En principio, no
es malo desear deleitarse con el sexo cuanto
más mejor. Sin embargo, conviene no olvidar
que, a veces, ponemos el listón del goce
sexual deseado y esperado tan alto que
olvidamos disfrutar de lo bueno que ya
tenemos.
La vida
ajetreada sin apenas reposo, la rutina y el
aburrimiento son los grandes enemigos del
placer.
Y en los tiempos que corren, no resulta
fácil sustraerse a uno o a todos esos
factores de aplanamiento del goce sexual.
Hay quien fantasea con incrementar el placer
sexual a base de química, es decir, de
afrodisíacos.
Pero, en contra de lo que suele creerse, los
afrodisíacos no existen realmente, sólo
están en nuestra cabeza.
La
responsabilidad de nuestro placer no está
fuera sino en nosotros mismos. Y hay que
peleárselo.
El incremento
del placer pasa, más bien, por la
tranquilidad, la disponibilidad de tiempo
para dedicárselo a una misma y a la pareja,
la innovación y, aunque parezca
contradictorio y en contra de lo que muchos
creen, la planificación.
El sexo
espontáneo puede resultar delicioso, sobre
todo después de algún tiempo de privación
sexual.
En cambio, dejar
que las cosas surjan por sí solas, en el
desquiciado mundo que vivimos, es darle
demasiadas posibilidades a que no sucedan.
Para incrementar
el placer sexual no hay más que P.E.D.I.R.:
Preparar
el terreno.
Estimular
los cinco sentidos.
Disponer
de tiempo y tranquilidad.
Innovar.
Reir
Preparar el
terreno
Significa disponer un espacio para conseguir
un encuentro diferente al habitual.
No se trata sólo de buscar hacerlo en
lugares distintos al dormitorio, sino de
buscar un lugar diferente como un hotel, un
viaje o, más a mano, preparar una buena
mesa, con velas y una comida especial, con
música.
Un terreno especial y diferente a lo
habitual.
Estimular los
cinco sentidos
En esa mesa pueden estimularse el gusto
(comida, productos diversos extendidos por
el cuerpo para añadir alicientes...), el
olfato (en la propia mesa, una fragancia
corporal...), la vista (lucir lencería sexy,
ver una película romántica, erótica o
abiertamente pornográfica, “actuar” para el
otro y ofrecerle un espectáculo
excitante...), el oído (música, palabras
bonitas u obscenas, según las preferencias y
el momento, lectura de un texto subido de
tono...) y, muy importante, el tacto
(acariciarse por todo el cuerpo desnudo en
todas partes excepto en los pezones y
genitales para despertar la sensualidad).
Disponer de
tiempo y tranquilidad
A nadie se le escapa que nada de eso puede
hacerse si previamente no se ha hecho un
largo hueco en la agenda y se prepara una
velada donde no exista la posibilidad de ser
interrumpidos inesperadamente y se disponga
de la tranquilidad necesaria para dedicarse
ese tiempo a una misma y al otro).
Innovar, para romper
con la rutina
Hacer cosas diferentes a las que estamos
habituados.
Bien porque cambiamos el terreno, porque
añadimos algún elemento externo inesperado
como puede ser un vibrador, porque le
hacemos a nuestra pareja cosas diferentes a
las de siempre o de un modo diferente a las
habituales.
Innovar es la base del
aumento del placer sexual. Hay que tener en
cuenta, no obstante, que nada que sea muy
intenso puede disfrutarse (o sufrirse) de un
modo permanente.
El organismo no lo soportaría; y, más
temprano que tarde terminaría por adaptarse
y convertir lo excepcional en una rutina que
perdería su encanto inicial.
Por eso, cuando hablamos de incrementar el
placer sexual, tenemos que saber que
hablamos de incorporar novedades a lo que
son nuestras prácticas habituales.
Y que, como tales novedades, no pueden
repetirse muchas veces porque perderían su
encanto.
Los cambios hay que dosificarlos y
mezclarlos de diferentes maneras para que no
se agoten pronto.
Reír
Es otro de los elementos que ayudan a romper
la rutina. Reírnos de nosotros mismos,
reírnos con el otro (no del otro), disfrutar
de las cosas que salen bien y tomarse a
broma las que salen mal.
El buen humor es una de las sales del buen
sexo y, con las prisas, se nos olvida con
excesiva frecuencia.
Cultivar la sensualidad
En
definitiva se trata de cultivar algo más
nuestra sensualidad, la gran olvidada de
nuestros tiempos.
Cualquier cosa que estimule la voluptuosidad
de los sentidos, tan denostada en el pasado
por pecaminosa, incrementará el placer entre
una pareja y reforzará sus lazos. No hay
otra receta.