Entonces podemos
someternos a que alguien en quien confiamos
nos oriente. Elegir bien a esa persona puede
ser determinante para nosotros.
Una elección
acertada es que ese otro que buscamos como
consejero no intente dominar nuestras
acciones, sino que respete nuestra libertad,
incluso para hallarnos confundidos; una
persona que no intente dirigir y que sepa
escuchar.
Las personas que
se ponen como ejemplo para aconsejar a otros
son narcisistas e inmaduras, y no respetan
la individualidad del otro, que aunque se
encuentre en un conflicto tiene una
identidad propia.
Aquél al que se
le pide un consejo debe amar la libertad
individual, porque, en tal caso, jamás
intentará dominarte aprovechando tu estado
de necesidad.
El que sabe
recibir un buen consejo de la persona
adecuada, ha conseguido cierta destreza para
andar por este mundo.