Pero, ¿por qué
el aeróbic es durante el embarazo más
recomendable que cualquier otro deporte? Las
explicaciones son múltiples. Algunas mujeres
experimentan cambios en sus articulaciones
cuando están embarazadas, pues segregan una
hormona denominada relaxina, que suaviza los
ligamentos con el fin de que las
articulaciones cedan en el momento del
parto. Esta relajación, en algunas mujeres,
se produce tempranamente durante el embarazo
y puede alterar la articulación de la cadera
y el pubis, así como causar dificultades
para caminar y ponerse de pie. Por eso, si
las articulaciones de la mujer son
inestables, ella no debe correr, jugar al
tenis o mantener caminatas largas.
En cuanto al
feto, la pregunta es: ¿puede estar en
peligro la provisión de sangre y oxígeno
cuando se practican ejercicios de forma
extremadamente fuerte? En teoría es posible.
La sangre se desvía hacia los músculos en
ejercicio y hacia la piel, para refrescar el
cuerpo durante la práctica. Esto podría
restar sangre y oxígeno al feto, pero
aparentemente no ocurre así. Existe un
mecanismo que permite que el feto extraiga
oxígeno de la placenta con suma facilidad.
Las respuestas
fisiológicas al ejercicio durante el
embarazo son variadas. La principal
respuesta hemodinámica (de los movimientos
de la sangre) es la redistribución del flujo
sanguíneo hacia los músculos que realizan
trabajo y que potencialmente están lejos del
útero y del feto. Las mujeres embarazadas
son menos eficientes que las no embarazadas
para realizar actividades físicas. Esto se
debe a que su reserva cardiaca es menor
debido al aumento en el volumen sanguíneo
(30% o más), al incremento en el gasto
cardiaco y al mayor ritmo cardiaco en
reposo. Por eso, las prescripciones de
ejercicio apuntan a ciertos ritmos menores a
medida que el embarazo progresa, siendo
ideal el aeróbic en estos casos.
Por otra parte,
durante el embarazo, la hiperventilación
aumenta ante el ejercicio leve, pero no se
incrementa proporcionalmente con ejercicio
moderado o severo. Con el ejercicio hay un
aumento en la producción de bióxido de
carbono y de ácido láctico, así como una
mayor acidosis (aumento de la acidez y
disminución de la reserva alcalina de la
sangre). Mientras se realizan actividades
leves, como el aeróbic, se presentan los
aumentos esperados de consumo de oxígeno.
Sin embargo, durante el ejercicio de gran
intensidad, el aumento en el consumo de
oxígeno es menor al esperado, lo que sugiere
que la mujer embarazada es incapaz de
mantener altos niveles de actividad
aeróbica.
Conviene no
olvidar que las necesidades energéticas del
embarazo son de aproximadamente 300
kilocalorías adicionales diarias, y que la
mujer físicamente activa necesita aún más.
Por ningún motivo se debe promover la
práctica del aeróbic para inducir una
pérdida de peso durante esta etapa. La mujer
embarazada consume hidratos de carbono con
una mayor velocidad durante el ejercicio, y
como resultado, puede provocarse
hipoglucemia cuando ese ejercicio es
prolongado e intenso.
El feto y el
ejercicio
Existe una
correlación cercana entre el nivel de
actividad del sistema nervioso simpático en
la madre y la magnitud de la respuesta
fetal. El ritmo cardiaco fetal casi siempre
aumenta después del ejercicio materno,
aunque a veces disminuye ocasionalmente.
El aumento leve
en la actividad uterina es también común
después del ejercicio. La actividad
prolongada puede inducir un incremento en la
temperatura central o interna,
deshidratación y una elevación en las
concentraciones de norepinefrina (hormona
que actúa como neurotransmisor y es
secretada principalmente como respuesta a la
hipotensión). La hipertemia puede tener
efectos teratogénicos (que producen
deformaciones en el feto) durante la
embriogénesis (el desarrollo del embrión, o
sea del futuro feto) y ser un factor que
precipite prematuramente un trabajo de
parto.
Para evitarlo,
las mujeres embarazadas deben vigilar que su
ritmo cardiaco no exceda los 140 latidos por
minuto; sus actividades fuertes no deben
durar más de 15 minutos; no deben realizar
ningún ejercicio en posición supina
(acostada) después de haber completado el
cuarto mes de gestación; tienen que evitar
los ejercicios que emplean la maniobra de
Valsalva (retención de la respiración); la
ingestión energética debe ser adecuada para
cubrir, además del costo adicional por
embarazo, aquel del ejercicio realizado; y
para finalizar, es conveniente que mantengan
la temperatura corporal (medida en el recto)
por debajo de los 39º C.
Tampoco hay que
pasar por alto que existen algunas
contraindicaciones para la actividad física
durante el embarazo: sangrado vaginal,
placenta previa, anemia (por la disminución
de la capacidad ventilatoria a causa de un
transporte de oxígeno deficiente),
enfermedad cardiaca o tiroidea,
hipertensión, presentación fetal inadecuada
durante el último trimestre, y obesidad o
sobrepeso excesivo.