La fase fálica,
en la que se despliega el complejo de Edipo,
se convierte en el bosquejo de lo que podrá
retomarse como verdadera organización
genital en la adolescencia. Esta fase
culmina en el período de latencia, que
separa así el 'primer empuje', que comienza
entre los dos y los cinco años y se
caracteriza por la naturaleza infantil de
los fines sexuales, y el 'segundo empuje',
que comienza en la pubertad y determina la
forma definitiva que tomará la vida sexual.
El período de latencia o de detención de la
evolución de la sexualidad, sucede al primer
florecimiento sexual infantil. Se
caracteriza por una disminución de la
actividad sexual y la aparición de
aspiraciones morales y estéticas. En él se
desarrolla progresivamente la capacidad de
sublimar. Surge con la declinación del
complejo de Edipo y corresponde a una
intensificación de la represión que provoca
lo que se llama amnesia infantil, que abarca
los primeros años.
El niño deberá recorrer un largo camino para
poder asumir una identidad sexual. La
heterosexualidad es una meta costosa y nunca
asegurada del desarrollo psicosexual, ya que
para Freud masculino y femenino son
adquisiciones tardías, que resultan de un
complicado proceso dentro del psiquismo
marcado por las identificaciones.