Si la hostilidad
que se ha desarrollado durante el divorcio
ha sido grande, el hijo va a desarrollar
mayor temor y enfado, su bienestar va a
disminuir.
La adaptación posterior va a ser más
complicada debido a la inseguridad creada,
sobre todo cuando su vulnerabilidad se
acrecienta debido a las continuas riñas por
su custodia y manutención. Si además se ve
obligado a elegir entre uno de los
progenitores, la situación se agrava.