Hay profesiones
como la de peluquera o masajista que nos
incitan a que les contemos nuestras cosas
más íntimas, porque la proximidad que tienen
con nuestro cuerpo nos produce la sensación
de estar en sus manos y por eso les
entregamos nuestras preocupaciones.
Contarle a alguien una intimidad no es un
acto intrascendente, ya que se descubren
sentimientos, emociones y flaquezas. El que
sabe atender basa su relación con el otro en
la igualdad y la reciprocidad, no se cree
superior a su interlocutor.
Oír es una actividad innata; sin embargo, a
escuchar se aprende. Encontrar a alguien que
nos preste atención cuando lo necesitamos
puede ser muy saludable pero también hay que
tener cuidado y es conveniente saber a quién
se le hace una confidencia.
Hay personas que escuchan, pero con la
intención de manipular al otro ejerciendo
poder sobre él a través de la información
que tienen.