Para responder acabadamente a las consultas
que recibimos en torno a este problema,
ordenamos las consideraciones en torno a
estos puntos.
El primer error que notamos es olvidar la
naturaleza del encuentro. Indudablemente sí
existe un peso sentimental de enorme
gravitación. Se siente mucho y se fantasea
más rodeando los matices de todo cuanto
podría ocurrir. La evocación del encuentro
conjurará fantasmas, ángeles y demonios en
nuestro interior. Aflorarán nuestros más
arrojados escenarios y los más intimidantes
temores.
Pero, en estricto rigor, ese encuentro aún
no se produce. Y nada de lo que temamos o
degustemos por anticipado ha ocurrido aún.
Resiente decirlo, pero las cosas podrían
salir mucho mejor o mucho peor de lo que en
cualquier escenario proyectamos.
El mejor consejo posible para este punto es
repasar internamente todas las
posibilidades. Y, sobre éstas, trabajar los
mejores y peores desarrollos. Esto va mucho
más allá de apartar las fantasías alocadas,
que carecen de cualquier posibilidad seria
de hacerse realidad. Esto significa que a
cara “pero” opondremos una respuesta fiable.
Que a cada “desearía” responderemos con una
posibilidad de que eso no resulte tan ideal.
De esta manera legaremos al feliz momento,
con los pies en la tierra y la cabeza sobre
los hombros. Así será muy difícil que
perdamos el control y, por el contrario,
será mucho más factible que triunfemos en
todo y con todo lo que anhelamos.
El segundo error consiste en transmitir
nuestros sentimientos con propiedad. Nada
más contra producente que congelarnos en un
gélido mutismo o en sobrepasarnos en
demostraciones de afecto.
Por lo general, no damos un paso emocional
sin señales concretas por parte de la otra
persona. Si bien es frecuente que sean los
varones quienes actúen con la iniciativa de
su parte, no es menos cierto que lo harán en
la medida que sienten una invitación de la
contraparte para dar el movimiento de
acercamiento.
Es equívoco, por tanto, suponer tanto que
los primeros minutos serán los que decidirán
la cita como que el ritmo de los
acontecimientos define el resultado final.
Los seres humanos somos esencialmente
racionales. El proceso de conquista es
fundamentalmente intelectual. No basta con
el atractivo físico: es preciso convencer de
que somos deseables. Del mismo modo, la
“ceremonia de cortejo” bien podría tomar
horas hasta que la parte resistente de un
convencido “si quiero”, y el acercamiento
tiene lugar.
Si acaso nos preparamos convenientemente,
como citamos arriba, y despejamos de nuestra
mente las falsas expectativas, este
autocontrol en el manejo de las cercanías y
pasos a dar será una de las claves
fundamentales del éxito.
Otro error de no menor frecuencia radica en
el desprecio que se da a la conversación. Si
la fe, como dicen las Sagradas Escrituras,
viene por el oído, el amor viene por aquí.
Del uso de la palabra nace el amor en quien
deseamos conquistar.
Una conversación pobre, plagada de
desaciertos, petulancia, resentimiento o
lascivia es la verdadera enemiga del inicio
de una relación de pareja. Incluso el propio
aspecto no suele poseer tanta importancia
cuando la conversación se torna interesante
y las señales que emitimos, y a las que
respondemos, apuntan a generar la cercanía
vital que buscamos.
Un error también común suele ser la
desproporción en las respuestas. Como en
cualquier aspecto de la vida, la moderación
y prudencia son las que coronan el éxito.
Evitaremos, entonces, arrojarnos encima sin
una señal nos reveló que causamos simpatía,
así como colgarnos del teléfono los días
siguientes para asegurarnos que gustamos y
que somos deseados para acordar un segundo
encuentro. El control de sí mismo será la
clave.
Finalmente, el principal error siempre será
no estar seguros de desear esa relación. Con
mayor frecuencia que los anteriores errores
se nos presenta, paradójicamente, la
inseguridad o incluso miedo al compromiso.
Hermanados con este error están las sobre o
infravaloraciones sobre nosotros mismos, del
otro o de la vida en común que puede
comenzar.
Y si acaso el cierre de la cita no fuese tan
feliz como nos hubiese gustado, ya fue
valiosa por la sola experiencia adquirida,
por la puesta en práctica de tantas
estrategias y escenificaciones. Sin duda, a
fuerza de ensayo y error alcanzaremos el
control de nosotros mismos que concluirá
cuando encontremos a esa persona especial
que siempre estuvimos buscando.