Ignora su
sumisión a objetos amorosos que funcionan
dentro de sí y que, con frecuencia, se
refieren a sus primeros objetos de amor; no
sabe ser fiel a sí mismo porque su
maduración psicológica es precaria y no
puede sentirse bien en el terreno amoroso.
No ha llegado a comprometerse con el
verdadero amor, en el que la relación
afectiva con el otro implica la confianza
mutua y la estabilidad afectiva.