexuales.
¿Qué se puede hacer ante una situación así?
Los mitos sobre su origen
Antes de nada
conviene olvidar los mitos que existen sobre
sus causas.
Está muy
extendida la creencia de que su origen está
en un aprendizaje realizado durante los
primeros apresurados escarceos sexuales de
los varones.
Hay quien dice
que la causa son las primeras relaciones
sexuales con prostitutas que urgen a
eyacular rápido para atender a más clientes.
Pero actualmente los jóvenes se inician más
con sus amigas que con prostitutas y no por
eso se ha reducido el número de eyaculadores
precoces.
Otros afirman
que se debe al inicio con sus novias en
lugares donde tienen que actuar deprisa para
no ser descubiertos. Pero si fuera cierto,
casi todos los jóvenes serían eyaculadores
precoces, cosa que no es cierta.
También se dice
que se debe a que los chicos se acostumbran
a eyacular rápido cuando se masturban
deprisa para no ser descubiertos. Pero no se
entiende que la misma situación no afecte
por igual a las chicas, que también se
masturban con rapidez durante su
adolescencia, sin que por eso se transformen
en “orgasmadoras” rápidas.
Nada de esto es cierto a
pesar de que se encuentra escrito en
numerosos libros y páginas web que ignoran
los resultados de las investigaciones más
recientes al respecto.
Miedo, Ansiedad y
excesiva Responsabilidad
Lo que importa
no olvidar es que en el origen de la
eyaculación precoz está el miedo o la
ansiedad y la excesiva responsabilidad de
los hombres, a quienes se les carga con el
peso de su propio placer (conteniéndolo) y
el de sus parejas (resolviéndoselo).
Esa ansiedad
activa en exceso al sistema nervioso
adrenérgico (responsable último de la
eyaculación) con lo que bastará un estímulo
leve para que se dispare y desencadene la
eyaculación.
Son precisamente esos elementos los que hay
que combatir para evitar la eyaculación
precoz.
Dejarse
asesorar por especialistas
Pueden utilizarse algunos fármacos. No son
específicos para la eyaculación precoz, pero
pueden ayudar.
Los tranquilizantes reducen la ansiedad, los
antidepresivos serotoninérgicos y otros
fármacos con actividad anticolinérgica
tienen como efecto secundario retrasar la
eyaculación.
El problema es que en algunas personas
también pueden ocasionar disfunción eréctil
o un descenso general de la libido, con lo
que “resulta peor el remedio que la
enfermedad”.
Por eso conviene dejar este tipo de
abordajes en manos especializadas que
valoren lo que debe hacerse en cada momento.
Alguna
recomendación
Se ha recomendado que el paciente se
masturbe antes de mantener una relación
sexual, porque al quedar sexualmente
satisfecho, podrá aguantar más en el coito.
Es una
recomendación deprimente porque deja al
hombre a solas con su problema, se le añaden
responsabilidades (esta vez también sobre su
problema) y con una solución un tanto fría.
Otra cosa bien distinta es que lo haga
delante de su pareja, como parte del juego
sexual, o, mejor aún, que sea ella la que le
masturbe para que aprenda también que no
está sólo y que hay alguien más que se
responsabiliza del tema.
Soluciones
Lo que conviene
hacer para resolver la eyaculación precoz es
reducir la ansiedad y la responsabilidad que
siente el hombre durante las relaciones
sexuales, e incrementar la de la mujer tanto
con su propio orgasmo como con el del
hombre.
Eso significa
que el tratamiento de la eyaculación precoz
ha de abordarse en pareja.
El tratamiento consiste básicamente en
acostumbrar al hombre a sentir sus
sensaciones genitales sin la responsabilidad
del orgasmo de su pareja.
Para ello conviene que tengan encuentros
sexuales relajados y sin premura de tiempo.
Ambos, desnudos, pueden acariciarse uno al
otro por todo el cuerpo simplemente con la
intención de apreciar las sensaciones que se
producen.
Olvídense los genitales de momento y, sobre
todo, debe quedar muy claro para ambos que
el coito está prohibido.
Cuando hayan
experimentado de esa manera un tiempo, ella
le puede coger el pene y acariciárselo con
suavidad.
