El principal
síntoma es el cansancio, porque cualquier
esfuerzo, por pequeño que parezca, te hará
sentir débil y necesitarás unos momentos
antes de reincorporarte a tus faenas
habituales.
Durante las primeras semanas de gestación,
el cuerpo comienza a aumentar el torrente
sanguíneo para llevar nutrientes al feto. El
corazón multiplica sus movimientos de bombeo
y el pulso aumenta entre 10 y 15 latidos por
minuto. La mujer al sospechar su embarazo
debe suspender todo tipo de tratamiento
farmacológico y consultar a su médico.
Despreocúpate por cuestiones insignificantes
como el caos del tráfico y los problemas de
la moda. Lo básico es que te sientas feliz,
te alimentes bien y evites las secuelas
negativas del cigarrillo y el alcohol. Para
aminorar los efectos del agotamiento y
mantener tu rendimiento en el trabajo,
diseña junto a tu médico un programa
alimenticio rico en carbohidratos,
proteínas, vitaminas y minerales. Intenta
cumplir ese régimen para que no engordes más
de lo indicado, haz una pausa en tu estilo
de vida y toma las cosas con calma.
Qué hacer si te mareas
Es conveniente que descubras algunos métodos
para relajarte cuando tienes vahídos. Lo
fundamental es respirar correctamente. Toma
el aire por la nariz y bótalo suavemente por
la boca. Si es posible, toma una siesta a
media tarde y en la oficina, aparta unos
instantes para sentarte cómodamente en un
sillón con las piernas más elevadas. Cambia
de postura lentamente, la incorporación
repentina ocasiona una falta momentánea de
sangre en el cerebro provocando mareos.
Un descenso de azúcar en la sangre, el
sofoco por el calor o una bajada de tensión
son algunas causas de los mareos repentinos.
Siéntate, abre las piernas y agacha la
cabeza entre las rodillas, deja los brazos
relajados y permite que una persona te
vigile para que no caigas. Si no puedes
sentarte o acostarte, ponte de cuclillas
agarrándote de la pata de una mesa,
introduce los brazos y la cabeza entre las
rodillas.
Estrés y ansiedad
Los cambios físicos y hormonales, la
sorpresa de este nuevo rol en tu vida y la
responsabilidad por tu salud la tu hijo,
pueden angustiarte sólo si tu lo permites.
Todo pensamiento, genera un sentimiento y
una actitud. Pasarás de la felicidad extrema
al llanto con mucha facilidad, eso es
normal. Estas reacciones conocidas en
psicología como “crisis del embarazo”, son
comunes en el primer trimestre del embarazo
y suelen desaparecer a medida que avanza la
gestación.
Diversos estudios han comprobado que los
recién nacidos cuyas madres sufrieron
conflictos afectivos durante la espera,
suelen presentar trastornos de sueño desde
el nacimiento, son irritables y lloran con
más frecuencia que otros bebés. Por otra
parte, el estrés puede interferir en el
crecimiento del feto y aumentar el riesgo de
un parto prematuro.
Analiza las causas que te producen ansiedad
e intenta corregirlas. En ocasiones, el
motivo está en la relación de pareja, que se
puede tornar más delicada al principio,
durante el período de adaptación a la nueva
situación.
Una forma de disminuir tu estrés es hablando
abiertamente con tu pareja y escribiendo
cómo te sientes en un diario, de esa forma
espantarás tus temores. Escucha música suave
diariamente y proponte caminar un par de
horas por un parque tranquilo y oxigenado