Los primeros
signos de embarazo pueden ser:
· Fatiga: Los cambios que tu cuerpo
está produciendo necesitan mucha energía y
no te permiten realizar algunas actividades
extenuantes, o simplemente resistir el sueño
después de cenar.
· Náuseas y vómitos: Lo habitual es
que por la mañana no sólo te cueste más
levantarte, sino que te marees y no llegues
al baño para vomitar. Incluso un vaso de
agua puede causar arcadas. Acostumbra a
ocurrir al levantarte, pero puede durar todo
el día. Se sospecha que forma parte de un
sistema de protección del cuerpo de la mujer
durante la etapa más delicada de la
formación del bebé.
· Manchas de sangre: En ocasiones,
durante los primeros meses, se continúa con
la menstruación aproximadamente en las
mismas fechas en las que se tendría el
periodo, causando cierta confusión.
· Refinamiento del olfato: Otro de
los mecanismos de protección del embarazo es
el rechazo a ciertos olores como el tabaco,
el café o la contaminación.
· Picotear: Los antojos no son más
que necesidades que tiene el cuerpo de un
cierto nutriente que se traducen en cambios
en la alimentación. Además, a menudo el
malestar general hace que se tome mayor
número de comidas con menor cantidad de
alimentos.
· Cambios en los pechos: La areola
empieza a oscurecerse, los pechos crecen y
los pezones sobresalen más. Es uno de los
primeros síntomas que nota la mujer y que la
hacen sospechar de su nuevo estado.
· Malestar en la zona de la pelvis:
Puede ser que la parte baja del abdomen y de
la pelvis se noten distintas, y hasta con un
cierto malestar, pero si detectas un dolor
agudo, debes acudir al médico.
· Frecuentes ganas de orinar: A causa
del cambio hormonal, puede ser que se
miccione más a menudo.
El estado anímico también puede variar, en
parte debido a la acción de las hormonas y
en parte por la responsabilidad o la
satisfacción de crear una nueva vida.
Te puedes sentir:
· feliz, especialmente si ha sido un
embarazo buscado
· incrédula, porque en muchos casos no se
nota nada, y hasta el análisis de sangre o
incluso la primera ecografía no estás
convencida del todo
· ambivalente, ya que la responsabilidad de
formar y luego criar a un bebé puede ser
maravillosa pero también muy dura, sobre
todo si el tipo de vida llevado hasta
entonces no es muy compatible con un bebé
· inestable, las hormonas hacen que la vida
de embarazada sea como una montaña rusa; un
día todo es estupendo y al siguiente la
depresión es completa, y más con las náuseas
matutinas (que, por suerte, se acaban hacia
el cuarto mes)
· llena de dudas, la vida va a cambiar por
completo; incluso si es el segundo hijo,
nada volverá a ser igual y a veces la falta
de confianza en una misma en hacerlo lo
mejor posible hace que nos asalten muchas
preguntas. Al final, se avanza paso a paso y
la confianza en una misma se incrementa
· nerviosa, es muy normal temer a lo
desconocido: las historias de partos y de
largas noches sin dormir, de problemas con
la lactancia... Al final todo el mundo sale
de apuros con información y ayuda, y si te
sientes demasiado nerviosa, coméntalo con tu
médico.
En el momento en que el nuevo estado ha sido
confirmado debes plantearte una serie de
cosas para empezar a cambiar tu vida. Las
noches de juerga hasta las tantas se han
acabado durante una temporada. Míralo como
algo positivo, pues estás realizando una
tarea sumamente importante y mágica. Tómate
las cosas con calma y empieza a cuidarte,
pues es la mejor manera de cuidar a tu bebé
por nacer. La cooperación con la pareja es
fundamental. Ahora comienzan nueve meses
donde tu pareja deberá hacerse cargo de
algunas tareas de la casa con las que tú no
podrás, primero por tu estado, y luego
porque el cuidado del bebé no te dejará
tiempo. Poco a poco, si antes tu pareja te
ayudaba, ahora ambos vais a formar un equipo
en el que los dos colaboraréis. Así, cuando
nazca el bebé, él podrá encargarse de las
tareas domésticas, mientras tú descansas y
cuidas del recién nacido.
