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La Medicina, hasta
el final de la primera Guerra Mundial, no
comenzó a reconocer la fiebre como un proceso
constructivo y útil. Actualmente en amplios
sectores médicos se admite a la fiebre como
nuestra amiga, como algo que nos hace bien y que
no hay que combatir. Se dice que la fiebre evita
el crecimiento y multiplicación de los
microbios, por lo que cortar una fiebre favorece
la infección. Y como se han visto casos de
reabsorción de tumores con motivo de una fiebre,
hay médicos que pretenden curar el cáncer
produciéndola artificialmente.
Por otro lado, están empezando a darse cuenta de
los efectos dañinos que producen la aspirina y
demás antitérmicos, que van desde lesiones
irreversibles del sistema nervioso, hasta la
muerte. |
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¿QUE
DIABLOS ES LA FIEBRE?
Somos animales de sangre caliente, ya que
para que los procesos vitales se desarrollen
en nuestro cuerpo necesitamos mantener unos
ciertos grados de temperatura que pueden
oscilar entre los 35,8 grados por la
mañanita (al final del reposo nocturno)
hasta los 37,3 grados al atardecer, después
de toda una jornada de actividad. El calor
es la consecuencia de una actividad. Con la
muerte, los procesos vitales se paran y con
ellos el calor desaparece. Cuando se hace un
gran esfuerzo muscular, la temperatura
aumenta en consecuencia y se suda para
acelerar la pérdida de calor.
Y cuando el cuerpo está excesivamente
intoxicado, y si tiene fuerzas suficientes,
provocará una aceleración de los procesos de
limpieza, para evitar que la basura dañe a
los tejidos. Todas las células acelerarán su
proceso de desintoxicación y como
consecuencia de este esfuerzo aumentará la
temperatura corporal.
La fiebre es una fuerte reacción de defensa
frente a un medio interno excesivamente
contaminado.
PERO...¿A VECES NO PUEDE HACER DAÑO?
Pero... ¿si se prolonga la fiebre por mucho
tiempo? ¿No debilitará al enfermo? Y si pasa
más allá de los 40 grados ¿no puede producir
lesiones cerebrales irreversibles e incluso
la muerte? Es aquí, empujada por estos
miedos, que la Medicina afirma que la fiebre
se convierte de ser amiga en una mortal
enemiga que hay que controlar.
¿Cómo puede ser que el instinto de
conservación, habiendo desencadenado una
acción por nuestro bien, pudiera querer de
repente nuestro mal? ¿Acaso nuestro cuerpo
es tonto y los médicos saben más que él? ¿O
bien son los médicos los que se pasan de
listos? La fiebre no es un proceso ciego y
descontrolado. La fiebre es la consecuencia
de un proceso que ha desencadenado
inteligentemente nuestro organismo con un
fin benéfico.
El autor de la fiebre es el mismo que nos
construyó en el vientre materno a partir de
un óvulo fecundado, el que dirigió nuestro
crecimiento, el que hace latir rítmicamente
nuestro corazón, el que llena nuestros
pulmones aún cuando dormimos, el que llega a
cabo este proceso tan complicado que es la
digestión... En fin, que de tonto no tiene
un pelo. ¿Será posible que este gran sabio
sea capaz de producir una fiebre tan fuerte
como para hacernos daño? La fiebre será tan
fuerte como el cuerpo lo necesite y le sea
posible. Si urge evacuar rápidamente venenos
que le pueden lesionar gravemente, hará el
mayor esfuerzo posible, lo que se reflejará
en un aumento de temperatura. Y si se agota
en el esfuerzo, cesará para recuperar
energías, para volver al ataque en cuanto
pueda, lo que explicará fiebres
intermitentes. Si una persona alcanza los 42
grados será porque su organismo lo está
necesitando, dispone de fuerzas para hacerlo
y puede soportarlo. Los niños, los fuertes y
sanos serán capaces de esforzarse y por
tanto producir fiebres altas, que por lo
general serán de corta duración, al terminar
antes su trabajo de limpieza. Los viejos,
los enfermos crónicos, los cancerosos,
...tendrán débiles fiebres y de larga
duración. La fiebre es una demostración de
la capacidad defensiva del organismo.
EL MIEDO A LA FIEBRE
He aquí el resumen de los resultados de una
investigación llevada a cabo durante cinco
años en el "Massachussets General Hospital"
sobre 28 enfermos que presentaron fiebres
entre 41,1 y 42,2 grados (aparecido en
Tiempos Médicos, julio 83). Las enfermedades
que padecían eran infecciones (sanguíneas -
batemía - neumonías, pielonefritis, absceso
intraabdominal e intratorácico, encefalitis
y paludismo) quemaduras extensas,
hemorragias intracraneales masivas e
insolaciones.
Veamos el miedo a las lesiones cerebrales:
sólo 9 personas presentaron síntomas
nerviosos. Nadie presentó convulsiones.
Cuatro casos estaban en coma antes de
aparecer la fiebre (tres hemorragias
intracraneales y una encefalitis viral).
