Hace
poco durante una cena muy elegante a la que
me invito un amigo no deje de pensar en esta
pequeña frase. Resulta
que mi amigo es un hombre muy exitoso que
llego a USA procedente de un país pobre en
Asia. Su hermano
acompañado de su nueva esposa lo estaban
visitando y mi amigo preparo esta cena para
darles la bienvenida. La
cena se llevo a cabo en un restaurante de un
hotel cinco estrellas, el cual es muy
exclusivo y caro.
Durante la cena el hermano y su esposa no
escondieron su disgusto.
No hubo conversación o broma que los hiciese
sonreír. Por mas que
tratamos tenían cara de aburrimiento,
actitud arrogante y parecía que solo querían
que la cena acabara lo más rápido posible.
Cuando la cena termino mis amigos y yo a sus
espaldas comentábamos porque la aptitud tan
antisocial. Seria que
estaban cansados, no les gustaría comer
fuera de casa, eran unos arrogantes, no
apreciaban que su hermano se estaba gastando
tanto para agradarles en fin muchas
conjeturas. A mí me
pareció que sencillamente la cena no era de
su agrado y que no apreciaban las mismas
cosas que nosotros en USA, lo cual en este
caso no es malo ni bueno solo una
diferencia.
Personalmente me sentí muy frustrada, la
situación en la mesa fue incomoda.
La frase de arriba me venia a la
mente. El valor de las
perlas como el valor de todo lo demás es
relativo. Cada persona
refleja sus propios valores personales en el
valor que otorga a otras cosas o
situaciones.
Cuando juzgamos a las personas o les
reprendemos a veces queremos imponer
nuestros propios valores.
Es importante recordar que por mucho
que queramos que otros miren la vida con el
mismo cristal que nosotros la vemos esto es
imposible. Aun cuando
estamos en lo correcto, cuando sabemos que
podemos ayudar a alguien, que podemos
evitarle que cometa errores o que sufra es
imposible imponer nuestros valores y
creencias.
Para algunas personas el estudiar es muy
importante y desean que sus hijos estudien
como ellos.
Personalmente creo que esto es muy bueno,
pero podrían haber personas que piensen
diferente y aunque yo les tire mis perlas
(mis valores) no las apreciaran, porque esa
no es su experiencia en la vida.
No habrá argumento ni prueba que los
convenzan de lo contrario.
Lo que para mí es agrado para otros
será desagrado.
No todos tenemos la misma capacidad para
entender y analizar. No
todos tenemos el mismo crecimiento
espiritual o valores éticos.
Aun cuando sabemos que estamos en lo
correcto muchas veces es mejor callar porque
nuestro interlocutor no tiene la capacidad
para apreciarlo. Como
los cerdos no aprecian las perlas, muchas
personas no aprecian algo que nosotros
consideramos valioso, en estos casos los
argumentos, los juicios y las peleas no
solucionaran nada. Es
mejor guardar nuestra energía para algo más
provechoso.