Las tribus
primitivas lo utilizaban para impedir que
las mujeres raptadas escapasen, poco a poco
estas ligaduras fueron evolucionando y se
convirtieron en ataduras simbólicas
alrededor de la cintura, los tobillos, las
muñecas o el dedo. La tradición sajona de
pasar a la novia en brazos a través de la
puerta del domicilio conyugal también
proviene de esta costumbre.
Durante el siglo XIX y principios del XX se
produjo un florecimiento del bondage cuando
los médicos recomendaban a los padres atar
las manos de los niños/as a la espalda para
evitar la masturbación. A los adultos a
veces se les sometía al mismo castigo y
hasta 1989 más del 40% de los pacientes de
las clínicas psiquiatricas permanecían
atados para impedir que se tocaran los
genitales.
Hoy los
programas de televisión y las películas
pornográficas están repletos de escenas de
rapto y bondage, pero a pesar de la
popularidad de esta práctica no siempre
resulta socialmente aceptable que los
adultos lo empleen en sus juegos sexuales.
Ventajas del
bondage
Los beneficios
que se sacan del bondage varían según la
personalidad de cada uno, algunos piensan
que sentirse atados favorece las descargas
de adrenalina en el cerebro, aumenta la
tensión sexual y libera ondas alfa que son
las que se emiten en estado hipnótico o de
atención difusa, similar al producido por la
televisión o por la conducción en un
carretera recta en medio de la noche.
Otros prefieren
estrechar o tirar de las ligaduras para
favorecer el flujo de adrenalina y euforia.
Los hombres que en general suelen ser mucho
más fuertes que sus compañeras y que sin
embargo desean un intercambio más
equilibrado prefieren un bondage parcial que
los haga sentir casi indefensos en manos de
sus amantes, otros aumentan su autoestima
descubriendo que a pesar de las ligaduras
son capaces de dominar por la palabra o de
otro modo. Muchos sienten que las ataduras
les liberan de tener que cumplir
sexualmente, o de tener que ser activos,
esto les permite relajarse y disfrutar de
las sensaciones que su pareja está
provocando en ellos.
En la mayoría de
los casos el bondage permite relajarse y
disfrutar tanto si uno es dominante como si
no lo es, despreocuparse de la situación y
sólo sentir, es algo que muy pocos pueden
hacer en una relación paritaria. El
prisionero no se siente responsable de lo
que está pasando ni culpable por lo que el
otro le hace aunque sean cosas con las que
fantaseó largamente, pero que sus culpas o
inhibiciones no le permitieron demandar. El
que lleva a cabo el bondage experimenta una
liberación similar a causa de la sensación
de poder que se siente cuando se tiene a un
ser humano entre las manos, aunque la
cortesía de la relación obliga al dominante
a no hacer nada que pueda molestar al
dominado.
Negociar
Las escenas de
bondage se suelen negociar de antemano,
expresando libremente ambos participantes lo
que se puede y lo que no se debe hacer,
también se acuerda una palabra neutra para
usarla cuando el dominado no quiera que las
cosas vayan a más o cuando empiece a
sentirse mal, el dominante debe parar
radicalmente cuando el dominado pronuncie la
palabra convenida. La palabra de seguridad
también es una orden para acabar con la
situación. Independientemente de que se
pronuncie la palabra o no, no es conveniente
permanecer atado en posturas forzadas más de
unos cinco minutos, sobretodo si la parte
atada está azul o fría.
Generalmente el
bondage, al igual que otros juegos sexuales,
no produce un efecto erótico por sí mismo,
salvo que la atracción por el compañero
sexual sea buena. Son excepciones los que no
pueden sentir deseo sexual si no realizan
esta práctica, en cuyo caso el acompañante
es lo de menos. Si eres de estos últimos has
de ser muy precavido al elegir tus
acompañantes, es muy peligroso dejarse atar
por un desconocido/a. El bondage como casi
todos los juegos sexuales avanzados precisa
tiempo para que las condiciones del juego se
vayan dando progresivamente, por eso es
necesario un cierto nivel de intimidad y de
complicidad.