De la misma manera que el bebé está
cambiando en tu interior, las cosas en el
exterior también deben ir adaptándose a la
nueva situación por venir. Duerme todo lo
que puedas; a medida que la fatiga se
apodere de ti, el sueño te vencerá. Escucha
a tu cuerpo y todos los mensajes que te
manda: los cambios en tu barriga, las
piernas hinchadas, el corazón que poco a
poco tendrá una mayor carga pues en el
embarazo se genera alrededor de 1,5 litros
de sangre más, los pechos que crecen, etc.
Estos signos son exclusivos del embarazo y
sólo los tendrás cuando estés gestando, o
sea que disfruta de ellos.
Durante el primer mes los cambios exteriores
son mínimos, pero lo que sucede en el
interior es de suma importancia.
La fecha del parto
La fecha posible del parto se calcula
añadiendo treinta y ocho semanas a la fecha
de concepción o cuarenta a la fecha de la
última menstruación. Como es bastante
difícil saber cuando se concebió al bebé, la
mayoría de médicos toman como referencia
esta última fecha. Para no tener que ir
contando cada vez en qué semana de embarazo
estás, puedes anotar en un calendario el
número de semanas hasta la semana 40, y así
te evitarás contarlo cuando necesites
saberlo. En los casos de embarazo múltiple,
éste acostumbra a durar menos, porque no
caben los bebés dentro de su mamá. En los
demás casos, tanto puede adelantarse como
retrasarse, pero no se recomienda un retraso
superior a las dos semanas.
¿Cómo y cuando decirlo?
Una vez que estés segura de tu nueva
situación, será muy difícil permanecer
callada. Si no habéis abierto el sobre del
análisis de sangre o hecho la prueba juntos,
puedes preparar una cena o un fin de semana
romántico; seguro que no lo olvidaréis, y
más si es el primer hijo. Recuerda tus
propios sentimientos cuando lo supiste y
piensa que tal vez no se lo espere. Puede
que las dudas y temores le asalten de
repente, dale tiempo. Decidid conjuntamente
cuándo decirlo a los demás y a quién. Hay
personas que no pueden reprimirse y empiezan
a llamar a todos sus conocidos, hasta a la
prima en Alemania a la que nunca llama.
Otras esperan por si hay algún problema y
ahorrarse el disgusto de volver a llamar
para decir que no fue bien. La mayoría lo
cuenta a las personas más íntimas y espera a
hacerlo público hacia el tercer mes. Si ya
hay otros hermanos en la familia, es
preferible dependiendo de la edad esperar a
que el embarazo sea ya bastante visible,
pues los pequeñines no tienen mucha noción
del tiempo, o bien ser de los primeros en
saberlos pues les da un papel muy importante
como portadores de la noticia.
La elección del equipo médico
Parece demasiado pronto para decidir qué
tipo de parto quieres tener, pero aunque
siempre puedes cambiar de médico, el tipo de
ginecólogo que elijas determinará si el
parto será más o menos intervencionista, e
incluso hasta qué punto tu opinión será
escuchada en el momento crucial. Todos te
proporcionarán un embarazo y bebé
saludables, pero el camino para llegar a
este destino puede ser muy diferente. Aquí
te damos algunas ideas de cómo elegir a tu
médico. Puedes entrevistarte con varios
antes de decidirte o ya visitar a uno y a
medida que sigue tu embarazo considerar si
es el tipo de médico que quieres.
Consejos
Todos los consejos que te dimos en la
preparación al embarazo (dejar de fumar,
ejercicio, etc) se aplican incluso con más
importancia una vez el bebé está ya
creciendo en tu barriga. Recuerda que las
primeras 14 semanas son vitales para el
desarrollo de tu bebé. Últimamente,
investigaciones han revelado cómo y cuando
la dieta, la salud, el estado emocional y la
exposición a agentes ambientales afectan la
formación del feto. Según una teoría, la
fatiga y las náuseas que muchas mujeres
sufren durante el principio del embarazo,
constituyen una manera de proteger al
embrión. Cuando éste está en la fase más
vulnerable, la madre tiende a disminuir su
actividad física y a mantener una dieta
sencilla. Al parecer la causante de esta
situación es la hormona Hgc que empieza a
detectarse sobre la primera semana tras la
concepción y tiene su valor máximo hacia la
décima semana, para luego disminuir
rápidamente. A pesar de lo engorroso que es
para muchas madres el malestar al principio
de la gestación, éste es un indicativo de
que la placenta se desarrolla muy bien y que
hay menor riesgo de aborto.