Las primeras
consecuencias de una ruptura son
generalmente peores de lo que la pareja se
espera cuando toma la decisión. Tanto la
felicidad, como la autoestima, como el
estado financiero se ven profundamente
afectados.
El daño es mayor aún si se llegaron a
compartir diferentes compromisos
(propiedades, amistades y, sobre todo,
hijos) y el nivel de intimidad era muy alto.
Este mayor malestar al esperado se debe a
dos motivos principalmente.