Negación: se
rehusa el creer que se ha entrado en un
estado terminal y se quiere creer que las
pruebas son erróneas o que la enfermedad
desaparecerá espontáneamente.
Enfado: con el resto de la
gente por su falta de preocupación, por el
exceso de ella o por el simple hecho de que
están vivos y saludables.
Negociación: en esta etapa se
promete a dios o al destino que si la muerte
no acontece se será una persona mejor o se
rezará más.
Depresión: este sentimiento surge cuando el
sujeto se da cuenta de que la negociación no
funciona y el final es inevitable. Se pierde
todo el interés por las cosas, incluido el
tratamiento médico.
Aceptación: se reconoce a la
muerte como la última fase de la vida o la
transición a otra. No hay felicidad; los
sentimientos casi son inexistentes. Esta
etapa no siempre puede llegar a alcanzarse y
a veces el moribundo muere completamente
deprimido o enojado.
Aunque estas etapas suelen ser generales,
hay variaciones dependiendo de la edad del
moribundo. Para los ancianos, la aceptación
es mayor. Los niños se niegan por completo a
ella porque no quieren separarse de las
personas a las que quieren, por ello
necesitan de mucha compañía. Los
adolescentes, sin embargo, valoran mucho en
esos momentos el presente y la calidad de
vida que tengan en el momento.