Marta no sabía
que ella había sido la responsable de las
peleas que tenía con su marido. El día de
los enamorados tuvieron una discusión
absurda en la que él le dijo que ella era
una amargada.
Marta lloraba de rabia, porque no sabía cómo
devolverle el daño que le había hecho.
Durante años había estado tan enamorada que
se había olvidado de sí misma. Ahora, estaba
decidida a recuperar el tiempo perdido y
quería volver a trabajar fuera de casa.
Pero, a medida que ella se valoraba más,
aumentaban los enfrentamientos con su
marido. Desde que le comunicó la noticia de
que quería incorporarse de nuevo al despacho
de abogados, todo empezó a ir de mal en
peor.
A Marta le dolía mucho la falta de
reconocimiento hacia su profesión. Ella
siempre le había apoyado y creía que él
también, pero parecía que este respaldo sólo
se podía dar mientras lo que ella hiciera
estuviera considerado como algo menor.
Mario compite con ella porque no sabe
quererla como a una igual, tiene miedo de
que, al volver al trabajo, ya no dependa
tanto de él. A Marta, por su parte, le duele
comprender que su marido no la apoya en algo
que es tan importante para ella.