El objetivo no es que tenga un orgasmo, sino
que sienta las sensaciones eróticas. Pero
las caricias deben ser muy específicas: ya
saben que la zona más sensible del pene está
en el frenillo.
Si el hombre siente que se acerca
peligrosamente al orgasmo, debe avisar a su
compañera (verbalmente o con un gesto; del
modo que previamente hayan acordado).
Y entonces ella podrá hacer dos cosas:
Aplicar la técnica de parada-arranque
Es decir, cuando él le avise dejará de
estimularle hasta que se le pase la
mencionada sensación, para volver a iniciar
el ciclo parando cada vez que él note esa
aproximación al orgasmo.
Aplicar la maniobra de Semans.
Dejar de estimularle como antes, y coger el
glande del pene con el dedo pulgar sobre el
frenillo y los dedos índice y medio al otro
lado... y apretar fuerte durante unos
segundos, hasta que a él se le pase la
sensación de urgencia eyaculatoria
(proximidad del orgasmo).
Después volverá a iniciar el ciclo aplicando
la maniobra cada vez que él note esa
aproximación al climax.
Se recomienda
que hagan eso cinco o seis veces en cada
sesión. En el último ciclo de cada sesión,
ella no parará, continuará el estímulo hasta
que él tenga su orgasmo y eyacule.
Como puede
apreciarse, los papeles se han
intercambiado. Ahora es ella quien controla
y tiene la responsabilidad del orgasmo del
chico.
Una responsabilidad compartida pues ella
actúa a ciegas y depende de que él le avise
a tiempo para actuar correctamente.
Hay quien cree que este
tipo de maniobras también la pueden hacer
los hombres a solas durante la masturbación.
Pero es absurdo, pues se ha comprobado
fehacientemente que los eyaculadores
precoces no lo son durante la masturbación.
Así que obtienen poco beneficio de esas
maniobras solitarias.
Lo que necesitan es resolver su ansiedad de
ser cumplidores con la pareja.
A
los diez encuentros resueltos de ese modo,
se repetirá todo, pero con la chica sentada
encima de él. Introducirá el pene erecto del
chico en su vagina y se mantendrá quieta
durante un tiempo.
Lo sacará y volverá a repetir la acción.
Si él avisa de que va a llegar al orgasmo,
sacará el pene y aplicará la maniobra de
Semans. Así cinco o seis veces. Terminarán
la sesión masturbándole ella para que llegue
al orgasmo.
Diez
encuentros después, podrán hacer lo mismo,
pero cuando introduzca el pene en la vagina,
la mujer realizará pequeños movimientos de
vaivén, como en el coito.
Cuando él avise, sacará el pene.. ¡y
maniobra de Semans al canto!
Así cinco o seis veces y en la última le
dejará eyacular dentro de la vagina.
A
los diez encuentros resueltos de este modo,
se puede hacer lo mismo pero con él encima
(es algo más complicado por la postura).
Al final de este último ciclo él debe tardar
bastante más en eyacular que antes de
iniciar el tratamiento.
Cubrir las necesidades
femeninas
Eso tiene tres
objetivos:
El
alivio de las tensiones sexuales de ella
Él
comprueba que la chica puede obtener
orgasmos por su cuenta sin necesidad de él
Él
aprende cómo se lo hace ella para cuando le
toque estimularla; cosa que harán cuando las
relaciones sexuales se normalicen.
Cuando tengan
relaciones sexuales normales, conviene que
en algunos de ellos, la mujer advierta al
hombre de que va a masturbarse durante la
cópula para llegar al orgasmo; eso le
restará responsabilidad a él y podrá
centrarse más en sus propias sensaciones.
Cómo solucionar el
problema sin pareja estable
Sin
pareja estable, resultará más difícil el
tratamiento, pues ya he advertido que la
maniobra de Semans o la de parada-arranque
no son útiles en soledad (a pesar de lo que
dicen muchos manuales).
Sólo queda una opción para reducir la
ansiedad y el exceso de responsabilidad:
despreocuparse de los orgasmos de ella
durante el coito.
Y cuando él termine, llevar a la chica al
orgasmo de otra manera, o pedirle a ella que
lo haga por su cuenta.
Aunque esta última opción resulta difícil de
contemplar en relaciones sexuales
esporádicas, pues él quedará como un gran
egoísta si ellas no conocen el problema.