Durante la fiebre, cuatro presentaron
ausencia total de respuesta y otro de
delirios. Dos acabaron muriendo (tenían
hemorragia intracraneal) y tres quedaron con
lesiones cerebrales irreversibles. No
aclaran si estas lesiones cerebrales son
debidas a la fiebre, aunque más adelante
afirman: "Se ha corregido ya la creencia,
muy popular, de que estas fiebres altas
ocasionan alteraciones cerebrales
irreversibles, al menos si son tratadas con
rapidez y eficacia. Los niños pequeños
pueden sufrir episodios compulsivos, pero
incluso si ello ocurre, pueden recuperarse
sin lesiones neurológicas residuales".
¿Puede matar la fiebre? De los 8 que
murieron reconocen que la causa de la muerte
no fue la fiebre, sino la enfermedad que
padecían (2 por hemorragia intracraneal
masiva, 2 por quemadura extensa con
infección sanguínea). Sólo en dos casos se
podría afirmar, según el estudio, que la
fiebre les causó la muerte, ya que
fallecieron en un momento febril: uno de
ellos debido a una infección sanguínea con
hepatitis fulminante después de un
transplante renal; y otro debido a una
insolación complicada. Más adelante señala
que "el enfermo que falleció por insolación
fue tratado en exceso con hielo y "aceminoten"
(un antitérmico del estilo de la aspirina)
hasta volverse hipertérmico" (vamos, que se
les fue la mano con la botica).
Ante el hecho de que un enfermo muera con
fiebre ¿se puede afirmar con cierto rigor
científico que es la fiebre la que lo mató?
La fiebre es una reacción defensiva
inteligente y controlada por el instinto de
supervivencia. El médico no sabe respetarla
y hace todo tipo de tratamientos agresivos.
Si el enfermo febril muere se afirma: "murió
por culpa de la fiebre a pesar de los
esfuerzos del médico". ¿No es esto una
interpretación un tanto a favor del
prestigio médico y contra el cuerpo? Por qué
no decir todo lo contrario: "murió a pesar
del esfuerzo febril del organismo contra el
resultado de las agresiones que le hicieron
enfermar (en este caso insolación o
transplante), entorpecido a la vez por las
manipulaciones violentas médicas". Fíjate,
qué tipo de "caricias" terapeúticas
aplicaron a estos pobres enfermos febriles:
introducción de líquidos en la vena,
enfriamiento superficial por mantas
hipotermizantes, hielo o agua helada, lavado
gástrico con líquidos helados, líquido
helado en vena y venenos medicamentosos
diversos (antitérmicos, tranquilizantes,
antiinflamatorios...). Algunos de estos
tratamientos harían enfermar al más sano.
CUANDO EL CUERPO TE REGALE UNA FIEBRE
Dos cosas hay que evitar si quieres que una
fiebre no se te complique:
1. Intentar cortarla con medicamentos
o baños fríos. El cuerpo lucha
desesperadamente y la fiebre es su
consecuencia. Combatirlo contaminando la
sangre y tejidos con medicamentos (bien
sintéticos, bien plantas) es entorpecer su
labor. Bajar la temperatura bruscamente con
baños fríos o friegas de alcohol, es
debilitar y complicar la enfermedad. Basta
con que la temperatura de la habitación sea
de 18-20 grados, para que el calor producido
dentro del cuerpo se difunda en el ambiente,
si es que no se le tiene muy abrigado. El
poner paños frescos en frente y nuca y
mantener los pies calientes con calcetines o
bolsa de agua caliente, hace que el calor se
vaya por la parte baja del cuerpo, evitando
las pesadillas y favoreciendo el descanso y
el sueño. Limpiar de vez en cuando la piel
con una toalla humedecida en agua templada
(nunca fría), también favorece que el calor
se vaya del cuerpo paulatinamente.
2. Evitar el comer con fiebre.
Durante la fiebre, el cuerpo concentra las
fuerzas en el proceso de limpieza, dejando
sin fuerza otras funciones no tan urgentes,
entre otras la digestión (prefiere
alimentarse de las reservas, que le es menos
laborioso), al igual que la evacuación de
los restos alimenticios (durante el esfuerzo
febril es normal no cagar a no ser que haya
una fuente de intoxicación intestinal). El
meter la comida en este estado provocará un
corte de digestión por no haber capacidad de
digerir, siendo esto una nueva fuente de
debilitamiento e intoxicación. El cuerpo
pretenderá evacuar la comida podrida por el
vómito o la diarrea. Mienta haya fiebre,
basta beber agua pura para aliviar la sed, y
si el enfermo tiene miedo a morirse de
hambre, engañarle con algún jugo de fruta
diluido (mejor de zanahoria si hay diarrea)
o algún caldo de verduras sabroso.
Y no queda más que respetar la voluntad del
cuerpo y evitar darle el mínimo de trabajo,
para que lleve a cabo la labor de emergencia
que está llevando, brindándole el reposo
absoluto (encamarse, oscuridad y penumbra,
habitación aireada y cálida, silencio,
evitar el contacto con fibra sintética,
tranquilizar al enfermo recordándole lo
beneficioso de la fiebre,...). Hay que saber
esperar de brazos cruzados a que el cuerpo
termine, para volver poco a poco a la
alimentación (un poco de fruta, yogourt,
puré de verduras,...) y a la actividad.
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