Las mujeres
tienen un primer y un último día de
menstruación. Ninguno de ellos pasa
inadvertido, ya que marcan el principio y el
final de una etapa, la reproductiva. Y ahí
se detiene la sexualidad femenina, y se
supone que tras el período reproductivo la
sexualidad pierde su justificación y
finalidad primordial.
Pero esta
afirmación no es certera del todo, ya que el
climaterio es una etapa de la vida de la
mujer, donde la madurez, la experiencia y la
creatividad llegan a su máxima expresión. El
hecho de que se transforme en edad crítica
depende de su historia personal y del valor
cultural que se dé a la maternidad, la
sexualidad, la vejez y la muerte.
Los jóvenes
tienen una sexualidad variada y activa y la
liberalización de las costumbres sexuales se
extiende, no sólo a la cantidad de
relaciones, a la variedad de parejas, sino
también a la apertura cada vez mayor a las
relaciones interraciales o a las personas
con edades muy diferentes. Y lo que más
llama la atención es la libertad que tienen
las mujeres para todas las expresiones
sexuales.
Aunque toda esta
libertad sexual tiene también su otra cara
de la moneda, en cuanto a la discriminación
de la edad, sobre todo por lo que se refiere
a las mujeres. Y las mayores de 50 años son
las mujeres que peor paradas salen del juego
del sexo. Pero esto no es casual. Existen
una serie de mitos que refuerzan esta
creencia, de que la mujer a los 50 años es
vieja, achacosa y asexuada.
Cuentos de brujas
Para ver cuál es el lugar que ocupan las
mujeres de edad más avanzada vale la pena
revisar los cuentos de hadas más comunes, ya
que son los que han influido sobre la mayor
parte de nuestra población, por el peso que
tienen los cuentos contados en la temprana
infancia.
Por poner un
ejemplo, la abuela de Caperucita Roja estaba
achacosa, postrada en la cama y con la única
ilusión de que llegase su nieta con unos
dulces que le había preparado su madre. La
madrastra de Cenicienta, que aparece sola,
sin esposo, luchando con los sentimientos
ambivalentes, frente a la sexualidad de sus
hijas. O la bruja de Hansel y Gretel, con
suficiente vitalidad, pero al estar aislada,
esta vitalidad se transforma en maldad.
Sin considerar
los cuentos, en "El país de las sombras
largas", se describe una solución para esas
mujeres, que permitiría evitar esta etapa,
en los casos excepcionales que no murieran
antes, que es su abandono en el hielo, en la
noche, para morir congeladas.
Este corto
repaso de los cuentos más comunes nos da una
imagen de la preconcepción mítica en nuestra
cultura sobre las mujeres climatéricas. Los
mitos contienen en forma implícita las
identificaciones más habituales de una
cultura dada.
Parece ser que
una vez terminada la etapa en que la mujer
puede procrear, los únicos caminos que le
quedan son la soledad, la enfermedad y la
espera de la muerte. No hay lugar en este
modelo para la sexualidad ni para cualquier
actividad que implique pasión o placer.
Del
mito a la realidad
Pero en nuestra sociedad, estos modelos
están considerados racionalmente como
caducos, desde lo emocional y desde el
lenguaje popular y cotidiano se sigue
respondiendo a los viejos mitos. Esta
situación también alcanza a los
profesionales, quienes no preguntan sobre la
sexualidad de las consultantes ni permiten
que surjan preguntas.
Pero los datos
difieren de los comentarios, y de los
cuentos de niños, ya que el 60% de las
mujeres entre 52 y 65 años tienen una vida
sexual activa. Este porcentaje aumentaría de
no mediar mitos y prejuicios, abriéndose al
mismo tiempo espacios para el asesoramiento
y prevención de la pareja que atraviesa esta
etapa de la vida.
Aunque también
es realidad que exista la soledad para el
25% de mujeres de más de 50 años, además de
las dificultades y las angustias de las
prejubiladas, y la desocupación para sus
maridos o para ellas mismas.
Si bien la
sexualidad a esta edad es una situación
posible y gozosa para una mujer, tiene
también las complicaciones dadas por la
dificultad de encontrar pareja cuando no se
la tiene en ese momento. Juega también en
ese sentido el entorno social en que nos
manejamos, nuestras propias ideas y
prejuicios. Quizá uno de los elementos a
tener en cuenta en la menopausia es que
muchas veces los cambios físicos y psíquicos
que produce son mal comprendidos y
mistificados.
Todos sabemos
que lo desconocido produce ansiedad, no es
raro que algunas mujeres sientan que lo peor
de la menopausia es que no saben qué esperar
ni a quién recurrir en busca de ayuda.