Sin embargo, no
hay referencias de investigaciones que
demuestren que los miembros de la familia se
comunicaban más entre sí antes de 1950 que
en la actualidad, ni que la vida comunal era
más participativa sin la televisión. Lo que
sí es cierto es que la televisión aparece en
momentos en que comienza a sedimentarse un
intenso proceso urbano, iniciado pocos años
antes, y que implicó cambios drásticos en la
forma de vida, tanto al nivel de la familia
como de la comunidad, y entre los cuales
aparece la forma de comunicarse.
La vida de la
familia, en la mayoría de los países, se ha
visto afectada en su estructura y dinámica
por estos cambios producto de la
urbanización. Los miembros de la familia
urbana tienen menos tiempo para compartir
entre ellos, debido a la concurrencia de
factores extrafamiliares, como son: La
diversidad de horarios de sus miembros, las
distancias desde el hogar a los sitios de
trabajo y estudio, las dificultades de
tránsito, las múltiples ofertas para
satisfacer sus necesidades de recreación,
entre muchos otros. Si a esto se agrega la
restricción del espacio, las dificultades
económicas y, en general, la gran cantidad
de demandas y tensiones a las que tienen que
enfrentarse los habitantes de las grandes
urbes, se encuentran razones más poderosas y
complejas que la presencia de la televisión
para explicar el por qué de la "pérdida" de
la comunicación en la familia moderna.
¿Qué
vamos a ver?
La toma de
decisiones con respecto a la televisión se
expresa a través de lo que Leichter y
colaboradores han llamado "ritual de los
episodios de la televisión". El conocimiento
de este ritual permite comprender cómo se da
esa dinámica en cada familia, ya que algunos
miembros tienden a prender la televisión más
que otros y pueden considerarse como los
iniciadores, en contraste con los no
iniciadores. De esta manera, el miembro de
la familia identificado como el iniciador,
suele ser también el líder en otras áreas.
Con relación a
lo que vamos a ver, pareciera una decisión
fácil, pero en realidad son complicadas
formas de comunicación interpersonal que
comprenden relaciones del estatus
interfamiliar, el contexto temporal, el
número de aparatos disponibles y normas
acordadas. La familia, como cualquier otro
sistema, funciona de acuerdo a ciertas
normas que garantizan su funcionamiento y
sirven para establecer límites. La
exposición a la televisión se hace bajo
ciertas pautas que rigen su funcionamiento y
al mismo tiempo permite que la familia
ejerza control sobre sus miembros.
Es posible
trazar un continuo en relación con las
normas, que va desde la familia
"laissez-faire" a la familia "autoritaria".
El primer tipo se caracteriza por normas muy
flexibles o la ausencia de ellas,
permitiendo que cualquier miembro de la
familia haga uso de la televisión
indiscriminadamente. En el otro polo se
ubican familias con normas que deben ser
respetadas estrictamente.
Familia
y comunicación
La comunicación
en la familia puede enriquecerse o
empobrecerse a través de la exposición de la
televisión, dependiendo del estilo de vida
de la familia y las circunstancias. En
algunos hogares la televisión permanece
prendida tanto tiempo como pasa la familia
en actividad, pero la comunicación de la
familia no parece verse alterada por este
hecho. Por el contrario, en algunas
circunstancias lo que hace es incrementarla,
algunos programas de interés para el grupo
propician la invitación a que otros miembros
de la casa se acerquen y comenten sobre lo
sucedido en episodios o capítulos
anteriores, o sobre lo que esté ocurriendo
en la pantalla en ese momento. Por lo
general, las mujeres y los niños hacen del
ver televisión una oportunidad para
comunicarse, mientras que los hombres son
más silenciosos.
La existencia de
un solo televisor en el hogar, contribuye a
que el ver televisión sea una actividad
compartida, lo cual promueve, además de
oportunidades de conversación, el contacto
físico entre los miembros de la familia.
Cuando una familia decide colocar un
televisor en cada una de las habitaciones de
sus miembros, implícitamente está pautando
el aislamiento entre ellos y cuando uno
cierra la puerta o usa audífonos está
indicando, sin hablar, que no quiere
comunicarse con los demás. En ocasiones, el
ver televisión produce un contacto físico
que no se observa en otros momentos. Pero,
así como la televisión puede generar
comunicación de cualquier tipo entre los
miembros de la familia, puede interrumpirla.
El ver televisión puede ser una excusa para
hablar sobre temas particulares, evitando
comunicaciones más profundas o regulando las
conversaciones en la familia.
Televisión y aprendizaje
Se ha demostrado
que "la gente aprende por la televisión" y
ésta puede afectar diferentes áreas del
televidente: Cognitiva, emocional o
conductual. Los psicólogos Bandura y Walters,
a finales de la década de los setenta,
investigaron los efectos de la exposición a
conductas violentas. Sus resultados expresan
que los niños participantes en sus
experimentos tienden a repetir la conducta
de los modelos, pocos minutos después de
haberla observado. Este hecho se ha
convertido en una poderosa evidencia acerca
de los riesgos de la exposición a
determinados contenidos de la televisión,
particularmente aquellos que responden a
conductas antisociales. Sin embargo, desde
la década de los ochenta, algunos
investigadores se han dedicado a explorar el
potencial de la televisión cuando presenta
actos pro sociales, bajo el supuesto de que
si es posible aprender "lo malo", también es
posible aprender "lo bueno". Autores como
Bryan y Walbek respaldan esta tesis. Ellos
estudiaron la influencia de conductas
cooperativas televisadas en niños de edad
escolar, y encontraron que aquellos que
observaron conductas altruistas imitaron
esas conductas, asimismo Stein y Friederich
han hallado, con respecto al aprendizaje de
conductas no agresivas, que al observar a
los modelos "pacíficos", los niños aprenden
a autocontrolarse.
De manera que
los problemas de la comunicación familiar
suelen ser causados por múltiples factores,
tanto intra como extrafamiliares. En todo
caso, cuando la televisión se convierte en
un recurso frecuente para evitar o
interrumpir la comunicación en la familia,
esto debe interpretarse como un síntoma de
desequilibrio en el sistema familiar como un
todo y no como una conducta aislada. Pero la
televisión también es una oportunidad para
el encuentro familiar, "el ver televisión es
un hábito conveniente cuando se realiza en
grupo".