Cuando en una
relación de pareja, aparece un tercero, esta
circunstancia es resentida severamente por
la persona burlada. Cuando la infidelidad
surge, se convierte en una situación de
mucha pena y tristeza para ambos. La pareja
engañada se pregunta qué sucedió y se
autocuestiona pensado qué fue lo que hizo
mal. La pareja infiel, pese a que se siente
bien con su segundo frente, cuando es
descubierta por su pareja habitual, se
siente confundida, se pregunta si se habrá
equivocado de pareja, cree no estar
enamorado de ella, se siente mal porque sabe
que le está haciendo daño y no sabe como
resolver la situación. Muchas veces espera
que sea la pareja engañada la que tome la
decisión de separarse o divorciarse, para
poder sentirse bien consigo misma.
Cabe entonces preguntarnos: ¿Por qué si
todos saben que la infidelidad daña y
destruye a los miembros de una pareja sigue
siendo tan común?.
• Amor
humano...¿O amor animal?
La respuesta a la pregunta anterior podemos
encontrarla en los trabajos realizados al
respecto por el profesor David Buss de la
Universidad de Michigan y el autor del libro
"El Animal Moral", Robert Wright, en los
cuales se afirma que la infidelidad está
inscrita genéticamente en nuestro código
instintivo. Buss y Wright coinciden al
explicar que la naturaleza dotó a todos los
seres humanos de un gen de la infidelidad
que tiene mucho que ver con la Ley de
Conservación de las Especies. Según esto, el
hombre debería tener el mayor número posible
de relaciones con varias y distintas mujeres
para garantizar el tener un número
considerable de hijos y perpetuar a la raza
humana.
Las mujeres por
su parte, no sólo tendría el instinto de
tener hijos, sino que también deben procurar
tener una mejor descendencia. Procurarán
procrear con "el código genético" del varón
más fuerte, inteligente, valeroso, aplicando
la Ley de Sobrevivencia del más fuerte.
En el mundo
animal, la característica primordial es la
poligamia, lo que nos muestra que la vida
entre los animales es puramente instintiva.
Permanentemente vemos la conducta de los
perros tras la perra cuando está en celo.
Las peleas entre los gatos, en donde el más
fuerte tendrá a la gata... etc.
La psicología
evolutiva ha tomado las normas de
comportamiento sexual del mundo animal y ha
tratado de determinar en qué medida, el
comportamiento instintivo del animal humano
prevalece o influye en su comportamiento
racional y único.
Sin embargo y a
pesar de sus investigaciones Wright
manifestó que no existe ninguna coacción
genética sobre lo que el ser humano no tenga
control. "Los genes, digan lo que digan,
nunca decidirán por nosotros si deseamos o
no ser infieles".
Los animales
carnívoros no deciden comer frutas y los
animales vegetarianos no cazarán ni comerán
carne. El ser humano DECIDE! que clase de
comida comerá de acuerdo a la moda o a sus
gustos aprendidos y culturales. El código
cultural es tan complejo y milenario, que no
dudamos que ya existan cargas genéticas
"culturales". De tal manera que, sin
desmerecer la vida instintiva, tenemos que
entender al hombre como un ser biológico
pero además Psicosocial. El ser humano está
en absolutas condiciones de decidir si
quiere ser o no ser fiel, e inclusive, si
quiere mantenerse casto, sin que esto afecte
su conducta. Así, si algún día su pareja le
dice: "Mi amor tuve que serte infiel por
culpa de mis genes"... No le crea! porque
seguramente la razón será mas racional que
genética.