Es más, según el
terapeuta, 'la pareja que coincide en todo
puede terminar con la sensación de quedar
sometido al otro'. Lo mismo ocurre al
contrario: 'La que discrepa en todo se
convierte en distante'. La solución es
'enriquecerse uno con la visión del otro'.
Según Ángeles Sanz Yaque, psicóloga clínica,
profesora de la Universidad Autónoma de
Madrid y especialista en parejas, 'nunca hay
que mantener la esperanza de cambiar lo que
piensa el otro, porque eso sólo provoca
frustración'. Ella aconseja:
Para hablar de lo que
discrepamos hay
que empezar por tratar aquello que
compartimos.
Si estamos en desacuerdo
en algo no hay que quejarse, sino plantear
alternativas con las que estaríamos de
acuerdo.
Hay que evitar la dinámica
de decir a todo 'no me gusta', 'no quiero' y
'esto está mal'.
No debe pensarse:
'Es un imbécil por opinar así'. Él o ella
son así porque han aprendido una serie de
patrones, que se deben a su evolución y a su
educación, y que no pueden evitar.
No hay que aguantarse
y hacer como si nada pasara, porque al final
eso pasa factura.
Hay que ser conscientes
de que para llegar a un acuerdo ambos deben
ceder en beneficio de la pareja.