Un estudio
realizado por la Universidad californiana de
Stanford (Estados Unidos) ha descubierto
que, en las moscas de la fruta, el cerebro
determina la habilidad de seducción.
“Cuando interveníamos en el funcionamiento
de las 60 células que intervienen en el
circuito del cortejo, las moscas se saltaban
los pasos iniciales y pasaban a intentarlo
todo de una vez”, explicó el profesor Bruce
Baker.
“Por lo que una situación que lleva
alrededor de cuatro minutos se reduce a unos
diez segundos y el resultado no es demasiado
bueno”, añadió.
La función celular de la mosca de la fruta
es muy similar a la de los humanos, por lo
que “no sería sorprendente que el hombre
tuviera un circuito básico en el sistema
nervioso que influyera en la atracción y el
emparejamiento”, concluyó Baker.
En los hombres, el proceso de seducción
funcionaría cuando las células no tienen
ninguna imperfección. Pero si alguna de las
sesenta células del circuito del cortejo es
defectuosa, el hombre se convertiría en un
patoso con las mujeres.