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Buscar una casa o
compartir la propia con tu pareja, comunicárselo
a la familia y a los amigos, organizar el
reparto de las tareas domésticas, sincronizar
horarios.; llegó la hora de irse a vivir juntos.
Éste suele ser un momento ilusionante, pero eso
no quiere decir que esté libre de conflictos.
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Para José Antonio Ríos
González,
psicólogo y terapeuta de familia y de
pareja, y profesor emérito de la Universidad
Complutense de Madrid, 'el inicio de la
convivencia lleva inevitablemente a
plantearse cuestiones aparentemente
insignificantes pero que, a la larga, si no
se dejan claras, pueden acarrear
consecuencias no deseadas'.
Para evitarlas, lo principal,
a su juicio, es asumir que se va a pasar del
sentimiento de independencia que se había
tenido hasta entonces, a otro de
dependencia, que conlleva necesariamente la
formación de la pareja, 'y eso debe
afrontarse con serenidad y sabiendo que no
puede evitarse'.
Ahora bien, eso no significa
tener 'una dependencia infantilizante,
es decir, que nos haga dejar de ser nosotros
mismos, sino una adulta, pues nadie es
totalmente independiente. Y esto, incluso,
puede reforzarnos como individuos', añade
José Antonio Ríos. Además, para evitar
futuros problemas recomienda establecer,
mediante el diálogo y el acuerdo, unas
normas mínimas de convivencia al inicio de
la vida en común.
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