Las personas que
están demasiado apegadas a sus padres, por
ejemplo, suelen rechazar la apertura al
mundo exterior que la amistad ofrece.
Evitan las relaciones íntimas con los demás
o desaniman a aquéllos que se les acercan.
Pueden también utilizar mecanismos curiosos,
como el de introducir a los amigos en la
familia, porque no se pueden separar de
ella. Para tener una vida propia hay que
tener amigos.
El padre, la madre y los hermanos están muy
cerca y no pertenecen al mundo exterior. En
esta época de fiestas, de reuniones
familiares frecuentes, los amigos pueden ser
una liberación: sirven para descargar las
preocupaciones que nos rondan por la cabeza.
Algunas personas organizan unas pequeñas
vacaciones con ellos, cuando las fiestas
recientes ya han colmado un poco el sistema
emocional y uno empieza a sentirse cansado.